Texto y fotos: Leandro Vesco

Con el fin de rescatar todo lo que se ha perdido en el camino de la historia, Ana y Elsa hacen alfarería con arcillas que buscan en arroyos y barrancas revalorizando las técnicas ancestrales de los pueblos que vivieron en la zona de Pigüé, cuando este pedazo de tierra bendecida era territorio mapuche. Juntas hacen Maipu Mapu, tierra trabajada por segunda vez.

Pigüé, o Pi Hué en lengua originaria significa lugar de encuentro y eso significó para los ancestrales dueños de estas tierras que se presentan en abras, valles, sierras, lagunas y arroyos que crean un paisaje único y encantador. Hay pocos lugares que sean tan fértiles y que ofrezcan tantos beneficios naturales para vivir. “Primero estaban los indios pampas, después fueron invadidos por los mapuches, que se asentaron en estas tierras, era un lugar de encuentros de los indígenas, juntaban hacienda en el corral de piedras (cura malal), entre los cordones de las sierras que le permitían tenerlas encerradas pero con arroyos, es decir, con agua. En las sierras hay grutas y pinturas rupestres,  de las pocas que hay en Buenos Aires”, nos cuenta Ana Fernández Chávez, quien tiene una voz pausada que provoca un efecto sedante. El silencio de la creación completa su personalidad.

“Nos conocimos por los cursos de cerámica. Nos atrapó el trabajo manual, y la idea de hacer alfarería con arcilla de nuestra zona, y también rescatar la forma de trabajo de los pueblos originarios, fue así como nació Maipu MapuElsa Flemmer se detiene en los pequeños detalles, observa una de sus obras y relata que “quieren contar la historia a través de la cerámica, hacemos una investigación y tratamos de usar las mismas técnicas y dibujos que usaban ellos. Nosotras transcribimos las pinturas rupestres que están en la Gruta de los Espíritus” La presencia indígena fue muy fuerte en la zona y ellos dejaron sus obras de arte en las grutas de las sierras de Cura Malal, muy cerca de aquí.

En un espíritu reivindicativo, Elsa y Ana se toman muy enserio su trabajo y las piezas que hacen tienen un terminado perfecto, las vasijas parecen ser de porcelana. El método que usan lo aprendieron en diferentes aprendizajes e investigaciones: “Buscamos la arcilla en lagunas y barrancas de la zona, las preparamos nosotros, primero la molemos y luego creamos la pieza, usamos engobe para pigmentarlas, y las bruñimos con canto rodado para alisarlas y sacarles brillo. Luego las cocinamos en horno a leña, una vez cocidas las curamos con cera de abejas”

Las pinturas rupestres que se hallan en las sierras de Cura Malal son únicas y muy poco conocidas. Elsa y Ana copian las grafías que se hallan en las paredes de las cuevas a sus obras. Cada diseño es original y fue hecho hace cientos de años, acaso en un tiempo impreciso, pero vuelven a tener vida y significado a través de las manos de estas dos compañeras que en el silencio de su taller en una calle arbolada de Pigüé crean un puente que une dos tiempos que se materializan en vasijas, máscaras y toda clase de elementos agraciados.

Pigüé tiene calles adoquinadas, bulevares arbolados, esquinas centenarias, edificios señoriales, el paso de la inmigración francesa se ve en el trazado de sus calles, cómodas y tranquilas. Es una localidad diferente, tiene personalidad propia. Su patrimonio cultural, gastronómico y artístico son notables, la oferta de turismo rural es atractiva y se puede apreciar en los distintos emprendimientos que integran el grupo Sierras y Pampas que asesora Marina Monje y que forma parte de los grupos de Turismo Rural de Cambio Rural de INTA.

La Cueva de los Espíritus es un lugar sagrado para los mapuches, allí sus ancestros dejaron pinturas que sus descendientes hoy veneran, como  Leonel Likanlawen quien intenta explicar su significado: “La Cueva fue el inicio para alcanzar el “inche”, el yo, la trascendencia del cuerpo humano. Kuramalal representa el “reni”, la puerta al otro tiempo de las piedras, que conectaba el mundo visible del invisible, el lenguaje sagrado de nuestros ancestros ha quedado impregnado en las rocas” Maipu Mapu creó un puente a través de su alfarería artesanal que traduce esa lengua en obras de arte.