Bajo una fuerte de presión de Monsanto, los países miembros de la debilitada Unión Europea decidieron renovar el permiso de utilización de Glifosato por un plazo de 18 meses, es decir, hasta diciembre de 2017. Para las organizaciones ecologistas se trata de un enorme retroceso. Greenpece exige un plan de salida urgente para que este herbicida cancerígeno no pueda usarse más en el territorio europeo.

Vitenis Andriukaitis, Comisario Europeo de Salud, declaró: “Sabemos muy bien que tenemos de plazo hasta el 30 de junio y adoptaremos una extensión del permiso para el glifosato por 18 meses más”, esta renovación ha sido objeto durante todo el año de intesos debates. Países como Francia, Bélgica y Holanda están totalmente en contra de que sus productores usen el pesticida, sin embargo Alemania y España son abiertos defensores del Roundup, la marca más consumida de pesticida que contiene glifosato y que es fabricado por Monsanto. 

La Unión Europea esperará hasta diciembre de 2017, para tomar la desición de permitir abiertamente su uso o prohibirlo. La Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) será la encargada de realizar un nuevo análisis para determinar si este pesticida provoca daños a la salud del hombre y al medio ambiente. 

Este trámite burocrático es rechzado por todo el arco ecologista, ya que está comprobada la toxicidad del glifosato, no sólo es inmenso e irreversible el daño que ocasiona en el medio ambiente, sino que es letal para el ser humano. Las poblaciones que tienen un contacto directo con el pesticida tienen más casos de cáncer y malformaciones que aquellas regiones en donde se elije una agricultura ecológica y responsable con la naturaleza.

La enorme presión que ejercen las multinacionales sobre el Comité de la Unión Europea es notable, en tiempos en donde la Comunidad se halla debilitada por el Brexit, esta renovación del permiso de uso del glifosato parece haber sido pensado como un movimiento dentro de un juego de ajedrez en el que muy pocos salen ganando. 

En Marzo de 2015 Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó al Glifosato dentro de los agentes químicos que provocan cáncer. Sin embargo, este año un informe proveniente de Estados Unidos, hecho con equipos de la FAO/OMS consideró que es improbable que el glifosato provoque cáncer. Las grandes multinacionales, con sede central en el país del norte tienen más poder que el propio Ejecutivo. Los estudios hechos allí son proclives a estar también contaminados, pero no de química, sino de influencias y dinero. Sólo hay que ver cómo ha dejado la salud de los pobladores que deben inhalar este químico para darse cuenta de su nivel toxicidad.

Al conocerse este permiso, Greenpeace pidió que se prohiba el uso de glifosato cerca de parques públicos, zonas de juegos infantiles, jardines, escuelas y en regiones en donde se practica la agroecología.

Philip W. Miller, vicepresidente de asuntos regulatorios y gubernamentales globales de Monsanto, hinchado de alegría, declaró: “El glifosato ha sido utilizado durante 40 años como una herramienta segura, eficiente y rentable para el control de malezas. Mosanto tiene como prioridades el concimiento científico y los intereses de sus ciudadanos.  Monsanto insta a la Comisión Europea que presente sin más retrasos indebidos una propuesta para una renovación completa del glifosato dentro del marco regulador” Nuestro suelo, mientras tanto, agoniza, pero la tierra no está dentro de las prioridades de Monsanto.