Junto con el pejerrey en gran parte del país y el apreciado bagre amarillo en el Litoral, el dorado se presenta como la especie más codiciada en este invierno, donde las truchas aguardan visitas a partir de noviembre y la variada de mar requiere de valientes pescadores por el frío, aunque bien valen la pena los resultados.
En esto de buscar dorados andábamos cuando el guía Gerardo Sobrino me manifestó que en la zona de San Pedro estaba lleno. En la visita, sin embargo, notamos algo: los cardúmenes habían cambiado de lugar y daban pie a un nuevo desafío: la llamada pesca al golpe. ¿En qué consiste? Mientras la lancha va derivando paralela a la costa hay que lanzar los señuelos con precisión, bien pegado a puntas, palos y piedras, donde acecha “el tigre de los ríos”. ¿Qué sucedió en San Pedro?
Los dorados se habían metido en los campos siguiendo el ingreso de agua. Encontraban adentro comida en abundancia, desde mojarras y bogas hasta sábalos y una increíble dieta de víboras y ratas, tan habituales en el estómago de su cazador que, afortunadamente, sirvió para que muchos ya no quieran matar ningún ejemplar para comer.
Cuando la temperatura del agua bajó y se colocó entre los doce y trece grados, y a su vez la gran masa líquida empezó a volver al cauce principal, los dorados fueron saliendo de esos lugares. El riesgo de varadura es uno de los elementos que actúa sobre la biología del pez para movilizarlo. Como el cuerpo del pez no regula la temperatura por sí mismo, como sucede con los mamíferos, entonces va migrando hacia sectores más cálidos. El agua del río Paraná, por su enorme volumen, tarda más en enfriarse que la de los pequeños arroyos y bañados, cuya proporción de exposición al viento y el aire, como agentes de enfriamiento, es mayor. Esto hizo que aquellos dorados que comían tan bien en la zona del Lechiguanas se alejaran. Días atrás de nuestra visita el pique era continuo en esos hermosos pagos, mientras que apenas logramos dos capturas: con cuchara Wemps Novy número tres con anzuelo protegido y Spinner bait de Alfer´s en ve con cuchara tipo gota.
Por esta causa, aunque insistimos en varias pasadas, nuestro anfitrión volvió a Paraná para que terminásemos la jornada en el ancho río. ¿Cómo “terminar” si recién empezamos? La culpa la tiene otra invitada del invierno en la Pampa Húmeda: la niebla. Cerrada, sin viento, no nos permitió salir hasta el mediodía achicando notablemente el tiempo de pesca. Pero, en estos detalles se notan los buenos baquianos: si alguno lo quiere sacar igual para no perderlo como cliente, desconfíe. La seguridad está sobre cualquier captura.

Accion. Apenas soplaba una brisa del nordeste que, al acompañar la corriente de río no molestaba para nada. No obstante, la zona tiene tanto caudal que, para poder trabajar mejor, sin alejarnos ni acercarnos excesivamente a la costa, y sin pasar tan rápidamente, Gerardo puso proa río arriba y con el motor de cuatro tiempos encendido fue copiando la barranca.
Para esta pesca lo ideal es contar con cañas rápidas de hasta 2,10 metros con reel rotativo que permita también recoger rápidamente (lo ideal es que por cada vuelta de manija dé, por lo menos, 6 o 6,5 vueltas del carretel) cargado con multifibra, que permite una respuesta veloz a la distancia pues no se estira como el nailon y que, además, ayuda para sacar de un tirón a los artificiales que caen sobre la tierra o sobre alguna rama y quedan enganchados. Esto último debe hacerse tomando la línea con un trapo: tirando desde la caña se corre el riesgo de quebrarla y, si se toma el multifilamento con la mano, lo más probable es que la tajee debido a su finura y dureza. Por otra parte, si se trabaja con monofilamento, cada enganche obliga a ir con la lancha, cuando se puede, a buscar el artificial, alterando el lugar y haciendo que los peces se alejen.
Los mejores señuelos en este caso fueron minnows de paleta corta y media, especialmente de color rojo y blanco, vinilos lastrados para que ganen profundidad rápidamente, en cuenta la fuerte correntada que tiende a levantarlos y, sobre todo, los rattles o sonajeros tipo lipless (sin paleta extra). Si tienen dos o tres puntos de ataque en el lomo, engánchelo del más cercano a la cola, para que así, usando la parte delantera como paleta, logre mayor profundidad no bien toca el agua. Es que la mayoría de los piques se dieron en ese lugar y en ese tiempo. Pocas veces, como sucede en otras oportunidades, los dorados llegaron nadando a la lancha tras de su presa falsa.
De no haber sido por el paso de grandes barcos que levantaron olas y arruinaron la costa, y hasta nos hicieron perder el poco tiempo obligándonos a suspender la pesca para atacar la onda de proa, habríamos pinchado más de los veinte ejemplares que se dieron a conocer en las barrancas bonaerenses.
Veremos qué hacen estos dorados cuando el frío se intensifique y la temperatura del agua se allegue más a la mínima ambiente. Si se quedan en la zona, como ocurrió la temporada pasada, vaya haciendo ejercicio porque lo va a necesitar para tirar con precisión, a buena distancia y pelear dorados de hasta tres kilos en zona de correntada fuerte.