Un transgénico es un Organismo Genéticamente Modificado (OGM), un organismo vivo que ha sido creado artificialmente manipulando sus genes. Las técnicas de ingeniería genética consisten en aislar segmentos del ADN (el material genético) de un ser vivo (virus, bacteria, vegetal, animal e incluso humano) para introducirlos en el material hereditario de otro. 

La diferencia fundamental con las técnicas tradicionales de mejora genética es que permiten traspasar las barreras entre especies para crear seres vivos que antes no existían en la naturaleza. Se trata de un experimento a gran escala basado en un modelo científico que está en discusión ya que el conocimiento sobre el funcionamiento de los genes es todavía muy limitado y las técnicas actuales de ingeniería genética no permiten controlar los efectos de la inserción de genes extraños en el ADN de un organismo. En pocas palabras lo que estamos comiendo es genética modificada y no sabemos qué puede hacer en nuestro cuerpo a largo plazo. 

Argentina se encuentra actualmente entre los 3 principales productores de cultivos modificados genéticamente (OMG), sin embargo los consumidores no somos conscientes cuando ingerimos transgénicos ya que el etiquetado anunciando esto es optativo y no obligatorio en nuestro país.

Por este motivo, se han abordado campañas para exigir el etiquetado y hacerlo obligatorio para que cada uno pueda optar si consume determinado producto o no. La preocupación de la mayoría de los consumidores con respecto a la procedencia de los productos y su origen transgénico radica en su influencia en la salud.

Diversos estudios científicos concluyen que los alimentos manipulados genéticamente pueden provocar alergias, intoxicaciones, alteraciones nocivas del valor nutritivo, resistencia a los antibióticos y alteraciones del sistema inmunológico.

“Es de vital importancia para el público ser protegido de todos los productos transgénicos, y no sólo los que contienen ADN transgénico o proteína. Esto es debido a que el propio proceso de modificación genética, por lo menos en la forma practicada actualmente, es inherentemente peligroso”, escribieron los 800 científicos que firmaron una carta pidiendo la eliminación de transgénicos en el mundo.

Si bien gran parte de la soja transgénica producida en Argentina se exporta hacia países donde se la utiliza para alimentar ganado vacuno, porcino y avícola, una parte importante de productos transgénicos se están consumiendo masivamente en nuestro país a través de distintos alimentos que se exponen “camuflados”. Los alimentos de alta rotación que se exhiben normalmente en las góndolas de los supermercados contienen transgénicos como la lecitina de soja.

¿Dónde podemos encontrarla? Su presencia es amplia y la podemos hallar en galletitas, yogures, postres, alfajores, budines, margarina, mayonesas, chocolates, papas fritas, jugos, helados, postres, arroz pre preparado, pastas rellenas, milanesas de soja, sopas crema, etc.

Sumado a esto, cabe destacar que gran parte de la soja modificada genéticamente de la cual provienen estos alimentos tiene los más altos índices de contaminación por pesticidas ya que son cada vez más resistentes a los agroquímicos.

“Es la primera vez que se crea un organismo para que resista a un agroquímico. Esto es una invitación a la superpulverización porque la primera soja era resistente al glifosato; en cambio, ahora al 2,4 D y al glufosinato, herbicidas más potentes. Los transgénicos fueron pensados para el agroquímico”, concluye Soledad Barruti, autora del libro “Mal Comidos” Lo importante es estar atentos y saber que no existe mejor alimento que el orgánico, es decir, que no ha sido ni tratado ni modificado genéticamente.