Al igual que la minería, la industria de los agrotóxicos no genera ninguna ganancia ni beneficio social ni mucho menos ambiental. Con el cierre de las plantas de Atanor de Munro y Baradero donde se producía el mayor volúmen de glifosato del país, la apertura de las importanciones abrió las puertas a glifosato más barato que llega desde Brasil y China.

Todo lo que rodea al glifosato es negativo y habla de un comercio en donde no existe ninguna clase de escrúpulos. La mayor parte de glifosato que se usaba en el campo provenía de las plantas que Atanor tenía en Munro y Baradero, en febrero de este año, los operarios de esa planta cuando fueron a trabajar se enteraron por un folleto pegado en la entrada a las plantas que Atanor había decidido cerrar las plantas.

Nadie de la empresa dio la cara: ese es el mundo del glifosato. “Hay ochenta familias que quedaron sin sustento”, comentó a la prensa en esos días Néstor Carrizo, del sindicato de petroquímicos. “El gobierno lo permite, es una falta de respeto que lo comuniquen con un cartel” El gobierno nacional, en su política de apertura comercial, abrió las puertas de la importación y con esto, al productor agrícola le fue mucho más barato comprar glifosato de Brasil o China que el producido en el país.

Según informes de la Consultura RIA en el primer bimestre de 2017 entraron al país 874.440 litros de glifosato de origen brasilero, en el año 2016 en el mismo período, no uno importación de este veneno. Aunque no hay cifras, las importaciones provenientes de China también aumentaron. En forma simultánea, los precursores químicos que se usan para fabricar el principal agente tóxico que se usa en el campo bajaron, como por ejemplo la sal pmida.

El glifosato es una sustancia que se usa dentro del paquete tecnológico necesario para el cultivo de semillas transgénicas, es responsable de producir cáncer, malformaciones, problemas respiratorios y la muerte. El lobby sojero, principal consumidor de este agente químico logró que la justicia rechazada la suspensión de glifosato en el país. Por sus efectos daniños a la salud, el Estado de California en Estados Unidos obligó a Monsanto a poner una etiqueta de “Cancerígeno” en los bidones de glifosato, una publicación cientifica relacionó las casos de cáncer de Monte Maíz (Córdoba) con la exposición de la población con este veneno, que está también presente en toda la cuenca del río Paraná. El 75% de la superficie cultivable de Argentina usa glifosato.

Ahora, este veneno viene de Brasil o China.