Por D. D.

Vinos de autor está organizado por distribuidoras de vinos conocidas como el G9, donde se reunieron buena parte de los enólogos más talentosos que tiene la Argentina, que elaboran sus vinos en la mayoría de los casos como parte de un proyecto propio y que están revolucionando el mercado a fuerza de etiquetas esencialmente ricas, con mucha identidad y generalmente modernas en su forma de presentarse al consumidor. Se trata de un segmento que representa más del 40% de la facturación del canal que reúne a vinotecas, hoteles y restaurantes. Para El Federal estos fueron los vinos más destacados.

Casarena Lauren’s Vineyard Cabernet Franc 2010 ($240)

Proveniente de viñedos, de Agrelo, Luján de Cuyo. Provincia se trata de un vino delicado con notas de frutas negras y potente. Guardado en 18 meses, el 100% del vino en barricas nuevas de roble francés, este vino permite pensar que detrás de la cara de bonachón de Bernardo Bossi hay un superhéroe que se destapa cuando hace los vinos. Sus antecedentes son los Malbec Agrelo y Perdriel; el Petit Verdot es otra maravilla: también se lució en la feria. El cabernet franc despide aromas intensos de mora, cassis y chocolate. Tiene paladar amplio y es equilibrado, goza de buen cuerpo y cumple y dignifgica com sus taninos firmes y sedosos. Acidez correcta y largo final. Un vino que seguirá creciendo en silencio, como Bossi en su guarida.

006, Merlot. Bodegas Aniello, 2012 ($95)

Aniello es una bodega familiar que busca poner en valor la antigua tradición vitivinícola de la Patagonia Argentina, y en contacto permanente con las raíces italianas de sus miembros. Éstos, atraídos por la calidad y personalidad de los vinos de la región, deciden comprar la primera finca llamada 006 y ubicada en el distrito Mainqué, Alto Valle del Rio Negro. Rica textura de ciruelas y frutos negros junto a taninos maduros y mineralidad marcada, revelan el complejo carácter de la variedad Merlot en la Patagonia Argentina. Sebastian Landerreche & Santiago Bernasconi lo están haciendo.

006, Chardonnay. Bodegas Aniello, 2009 ($94) 

Chispeante y maduro a la vez, sus aromas recuerdan a los terrenos pedregosos de Alto Valle de Río Negro. Tiene una crianza parcial en barricas de roble frances, que le dan algo de complejidad. Sin embargo no es invasivo por su textura sedosa. Buena acidez, con un retrogusto que despierta el inconsciente: hace pensar que nos acercamos (o que nos tienen que acercar) frutos de mar.

CarinaE, Gran Reserva Sirah 2008 ($240)

Un parral injertado hace mas de 15 años sobre viejos pies de “mezcla” terminó dándole vida a este caldo. Vino de color violáceo intenso, de alta concentración y mucho cuerpo, tiene reminiscencias de aromas a frutas rojas y balsámicos. También se nota la madera co algún dejo de café, producto de la crianza durante 15 meses en barricas de roble francés. Con uvas provenientes de Cruz de Piedra (Maipú) también despide aromas balsámicos. Un vino para repasar la vida en una hora.

Durigutti, Bonarda clásico ($92)

Un vino presenta fresco, muy frutal, a diferencia de el que le sigue en la gama, con más madera. Pasan los años y este bonarda sigue pagando bien. Amable al paladar, con taninos dulces y largos, sin pretensiones y sin madera. No es un vino concentrado, tiene buena fluidez, muy buen color y expresa la máxima expresión de la fruta. Para lograrlo el enólogo trabaja con viñedos viejos de más de 50 años, alta densidad (7.200 plantas/hectáreas) y bajos rendimientos. A todo esto le dicen personalidad. Otro que hay que probar es el el Chardonnay-Semillón por la bien lograda combinación de cepas.