Uno de los artistas más sensibles, puros y delicados de nuestro arte. Desgraciadamente falleció con tan sólo 53 años de edad. Siempre recuerdo ir con mis padres a las subastas porteñas y deleitarme con sus flores, frutas y sus paisajes de la costa bonaerense. Parecía que acariciaba el cartón con sus pinceles. Era bombero en la Policía Federal Argentina, y en el cuartel de la calle Moreno, entre sirena y sirena pintaba sus delicadas flores y bodegones. Juan Otero nació en Buenos Aires, el 12 de marzo de 1920. Se formó artísticamente en MEEBA (Mutual de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes). Luego estudió en los talleres de otros dos sensibles maestros, como Roberto Rossi y Oscar Ferrarotti. Realizó exposiciones individuales en Buenos Aires, Mar del Plata, Tandil, Azul y Tres Arroyos. Participó en salones nacionales, provinciales y municipales, recibiendo premios, entre otros, en el Salón Nacional (1956), Salón Provincial de Tucumán (1957), Salón de San Fernando (1958), y Salón Municipal Manuel Belgrano (1959). Integró también la Muestra de Arte Sacro realizada en Roma en 1961, junto al grupo Mediator Dei. En los temas sencillos y cotidianos supo plasmar su actitud poética, y con su estilo personal supo distinguirse entre los pintores del llamado intimismo lírico, con una cuota de realismo mágico. Expresó el crítico Córdova Iturburu: “La naturaleza muerta, las flores, la figura, el paisaje, es decir, los temas tradicionales de la pintura, fueron y son sus temas, y por lo tanto, los vehículos de la revelación de sus impresiones y emociones ante el espectáculo del mundo. Los afrontó y los afronta, por eso, con una visión y una expresión exclusivamente suyas, inconfundiblemente suyas, regidas por un espíritu y una decisión transfiguradoras de irreversible autenticidad. Su dibujo, su paleta, sus texturas, su composición son suyos.” En su madurez artística, sus obras alcanzaron más luminosidad, gamas más claras y más afinadas tersuras. La recordada Carmen Balzer, una autoridad en estética (la filosofía de lo bello), destacaba: Juan Otero sueña, pero su sueño no lo encierra en el ensimismamiento solitario, ya que logra transmitir sus imágenes a través de un lenguaje cargado de sutilezas cromáticas, de una gama de infinitos matices, de tersuras extraordinarias en la materia. El todo plástico está como envuelto en una atmósfera cálida, intimista, donde el tiempo se detiene, las distancias se acortan, los crepúsculos se ciernen sobre el espacio infinito y los seres parecen desvanecerse a medida que ascienden hacia la luz…” Falleció en Buenos Aires, el 12 de marzo de 1973, el día que cumplía 53 años.