Por unos días voy a dejar que me mimen, desde que me ayuden con la comida, hasta que usted me lea los diarios. Algunas cosas le voy a pedir que me las vuelva a contar,  pues no sé si fue por el efecto de la anestesia o de las drogas, pero me están dando vueltas algunos temas que parecen el producto de una mala noche de sueño. 
-Es un placer para mí, doña, sobre todo tenerla compartiendo este clima tan especial que tiene la galería del campo. Es un punto de encuentro, y todo va y viene sin solución de continuidad.
-Usted despacio -sonaron firmes la voz y la mirada de Prosperina, mientras convidaba un mate-. ¿Qué apuro tiene? Las vacas siguen dando leche, las gallinas,  si bien han sentido  el verano intenso, algo ponen, en el galpón, salvo que  hagan ruido con las herramientas cuando llevo el mate cocido, todos están trabajando y la huerta bien regada nos ofrece las verduras. 
-M´hija, si bien lo que pido me lo alcanzan, uno quiere valerse por sí mismo. Hoy me desperté y por instinto me quise sentar de golpe y vi las estrellas.
-Eso por no llamarme. Ud. sabe que detrás de Prosperina aparece mi sonrisa, y aunque creo que añora a los ángeles que la atendieron en el Hospital Alemán, cuando me dijo don Francisco adónde la llevaban pensé: pobre doña Potola.
-¿Por qué pobre, m´hija?
-No imaginaba cómo se iba a poder comunicar. No sé hablar ningún otro idioma que el que expresan mis ojos, y doy fe que sirve.  En esos momentos extremos y sin poder pronunciar palabra, se produce la máxima comunión entre las personas sólo con la mirada… Quienes han decidido consagrar su vida a mitigar el dolor del prójimo, saben interpretar hasta el mínimo deseo.
-No se ponga celosa, pero deje que les vuelva a dar las gracias a las manos que en plena noche pasaban con una leve caricia para que no me sintiera sola, y al abrir los ojos me daban la yapa de una sonrisa cargada de ternura. Pero, bueno, caliente un poquitín el agua, mientras mi amiga me pone al día con algunas noticias.
-Me cuesta rebobinar porque hubo mucho y muy sabroso. No hay vuelta en la tirantez que se viene generando entre la CGT y el Gobierno. Hablo de CGT y digo Moyano, y digo Gobierno y digo Cristina.  A l que no se hace rogar para sacar la guitarra y cantar, a nuestro flamante vicepresidente, parece que le ha durado poco el romance con el Ejecutivo y con el ala dura del partido que no lo pasa, y ya le empezaron a desplazar las piezas que había apostado en puestos clave. La información cuestiona la integridad moral del funcionario, y nadie dice nada.
 -Pobre hombre, señora, en qué berenjenal se metió.   
-Hace mucho tiempo que el antón pirulero es el juego preferido de los funcionarios. Cada uno atiende su juego y trata de poner cara de santo para proteger a su entorno y que nadie sospeche del tren de vida que llevan.
-Ahora bien, ¿ todo esto no será un problema de polleras despechadas?,  al hombre la pinta y la sonrisa eterna le dan perfil de conquistador.
-Puede ser, doña, pero hay pruebas que comprometen a oficinas que han gestionado para que el amigo se hiciera de una empresa que cuesta millones y no daba la billetera.                                                                            
-Señora, cuando se gestiona por amigos se gestiona. ¿Cómo  compraron las acciones de YPF los amigos del poder y no las compró el país? Hay empresas y hay  negocios que dan pérdidas, y las mantenemos nosotros, y hay algunas perlitas que los amigos se reparten para poder militar y seguir aplaudiendo en la Casa Rosada, que de rosada ya le queda poco. Antes de que me internaran me dieron un paseo y parecía con las nuevas luces una casa de citas, de esas que en la ruta las ilumina un farolito colorado.   
Si Dios quiere, nos encontramos en cualquier camino.