Por Eduardo Bustos

Desde la aparición del hombre sobre la tierra su vida estuvo íntimamente ligada a los lagos, lagunas y ríos, el agua ha sido y es el elemento vital para la vida de la fauna y la flora de las diferentes regiones del mundo. Hoy los mercados más importantes del mundo ya comenzaron a imponer como condición sine qua non “la huella hídrica”, entre otros requerimientos para entregar alimentos sustentables.
Es así que la necesidad de obtener el líquido llevó a las comunidades a agudizar el ingenio para encontrar los mecanismos adecuados que posibiliten el acceso a este recurso fundamental.
El norte de Santa Fe, tres décadas atrás, se caracterizaba por tener lluvias abundantes, sin embargo, a partir de 2008, la historia de la región, al parecer cambió cuando se instaló en la zona una sequía que más de un productor ganadero dejó fuera del círculo virtuoso de la producción porque debió desprenderse de sus vacas, precisamente por falta de agua.
Es así que algunos productores agropecuarios del norte de Santa Fe debieron agudizar su ingenio para obtener y preservar el agua. Así nació la cosecha de agua, un mecanismo que mediante algunos trabajos de sistematización del terreno y una infraestructura medianamente compleja lograron mejorar los volúmenes de agua en las napas, muy salinas por naturaleza, e incluso mejorar su calidad.        

Inquietud. El norte de Santa Fe, está formado por los departamentos de 9 de Julio, Vera, San Cristóbal, General Obligado y San Justo. Los ubicados al noroeste de la provincia se encuentran en la región conocida como “bajos submeridionales” que abarca parte de Chaco y Santiago del Estero, con muy poco agua. Los suelos se degradaron en los últimos años.  
“La inquietud de cosechar agua surge porque en bastas zonas del país escasea y muchas veces presenta un contenido muy salino, son dos factores que  atentan contra la producción ganadera, como ocurre en el caso nuestro”, asegura Alejandro Lahitte, que es ingeniero agrónomo, asesor del INTA por CRA y productor agropecuario que comparte un campo familiar de 500 hectáreas, “La Güeya”, dedicado a la ganadería y a la agricultura en la zona de Tostado.
En el campo la familia Lahitte, la primera experiencia se realizó en 1995, que tenía una represa infiltradora y la imagen ofrecida por el paisaje en ese lugar era sin cobertura vegetal porque estaba bien hecha. Después aparecen los canales colectores.
Si bien es cierto que este productor fue pionero en la cosecha de agua, con el porte del INTA y el Instituto Nacional del Agua (INA) consolidó un sistema de captación, cosecha e infiltración de agua que permite asegurar el abastecimiento al rodeo en cantidades y calidades óptimas.
Para apalear esa situación, en el caso de los bajos submeridionales, lo importante es no sacar agua de un solo lugar, sino de varios, por eso el sistema de pata de araña (múltiples perforaciones), permite una mayor distribución en el terreno y se puede sacar un poco de agua de varios puntos y no mucha de un solo lugar, explica Lahitte.
El segundo trabajo es el de cosecha de agua que se hace a partir de una sistematización del terreno mediante el cavado de represas, a partir de la acumulación de agua y que luego es infiltrada en el terreno, diluye los contenidos de sal de la napa baja y a través de las perforaciones se toma un agua más diluida.

