Por Leandro Vesco / Fotos: Juan Carlos Casas

Mapis es un pueblo en la periferia del partido de Olavarría, de muy difícil acceso: no pasa el tren, no hay señal de celular y tampoco tienen luz. Ahora se le suma un agravante: la única línea telefónica que funcionaba en el legendario almacén de ramos generales hace semanas que no tiene línea. 

Rodolfo Silvestre, dueño del almacén en donde se halla el teléfono se comunicó con El Federal Web hace algunas semanas para expresarnos su preocupación. Había salido del pueblo y en un lugar en donde por arte de magia a veces aparece señal, pudo hablar: “Hay incendios en la zona y la situación es desesperante, el teléfono es nuestra única vía de comunicación con el mundo. No podemos llamar a la ambulancia, ni a nuestros familiares, si pasa algo ni a los bomberos para avisar. Acá en Mapis puede ocurrir cualquier cosa que nadie se enteraría”.

La entrecortada comunicación se malogró y, como pudo, moviéndose de un lado al otro, la señal volvió a aparecer y Don Rodolfo completó su relato: “Hace tres días hubo un incendio en un campo vecino, y nosotros en el pueblo lo único que podíamos hacer era esperar, si el fuego avanzaba teníamos que irnos, si cambiaba el viento, nos quedábamos. No pudimos llamar a los bomberos porque el teléfono no andaba. Si hay una urgencia médica, no podemos hacer nada”.

La ONG Proyecto Pulpería, quien junto a El Federal estuvieron hace algunas semanas en el pueblo, comenzó a hacer gestiones y comprobó que desde la propia empresa –su casacentral en la Ciudad de Buenos Aires- se pasan el problema entre diferentes áreas que se declaran incompetentes ante algo muy sencillo: mandar una cuadrilla y arreglar el teléfono para que este comunidad pueda volver a tener la posibilidad de estar comunicada. La incompetencia de la empresa, no tiene rival.

Telefónica de Argentina es la responsable y Rodolfo paga a pesar de que no tenga servicio, pero la compañía, mostrando un desinterés absoluto en la realidad de este puñado de argentinos que hacen patria allí donde muy pocos se animan, no da ninguna solución al respecto. 

Mapis fue una importante estación, pero cuando dejó de pasar el tren las cosas se vinieron abajo. De todo aquel esplendor sólo queda el almacén de ramos generales que siempre permaneció abierto y que atiende desde la década del 30 del siglo pasado la familia Silvestr. A los pocos metros, en una antigua casa –dependencia ferroviaria- vive un hombre en soledad. Estos son los únicos habitantes estables del pueblo. No suman más de diez. Luego hay una escuela y una pequeña capilla. En planta rural hay algunos habitantes más, diseminados a varios kilómetros. Pero toda la actividad social converge en el almacén. Aquí es donde se proveen de todos los elementos necesarios para vivir, y también para llamar por teléfono. Sin este último, la población se halla sin ninguna posibilidad de comunicación.

“Me dicen que ya van a venir”, nos logró comentar finalmente Rodolfo antes de que el endeble punto de recepción en lo alto de una loma se refugiara en el vacío. Había resignación en su tono de voz. El maltrato recibido duele. A ciencia cierta, la esperanza no sólo de Rodolfo sino de toda esta pequeña comunidad ya no crece más. Pasan las semanas y Telefónica de Argentina pareciera olvidarse de los miles de clientes que en las pequeñas comunidades como Mapis aún están pendientes al teléfono fijo, y que no sólo en la Costa Atlántica hay argentinos, o acaso, en tiempos en donde su empresa encargada de brindar servicio de telefonía celular promociona la tecnología 4G, todavía no es capaz de arreglar un viejo y simple aparato que da vida a todo un pueblo. Quieren viajar al espacio, pero en carretilla.

Mapis espera una respuesta pronto, antes de que suceda algo y que luego todos tengamos que lamentar. Sabremos entonces de quien fue la responsabilidad mayor.