Los guaraníes no son un pueblo más, dentro de los naturales de América, ellos, por ejemplo, acompañaron al vasco Garay y a los criollos, para fundar Buenos Aires por segunda vez.
El libro “La trama de la identidad nacional” de Daniel Vidart, editado en Montevideo en 1997, nos da una idea de algunos aspectos de esta etnia.
Escribió el autor en su capítulo titulado “El idioma de un pueblo itinerante”: “La lengua hablada por los guaraníes, hoy vigente en el Paraguay y comarcas nordestinas de la Argentina, ofició en el pasado de ¨lingua geral¨, al punto que los cronistas advierten que muchos grupos pertenecientes a los pámpidos (charrúas, minuanes, etc.) la utilizaban comúnmente para entenderse con aquellos. El guaraní se clasifica en tres grandes grupos: el ¨avᨠo ¨abá¨, hablado en la zona de expansión originaria entre los ríos Paraná y Paraguay, al cual se le suma el crhiriguano; el ¨tupinambᨠen la costa atlántica y el ¨ñeengatú¨ en el área amazónica. Otros lingüistas llegan a distinguir hasta ocho dialectos.
Los guaraníes constituyeron, en la época anterior a la conquista lusoespañola, un pueblo que se desplazaba por la zona tórrida del gran plexo boscoso sudamericano con un sostenido aunque lento ritmo debido, quizá, a su modalidad de plantadores en continuo movimiento.
En efecto, las tierras lateríticas se agotan a las dos o tres cosechas y, ante dicha declinación, es necesario levantar el emplazamiento del grupo y desbrozar la floresta para hacer, entre sus quemados tocones, nuevos cultivos. Pero luego de la irrupción de los europeos, desalojados de los antiguos hogares por los portugueses y los españoles, los tupí-guaraníes convulsionaron a toda la América tropical y subtropical sumergiendo, tras sucesivas oleadas, a tribus que anteriormente vivían en áreas alejadas de su primitivo hábitat, nicho biótico y cultural a la vez. A ello se sumó el empuje mesiánico provocado por la búsqueda de la Tierra sin Mal, cuyo signo mítico e itinerante ha despertado la atención de los actuales antropólogos. No obstante, los desplazamientos migratorios finales aparecen como la culminación de una antigua ¨wanderung¨ de pueblos situados en una región originaria sobre la cual no se han puesto de acuerdo los etnólogos”.
Esta lectura nos lleva a otras páginas de este libro oriental, donde encontramos el capítulo “El hogar originario de los guaraníes”, que los ubicaría geográficamente desde sus orígenes.
Leemos: “El antropólogo francés Metraux ubica el principal foco de dispersión en una zona encuadrada por los ríos Amazonas, Paraguay, Tocantins y Madeira. Dejando de lado la opinión de Martius, quien los hace partir desde las orillas del Titicaca, la mayoría de los autores coinciden en que salieron de otra zona. En este caso las opiniones se dividen: unos optan por la región ubicada entre el Paraná medio y el alto Paraguay (Ehrenreich); otros por la gran comarca que abarca del sur del Brasil, Misiones, Corrientes y Paraguay meridional (d¨Orbigny); finalmente hay quienes se pronuncian por “las regiones boscosas que se extienden entre el río Paraguay y Paraná” (Canals Frau). Por su parte, Pericot y Gracía afirma que parece indudable que el foco dispersión de la familia tupí-guaraní debe colocarse entre los ríos Paraguay y Paraná ¨de donde por el Xingu y por otros caminos llegarían al Amazonas remontarían los afluentes de la derecha de este gran río. Su procedencia explicaría el gran número de influencias peruanas que entre ellos se observan, hasta el punto que algunos los consideran los difusores de la cultura andina por los territorios atlánticos. Siguiendo en sus movimientos el curso de los ríos o las líneas de la costa, merecieron que Hervás los llamase los fenicios de América¨. En nuestros días se ha abierto paso una teoría panguaranítica que destaca su dispersión por las áreas tropical y templada de Sudamérica.”