La novela “A sangre fría” (1966) de Truman Capote, es tal vez el máximo exponente del género llamado non-fiction (“no-ficción”). Una novela monumental que le llevó a Capote más de seis años de investigación y trabajo para recrear con maestría absoluta el crimen de una familia de granjeros en Kansas, Estados Unidos. Antes de su exitoso lanzamiento, Rodolfo Walsh había publicado en 1957 en Argentina “Operación Masacre”, basada en los fusilamientos de José León Suárez. Walsh había inaugurado con su obra el género de ficción periodística. Con esa línea de estilo ya consolidada, tres años de intenso trabajo le tomó a Ezequiel Burgo finalizar su libro “7 Ministros – La economía argentina: historias debajo de la alfombra”. Realizó 130 entrevistas a 90 personas para poder narrar las historias secretas de los planes de Martínez de Hoz, Sourrouille, Cavallo, Machinea, Remes Lenicov, Lavagna y Lousteau. Lo genial es que están narradas como cuentos, al alcance de cualquier persona, tenga o no conocimientos en economía. Se trata de un viaje al universo de la política argentina. 
– ¿Cuándo surge la idea de escribir este libro?
– Cuando Martín Lousteau comenzaba su gestión como ministro de Economía lo entrevisté “off the record”. Eran también los primeros meses de la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En la entrevista con Lousteau la idea era que él contara cuál era su plan, qué ideas tenía y qué era lo que se avecinaba en materia económica. Me pareció una persona muy inteligente y formada. Pero cuando llegué a la Redacción le comenté a mi jefe que Lousteau no me había dado la imagen de un ministro de Economía, consustanciado con un proyecto político, sino más bien la de un técnico. En toda la conversación casi no había mencionado a la Presidenta. Eso me llamó muchísimo la atención y entonces me pregunté qué es y para qué sirve un ministro de Economía. Ese fue el primer disparador. El segundo, fue la relación especial que Néstor Kirchner tenía con sus ministros.     
-¿Por qué la considera especial?
-Porque muchos temas económicos Néstor Kirchner los consultaba con el secretario de Hacienda o el de Finanzas o el ministro de Infraestructura, en vez de con el de Economía.
-Se dice que Kirchner llevaba en una libreta de almacenero todos los pagos de deuda del país…
-Sí, eso es lo que dicen. El era obsesivo con el tema de pagar las deudas. Vaya uno a saber por qué a otros presidentes no les interesaban las deudas.
-Entre tantas crisis y tantos ministros, ¿cómo eligió a estos siete?
-Por un lado, elegí a mis contemporáneos. Y por otro, que todos ellos condujeron operaciones, planes o programas de política económica que en algún sentido han cambiado la vida de los argentinos. Por ejemplo, un día te levantás y te dicen que un peso vale un dólar. Eso implica un cambio tremendo en la vida de una persona, sea rico o pobre, empresario u empleado. Estas operaciones fueron complejas y difíciles de llevar a cabo y han tenido un impacto fenomenal. Lo mismo con la tablita de Martínez de Hoz o el Plan Austral. Yo no intento decir si estuvieron bien o mal en tono de análisis. Lo mío es un trabajo periodístico.
-Sin dudas son personajes especiales.
-Sí. Martínez de Hoz, por ejemplo, no era economista. El estaba dispuesto a llevar a cabo una idea polémica de país, apoyado por Videla, su jefe político. Martínez de Hoz ni siquiera sabía mucho de economía, aunque tenía claro qué país y qué sociedad quería utilizando herramientas de política económica. Sourrouille estaba muy comprometido con su presidente, o mejor dicho, con la causa de su presidente, que era la consolidación de la democracia. Se decía que cenaba más veces con Alfonsín que con su mujer. El Plan Austral fue una operación política porque se gestiona con apoyo del gobierno norteamericano. Ocurrió en simultáneo con el Juicio a las Juntas, en 1985. En ese momento las tasas de inflación mensual eran del 25 o 30 por ciento. Eran muy altas y generaban inestabilidad. Por lo tanto atentaban contra el principal objetivo de Alfonsín, que era entregarle el mando a otro presidente elegido en forma democrática. Esta operación fue compleja e involucró el trabajo de muchos economistas, aunque la idea era disminuir la presión militar durante el juicio.
-Otra de las versiones populares era que Cavallo tenía estados maníacos…
-(Risas) Yo diría que es una persona muy intensa, que conoce el tema económico y que trabajaba casi todo el día.
-¿Tienen estos ministros de economía algo en común?
-Son personas con mucho ego, que sufrieron dejar el cargo. La función del ministro es como la de una estrella de rock, siempre en el centro de la escena. Además está comprobado que la adrenalina genera adicción y cuando no la tenés, caés en depresión. Imaginate que no te llaman los periodistas, no vas a la tele, no tenés más chofer. Cada uno de ellos lo sobrellevó a su manera. Lousteau se ha reconvertido y quiere seguir en política. Sourrouille, en cambio, desapareció y nunca más opinó. Machinea o Remes se fueron al exterior. Irse fue un golpe duro para todos ellos. 
-¿Qué opina del debate entre las posturas de economistas ortodoxos y heterodoxos?
-Creo que para determinados momentos del ciclo económico la ortodoxia es buena y para otros lo recomendable es la heterodoxia.
-Y para este momento, ¿cuál sería la receta recomendable?
-La ortodoxia. Habría que prepararse para cuando las cosas no vayan tan bien.
-¿Por qué no incluyó a Boudou entre los seleccionados?
-Porque no encontré ninguna medida suya con el alcance o implicancias de las otras que describo. No las hubo. Pero reconozco que Boudou le ha devuelto al cargo de ministro de Economía un poco de color y de glamour, por decirlo de alguna manera. La historia de las guitarras y las motos de Boudou debe ser interesante pero habría quedado descolgada. También debe ser interesante el recorrido desde sus inicios hasta hoy y hasta dónde va a llegar.
-Argentina no para de crecer. ¿A qué lo atribuye?
-Es una mezcla de factores. Aunque no hay economía en el mundo que crezca como lo hizo Argentina en los últimos años, sin una gestión económica detrás. Y más durante los primeros años de recuperación, después de la gran crisis de 2002, en la que la economía quedó vapuleada. Creo que una economía tan golpeada no se levanta por sí sola. Es innegable que la gestión económica ha sido exitosa por motivos como los planes de ayuda social o por el manejo del tipo de cambio. Ahora decir que estos dos items constituyen un modelo, me resulta exagerado. Es cierto que la situación internacional resulta favorable. Pero otras economías comparables no tuvieron resultados tan buenos como el de Argentina en variables como crecimiento económico y generación de empleo. Aunque en la variable inflación, perdemos. Es un mix: acierto en la gestión y viento de cola.
-¿Hacia dónde vamos? 
-Creo que vamos a una era de correcciones, aunque no sé si se van a hacer bien o mal. La región aparece mejor que en otras épocas aunque nadie tiene en claro que va a pasar con la economía mundial, después de la crisis generada por las hipotecas subprime, en la que se armó un desbarajuste absoluto. No tengo la bola de cristal.