Por Pablo Tassart
Fotos Bruno Bertagna

Delincuencia, adicciones, trampas y reincidencias. Será que eran ellos no podían verlo. De ahí tantas equivocaciones, tantos caminos errados. Hasta que un día comenzaron todo de nuevo. Abrieron los ojos para ayudar a otros, sumergidos en otra oscuridad. “Creo que todos somos capaces. Lo que pasa es que en un momento desviamos el camino y esas capacidades las utilizamos para algo incorrecto. Volver al principio es el trabajo del taller, a ver por qué nos desviamos. A preguntarnos: ¿Por qué estás acá? ¿Porque querías darle algo a tu familia o porque querías rebelarte?. Bueno la respuesta es esta: trabajando, pensando, leyendo. Esa es una buena manera de revelarte: no creas todo lo que te dicen ni todo lo que leés. Tené tu propio pensamiento”.

Cristian Falco es quien lo dice, y es uno de los que hoy surca ese nuevo camino junto a Oscar Spósito, Darío Saavedra y ocho reclusos más de la Unidad Penitenciaria Bonaerense número 39, de Ituzaingo, gracias al Centro de Producción Editorial en Sistema Braile. Ayudarse ayudando. No sólo a uno mismo, sino también a quienes sufren, además de limitaciones visuales, las otras conocidas por todos: las económicas. Porque los libros que allí editan desde hace cuatro años se hacen en forma gratuita sólo a cambio del costo de producción.

Con los ojos del alma
           
Por esa ruta viajan desde los saberes básicos de manuales de primaria hasta los de alto perfil científico de la Univesidad Tecnológica Nacional (UTN), pero también las sabias palabras de Jorge Luís Borges o las aventuras de Harry Potter. Todo comenzó cuando Diego Díaz, un ex recluso hoy en libertad, fue difundiendo la técnica de boca en boca casi como un entretenimiento. También que para muchos pasó a ser un taller más para sumar puntos y buena conducta. O que hoy, luego de recibir la ayuda de la Fundación Música Esperanza, que consiguió incorporar una impresora especial, es un mega emprendimiento que edita hasta 3 mil ejemplares a pedido de la municipalidad de La Matanza. Pero es mucho más: “Hasta que recibimos una carta de los padres de una chiquita para la que le habíamos hecho un manual de primer grado. Ellos nos agradecían profundamente. Ahí hice el clic en mi cabeza y de di cuenta de lo que estaba haciendo y como estábamos ayudando a otras personas”, reconoce Oscar.

Pero desde aquellas primeras jornadas, en las que durante un año trascribieron a mano -a punzón y tablilla- la Antología de Atahualpa Yupanqui y que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner entregó a un estudiante no vidente en el cierre del programa Libros Sin Fronteras; hasta la actualidad, en que son reconocidos oficialmente como capacitadores en sistema braile luego de un curso de perfeccionamiento; hubo que recorrer un largo camino en el que, como siempre, hubo que empezar desde el principio. Cristian: “Es como empezar de cero a leer y escribir. Las palabras son las mismas pero con diferentes signos. Son seis puntos que debemos ubicar en un cuadrante. Pero además son diferentes maneras de acomodar las palabras en la oración. El trabajo manual es la mejor manera para aprender. No podemos leer en forma táctil, sólo los no videntes pueden, porque pueden desarrollar más ese sentido.”

-¿Para qué sirve el taller?
-Cristian: Yo lo empecé como un curso más. Para salir del pabellón, ver otras cosas, porque me sirve para los beneficios en el juzgado. Ellos te piden estudio y trabajo, y esto tiene los dos. Pero después me di cuenta de que esto era algo más, porque no me sirve sólo a mí, ayudo a otra gente.
-Darío: Yo sólo daba una mano para pasar los libros a la computadora. Y después fui viendo cómo es esto de que hay gente que tiene más necesidades que uno. Que quizá hay quienes quieren estudiar pero que no tienen el material. Porque estos libros no los hace nadie gratis.
-Oscar: Lo mío fue de casualidad. Por darle el gusto a un amigo que nos insistía. Empezamos de a poco a aprender, al principio era apenas un entretenimiento.
-Pero es mucho más que un entretenimiento, ¿no?
-C: Y sí. Pensá que yo pasé de apenas saber prender una computadora a traducir un libro entero. Y, más allá del certificado de capacitador, sé que ahora tanto yo como mis compañeros tenemos una herramienta para el futuro. Yo mañana no me voy a la calle sin nada, salgo con un crecimiento interior.
-D: además ayuda el salir del pabellón. De ese mal ambiente de competencia. Acá no competimos sino que uno encuentra apoyo en el compañero para progresar. Es crecer entre todos.
-¿Cómo se siente haber cambiado de la vida anterior a esto?
-D: Es un cambio radical, ya mismo como persona son muchos sentimientos encontrados. Uno se da cuenta de que por primera vez estás haciendo algo por los demás.
-C: es venir acá y estar como afuera. Es un espacio de libertad. Acá no se habla de “tumbeadas”, de delincuencia, de nada de esas cosas. Yo hace nueve años que estoy detenido y en estos dos años hice muchas más cosas de las que hice los otros siete. Porque también terminé el colegio y quiero seguir la facultad.
-O: En mi caso el cambio se ve porque en mi familia están contentos y sorprendidos. Yo tengo 41 años y en todo este tiempo he tenido varios tropezones. Con esto aprendí a disfrutar: de lo que hago, de mi gente, de ayudar a otros. Y eso no es poco. No es poco ver cuando, por ejemplo, el año pasado nos visitó una chiquita de 13 años a agradecernos y cantarnos una canción. Eso no se paga con nada.

