Aunque los ascensores también descienden, la industria de los ascensores ha logrado estabilizarse a pesar de las subidas y bajadas propias de toda actividad. Lo bueno es que esa regularidad le ha traído beneficios al país: en la Argentina el 90 por ciento del mercado de ascensores es sostenido por las Pymes nacionales que han desarrollado sus propias tecnologías y capacitación de personal.

La importancia radica en la cantidad: la Federación de Asociaciones y Cámaras de Ascensores de la República Argentina (FACARA) estima que 9,5 millones de personas utilizan ascensores cada día en el país y unos 6 millones bajan y suben en la ciudad de Buenos Aires, donde hay unos 140 mil equipos instalados. Esto hace del ascensor el segundo medio de transporte en cantidad de usuarios, luego del auto, pero por encima del tren, el subte y el colectivo.

Buenos Aires, con su estilo europeo, usó este medio de transporte desde principios del siglo XX, antes que otras capitales de Latinoamérica. Esto  atrajo a varias empresas extranjeras que fabricaron e instalaron ascensores. Formaron operarios y profesionales, pero con las crisis retiraron sus capitales. Acá, además de los ascensores, quedó el personal especializado en la fabricación y manutención de los equipos instalados, lo que llevó a muchos a crear pequeñas empresas que, con el correr de los años, fueron creciendo y desarrollando nuevos productos.

Por esos motivos, podemos decir hoy que la Argentina es el único país del mundo en donde los ascensores, en todas sus variantes, están controlados en su mayoría por Pymes nacionales que dan trabajo a unas 15000 obreros metalúrgicos que fabrican y mantienen los equipos.

Con respecto a la estrategia para la sustitución de importaciones, Facara apoya al ITEEA (Instituto de Estudio y Enseñanza de Ascensor) en la tarea de formar personal y desarrollar nuevas tecnologías y productos para, además, poder exportar material metalúrgico al mundo.