Preparación. Para preparar el terreno se aprovechan sus condiciones naturales, por ejemplo los bajos, al tener unas pendientes naturales favorecen la captación de agua. Sobre esos mismos bajos uno hace obras de arte como pequeños canales para colectar el agua que puede acumularse a los costados de las calles para entrar al establecimiento: “Esto nos dio muy buenos resultados porque las calles son como techos a dos aguas y las cunetas se convierten en verdaderas canaletas. Cualquier lluvia permite juntar mucha agua y si uno conduce esa agua de las cunetas a estos sistemas se redimensiona la captación. Es una técnica que nos da muy buenos resultados”.
El componente más innovador es el que se incorporo a partir de la infiltración del agua con filtros de arena ubicados en la misma perforación. En resumen si se hacen algunas obras pequeñas de sistematización del terreno, el área de captación de agua se agranda muchísimo y los resultados son mejores.
Si bien es cierto que no hay una forma de medir el agua cosechada, el volumen acumulado es bastante importante, pero está muy marcado por el régimen pluvial promedio de la zona.
Una de las recomendaciones que se deben tener en cuenta es que se producen pérdidas por evaporación y el agua que queda se infiltra. Además por lo general la primera capa del suelo se impermeabiliza y la cosecha de agua deja de tener una buena performance.
Con el sistema de represa a la larga se termina infiltrando, aunque se demora más. En cambio este sistema es mucho más directo, por las ventajas que ofrece la infiltración, que además de no someter el agua a la evaporación, a medida que se recarga la napa, se diluyen las sales abajo.
La puesta en práctica de este sistema genera sustentabilidad, si se tiene en cuenta que el productor saca y saca pero no repone. En cambio, mediante la cosecha de agua, se saca, pero también se repone y de esa forma se mantiene el equilibrio y hasta a veces mejorar las condiciones de salinidad. 
En la región funcionan cuatro emprendimientos de estas características, además del campo de la familia Lahitte y Bien, también está el Establecimiento “Las Patricias” de José Zanuttini, que se conforma de al menos tres pozos calzados con mampostería de gran diámetro, de los cuales bombean molinos de viento a un tanque de almacenamiento central. El gobierno provincial a través del Ministerio de Aguas, Servicios Públicos y Medio Ambiente en convenio con la UTN de Reconquista, diseñaron y llevaron a cabo la sistematización de 10 has mediante camellones, para eficientizar el aprovechamiento del agua de lluvia para lograr el llenado de dos represas que rodean a los pozos.
 En los cuatro sistemas se han implementado estaciones meteorológicas automáticas, para recabar datos imprescindibles y poder investigar el comportamiento hidrológico e hidráulico de dichos sistemas.
Además, está el establecimiento “La Palmira”, que es un campo experimental de cría vacuna del INTA Rafaela, donde en un bajo natural se realizaron estudios de prospección geoeléctrica.
En diversos lugares hubo mucha extracción de agua, en los períodos secos no hay reposiciones naturales, estos bolsones perdieron el equilibrio y esa agua alcanzó contenidos de sales muy importantes que hacen inviable su utilización.
 “En cambio aquí hay un concepto de sustentabilidad, si saco pongo, si repongo el sistema se sostiene”, resume Lahitte.
El agua proveniente de cosecha no se puede utilizar para riego por los contenidos de sales que tiene. La producción de animales es natural como en la pampa húmeda, sembrando pasturas o con el manejo de pastizales naturales. Pero el problema en esta región es que hay un pasto muy apetecido por los animales, pero no se tiene agua. Este fue un factor que influyó en el abandono de muchos campos porque no se pudo encontrar agua que sea viable suministrar a la hacienda.
En este sentido es importante tener en cuenta que en el agua suministrada a los vacunos existen umbrales de referencia, si se superan los 7 gramos de salitre para los animales chicos como los terneros, el riñón no tiene suficiente capacidad de metabolización de las sales, como ocurre con las recrías, entonces la presencia de sales en el agua resulta mortal para los animales.
 En el caso del este campo, hay tres aguadas con sus respectivos molinos a razón de uno cada 200 vacunos, sino es imposible superar los momentos de máximo consumo que se produce en los meses de diciembre y enero.

Concientización. El otro concepto que cuesta hacer entender al productor, es una cuestión cultural, es el manejo sistemático del agua. Así como en el caso de las pasturas el productor está bien concientizado de cómo producir, por ejemplo, en qué momento sembrar, pastorearla o cuándo retirar a los animales, son técnicas que el productor debe conocer, pero en el caso del agua que requiere un manejo sustentable no ocurre lo mismo, si se tiene en cuenta que hace varios años se ingresó en un ciclo seco.
Para tener un control eficiente de la caída de agua en el campo, en cada uno de los módulos se instaló una estación meteorológica que permite registrar la presión atmosférica, velocidad y dirección del viento, humedad relativa, lluvia cada quince minutos. Además cada módulo tiene un Freatigrafo digital que permite medir el comportamiento de la napa cada quince minutos y el efecto de la infiltración y cuando se abre el molino para extraer el agua se controla el nivel de salitre, que es monitoreado permanentemente.
Para calcular las precipitaciones, antes de armar los módulos, se tiene en cuenta la media regional de lluvia caída, con un promedio anual de 800 mm y un período de mayor precipitación en las estaciones de primavera verano. En los bajos submeridionales hay épocas de ciclos húmedos y ciclos secos. Incluso en estos ciclos hubo un promedio de precipitaciones que apenas superó los 200 mm de lluvia.
“En 2008, por ejemplo, en el campo nuestro tuvimos un promedio de 230 mm de agua caída, y si no hubiera sido por este sistema capitulaba y logré salvar al ganado”, añade nuestro entrevistado.
Los módulos en funcionamientos en toda la región son cuatro, lo que permiten cosechar agua, en tres campos de productores y uno en un campo alquilado por el INTA, el establecimiento “La Palmira”, ubicado en San Cristóbal.
Un detalle para tener en cuenta es que todos tienen distintos sistemas de cosechar agua, incluso hay uno de ellos que replica un sistema empleado los melonitas en Paraguay, que es muy interesante. En este caso parece un techo corrugado.

Puntos clave. Los puntos claves que deben motivar al productor son los siguientes, el agua de lluvia siempre estuvo presente, es un insumo que no hay que comprar, está en uno, usarlo o no. En algún momento, siempre se  junta agua y si uno la sabe conducir a un lugar como una aguada puede servir para mejorar los terrenos salinos.
“Dejar el agua en superficie es someterla a evaporación y se pierde gran parte de ella en la atmósfera, pero si se infiltra en la napa con recarga artificial, es como guardarla en un sótano.
La ponemos en condiciones de mejor seguridad y por otro lado se diluye el contenido de sal. Si el productor no logra diluir el contenido de sal en un campo, no tendrá posibilidades de mantener una producción ganadera. No hay muchos caminos, porque es imposible transportar agua en camión como lo hacen muchos productores, es tremendamente oneroso, porque se hace una transferencia de recursos del sector ganadero al del transporte. Al final en uno o dos años, ese productor se funde”, reflexiona Lahitte.