Los baches

No siempre está asfaltado el camino: varios pueden ser los obstáculos. Por razones burocráticas, una parte de los integrantes del taller no pudo participar de esta entrevista, incluido Mariano Gilardenghi, uno de los iniciadores. También al no haber pabellones diferenciados -de trabajadores o estudiantes- sucede que al producirse algún conflicto, es toda la población del mismo la que sufre el castigo, sea quien fuera el causante. De esta manera suelen escasear las valiosas manos para afrontar la creciente producción. “Hoy no pudimos estar todos. Y eso retrasa un montón el trabajo. Porque estamos creciendo y necesitamos cada vez más gente: uno que imprima, otro que trascriba el texto, otro que corrija. Ahora, por ejemplo, están dividiendo el texto en capítulos para trabajar después. Estamos re atrasados”, se queja Cristian y asegura que deben ser ellos los que a las siete de la mañana insistan para que los lleven a trabajar: “Lo que pasa es que acá adentro no van a aceptar esto que hacemos. Que dentro de la burocracia vos sepas usar algunas cosas en tu beneficio no se lo van a bancar nunca”.

-¿Quiénes son los que trabajan con ustedes, cómo se incorporan?
-C: Nosotros queremos que el que llegue acá sea por esfuerzo, no decidido por las autoridades o psicólogos. Por ejemplo ahora arreglamos con el director de la escuela que quienes se recibían podían acercarse.
-Oscar: vamos viendo quién es el mejor para incorporarse. Porque no es sólo saber hacer la técnica. Sino que también le tiene que llegar el mensaje: acá se hace un trabajo solidario. No es solamente para quedar bien y poder irnos.
-¿Cuesta encontrar a quienes compartan esta manera de ver las cosas?
-D: es difícil que algunos vean que acá estamos para crecer como personas. No es solamente hacer buena conducta para el juzgado. Es para crecer también cuando salgamos. Pero es difícil que vean la importancia de cambiar, porque cuando te encierran vos también ayudás al encierro: no haciendo un taller, no yendo al colegio. Entonces en lo único que pensás es en lo que pasa adentro y en la lógica carcelaria; y no en el afuera.
-¿Leyeron alguno de los libros con los que trabajan? ¿Cuál les gustó más?
-D: Sí porque hay algunos que no los tenemos digitalizados, entonces los  tenemos que pasar para usar con la impresora de braile. Y a medida que los vas pasando, los vas leyendo.
-O: Uno de la vida de (Juan Manuel de) Rosas me gustó mucho. Además generó debate, porque a medida que vos vas trabajando comentás a los demás: “Mirá este tipo todo lo que hizo”. Y ahí se arman las charlas. Pero acá se lee de todo, porque nos piden de todos lados. Para chicos, pero también de la Feria del Libro.
-C: Uno importante por ejemplo, es el de los Derechos del Niño. Hay chicos que son ciegos y ellos también tienen derecho a saber cuáles son sus derechos.
-Muchos de ustedes también están en el colegio. ¿Cómo evalúan esto de estar ahora tan cerca de los libros?
-C: Leyendo uno va abriendo la cabeza, va viendo qué dice cada uno sobre el mismo tema. Es el conocimiento el que te lleva a debatir. Y esto se junta con las lecturas del colegio que hay acá. Leer te abre la cabeza, te concientiza, te das cuenta de un montón de cosas en las que estabas equivocado. -¿Y tienen pensado seguirlo cuando estén en libertad?
-O: Ya presentamos el proyecto en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, para que haya uno de estos por municipio. Serviría mucho a todos lo que salgan. Acá tenemos un refrán que lo explica: ‘una reinserción sin apoyo es un camino a la marginalidad’.

Una planta de libros

Muchos y diversos libros pasan a diario por el taller de Braile. Cada interno tiene su preferido, pero hay uno en el que todos coinciden, un libro de cuentos para chicos, escrito por Laura Devetach, prohibido durante la dictadura de 1976: “La Planta de Bartolo”. Cristian explica por qué: “Habla de un hombre que tenía una planta de libros. En la historia los libros salían muy caros y los padres no se los podían comprar a los chicos. Les decían que no los lean así no se terminaban. Entonces Bartolo, como tenía su planta, los empezó a regalar. Me gustó porque es lo que hacemos nosotros. Este taller es la planta de Bartolo. Los libros no habría que venderlos. No podés privar a un chico del conocimiento porque no tiene plata. Y menos si es ciego.”

Persevera y aprenderás

La Unidad 39 es un penal de mediana seguridad, por eso existen distintos talleres de reinserción social, entre ellos la Escuela Media 7. Sin embargo, la educación no parece ser una prioridad para las autoridades. Así lo sintieron quienes intentaron cursar la universidad, gracias a un convenio con la UNLP. Impidieron la creación del centro de estudiantes y el rendimiento de los primeros exámenes: “El examen era un lunes. Salí el domingo a las dos de la mañana y volví el miércoles a las doce de la noche, luego de haber recorrido tres penales, sin haber rendido y ni siquiera haber llegado a la universidad”, denuncia Cristian Falco. Y reflexiona: “Las trabas son a propósito, es para que bajes los brazos y una vez que salgas tengas que volver. Pero acá, en el taller, es donde te das cuenta de que la mejor manera de salir del autoencierro, es ésta, no con un arma ni con violencia. No existe la suerte, existe el laburo y el esfuerzo”.