Se trata de un dispositivo que tiene el tamaño de un grano de arroz, y que se coloca con una jeringa debajo de la oreja, en el tejido subcutáneo. 

Hasta el momento, este tipo de chips únicamente podían colocarse en veterinarias, pero desde el municipio no están conformes con la cantidad de propietarios que cumplen la normativa.

Daniel Gagliardo, jefe de Zoonosis de la localidad balnearia, informó que “a partir del próximo mes, los dueños de perros que puedan considerarse peligrosos por su tamaño o sus características podrán colocar en dependencias comunales este tipo de chips, para facilitar el monitoreo y el control“.

El objetivo de esta medida, según explicó Gagliardo, “es impulsar el cumplimiento de la ordenanza 22.031, promulgada en 2014, que exige que estos animales estén identificados y monitoreados”.

Cada uno de esos dispositivos cuentan con un código de identificación único, que puede ser analizado únicamente con un lector especial, y contiene información tanto del animal como de sus dueños. “Muy pocos lo cumplen, por eso se avanzó con la compra de 500 microchips. Para facilitar la colocación a un precio muy bajo de 300 pesos“, dijo Gagliardo, y agregó que este sistema “permite disponer de los datos del dueño, su dirección, información de la libreta sanitaria y otros datos considerados necesarios”.

Además de este dispositivo, la ordenanza exige contratar un seguro de responsabilidad civil “para la plena cobertura de la indemnización por los daños y perjuicios que el perro pudiere provocar a terceros.

La normativa alcanza a “las distintas razas que por su potencia de mandíbula, musculatura, talla y temperamento agresivo puedan causar la muerte o lesiones graves a las personas u otros animales“.

La lista incluye a las razas airedale terrier, american pitbull terrier, bóxer, bullmastif, bull terrier, doberman, dogo argentino y alemán, gran danés, gran perro japonés, mastín inglés y napolitano, ovejero alemán y belga, rottweiler, san bernardo, entre otros.