Por Leandro Vesco

“Ahora firmo, antes no sabía, no conocía bien las letras, pero ahora voy a poder leer para salir adelante, para entendernos entre la gente que era analfabeta y trabajar para nosotros, no para los patrones. Así lo veo yo”. Con estas palabras conmovedoras, Patricio Otálora, de Ugarteche, provincia de Mendoza, lo dice todo. La independencia que da la educación es uno de procesos más trascendentes en el ser humano, la inclusión cultural en ámbito rural define un horizonte ilimitado que se abre como un abanico fascinante. La alfabetización rural es una de las mejores formas de crear la federalización de nuestro país.

El campo y la vida rural demuestran que con esfuerzo todo se puede. Hasta es posible salir de la oscuridad del analfabetismo. Eso se demuestra a partir de la entrega de 200 certificados de alfabetización a hombres y mujeres de distintos puntos del país en un acto que se llevó a cabo en el Congreso de la Nación y que impulsó el Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios (Renatea).

El trabajo de Renatea es ejemplar. “Vinieron ellos a mi casa. Renatea llegó y nos pusimos a estudiar, el grupo se armó en mi propia casa. Hoy me gradúo, estoy muy bien, y orgulloso de estar en Buenos Aires, en el Congreso”. Patricio define con orgullo y simpleza este renacimiento en su vida.

María Rosa Gómez es otra de las graduadas, vive en Santiago del Estero. Nunca pudo estudiar porque residió siempre en el campo, y la escuela le quedaba a una legua y algunas veces iba, pero la distancia era muy grande para lograr la regularidad y la constancia que exige la educación. Empezó en julio pasado el curso de alfabetización y lo terminó. “Es lindo aprender. Me permite seguir adelante. Voy a poner en la cabeza a la gente que no sabe leer, que aprenda, que siga aprendiendo, que se puede”.

La gente de tierra adentro colmó el Congreso de la Nación. Muchos de ellos venían por primera vez a la Capital. También hubo facilitadores y representantes de la Embajada de Cuba, ya que este programa de alfabetización usa el método cubano “Yo Sí Puedo”.

Lucas Aguilera, Gerente de gerente de Gestión y Políticas Públicas Territoriales del Renatea expresó: “Estamos muy contentos porque tenemos acá 200 graduados de todo el país. Creemos que esta alfabetización no sólo es para la lectura, sino que es la puerta de entrada a todos los derechos de un sector excluido hace 200 años”.

Luego de aprender a leer y a escribir estos hombres y mujeres de campo luego quieren enseñar, sienten el impulso de abrirle el camino a aquellos que aún están retrasados en la huella cultural. Así es como se viraliza la educación. Acaso sea éste el rasgo más emancipador que conlleva el acto alfabetizador.

Este programa surgió hace dos años a partir de la ley 26727 del Estatuto del Peón Rural. “Al salir la ley comenzamos con la fiscalización y nos chocamos con que muchos trabajadores no sabían leer el recibo de sueldo o que firmaban con el dedo.”

Según datos oficiales, ya hay 500 graduados: 114 municipios de 18 provincias aplican el programa, donde unas 1.500 personas están alfabetizándose, gracias a 500 alfabetizadores que realizan la tarea de facilitadores en forma voluntaria. Según el censo 2010, en el país el analfabetismo alcanza el 1.9 por ciento.

“Es muy emocionante –cuenta un facilitador- cuando vemos que estamos haciendo patria, en el sentido amplio de la expresión, ante las cosas que nos cuentan, que sufren problemas con las tierras, con los títulos, que sufren por no poder ayudar a hijos o nietos con la escuela”.

Desde el interior- que para El Federal es “el adentro”- comienza a surgir una fuerza que marca un rumbo que sienta sus bases en el trabajo y el esfuerzo, valores indispensables para que un país tenga futuro.