Las cárceles argentinas quieren quitarse el histórico –y bien ganado- estigma de ser lugares en donde los detenidos no sólo no se recuperan, sino que además perfeccionan sus métodos delictivos. Por la violencia, los maltratos y las condiciones de vida, es que los detenidos salen de la cárcel peor de lo que entraron. Pero no todas las cárceles son iguales. En muchas penitenciarías hay gente que purga su encierro desde la más absoluta conciencia de incorporarse a la sociedad. La iniciativa de adiestrar mascotas para personas con diferentes discapacidades es un ejemplo de que no todo está perdido.

“Huellas de Esperanza” es el nombre del Programa de Adiestramiento de Perros en Cárceles del Servicio Penitenciario Federal, que se aplica desde 2009, cuando el Ministerio de Justicia lo incorporó a través de un convenio con la ONG S.O.S Vida, que encabeza el veterinario Juan Enrique Romero. ?El profesional, ahora padrino del programa, habló de las ventajas de la tarea. “El interno se vincula con los sentimientos más profundos del ser humano en su relación con los animales y la persona con discapacidad recibe, por parte del Estado, una herramienta, el perro, que antes era costosa, con la premisa del cuidado y con monitoreo estatal”.??

En la Colonia Penal 19 de varones y en la Unidad 31 de mujeres de Ezeiza se inició el entrenamiento canino, a cargo de personas que viven “en un régimen abierto, próximas a recuperar su libertad y que son seleccionadas por el equipo interdisciplinario del programa”, explica Julio Cepeda, coordinador del proyecto, que en pocos días compartirá una jornada para mostrar la iniciativa en el Vaticano, con el papa Francisco y la hermana Pauline Quinn, una monja estadounidense que coordina el proyecto Prison Dog Project y es la pionera de esta política a nivel mundial.

Cinco internas, de quien se preserva su identidad, están junto con los Labradores Retriever. Dicen que los perros transmiten amistad, amor incondicional, tranquilidad, paciencia. O sea, todo lo que no hay en una cárcel. Ellas conviven en una casa con los perros, que tienen sus caniles y sus carteles con nombres y sus fotos. El espacio está adornado por las mujeres que hablan con entusiasmo del trabajo que hacen con los animales. En ese lugar estuvo viviendo durante un mes la hermana Pauline, la ideóloga mundial de este proyecto.??

Tina, una labradora negra, vive con Lorena Ibañez hace tres años, acompañándola en su andar en silla de ruedas, cuidándola cuando cruza la calle. Tina abre los cajones del placard, la puerta de la heladera, le alcanza la ropa, le corre la silla, entre otras acciones. Tina está entrenada por estas internas y es la perra que le salvó la vida a Lorena, según lo que ella misma dice. “La extraño, ya me la quiero llevar a casa”, dice Nuria Zucchiatti, también usuaria de silla de ruedas, que está en proceso de adaptación con una inquieta India, bajo la atenta mirada de dos internos adiestradores.

Ellos están sentados en silla de ruedas durante el entrenamiento, para que el animal aprenda ese andar, mientras la perra muestra cómo saca el freno de las sillas o prende la luz.??“El año que viene cuando recupere mi libertad, me quiero dedicar a ser adiestrador”, confiesa uno de los hombres, mientras su compañero va por más: “Voy a terminar el secundario en el penal y cuando salga, voy a estudiar veterinaria”. ??Los adiestradores formados en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, Noelia Gómez, Bernardo Gonzalo, Sofía García y Gabriela Tomero, el veterinario Claudio Ortiz, el estudiante de esa carrera Nicolás Bustos, la trabajadora social María Laura Pérez Arnaudo y la psicóloga Daniela Igartua, conforman el equipo profesional de Huellas.

??Igartua trabaja con las y los internos desde la psicología. Dice que es difícil entregar el perro: el adiestrador convive tanto tiempo con él que se encariña. “Pero hablamos mucho de que estarán junto a alguien que lo necesita. “A futuro queremos ampliar el proyecto a la unidad de Marcos Paz y a la 25 de La Pampa, incorporando perros mestizos”, anticipó Romero. Y cerró. Con este proyecto gana la sociedad, porque se trata a las personas con dignidad”.