Por Marcelo Elbaum*

Fotos Marcelo Arias

 

Es muy común escuchar:  “No me sobra dinero después de pagar las cuentas”. Esta afirmación se basa en el prejuicio de que el monto del ahorro debe ser importante desde el comienzo y descarta de plano la idea de que se pueda establecer una suma pequeña, pero constante, que sumada e invertida se transforme en una mucha mayor.

 

Para desactivar esta creencia tan perjudicial, le propongo realizar unas cuentas sencillas. Cualquiera de nosotros de seguro gasta unos 2 dólares diarios en cosas completamente prescindibles. Si en lugar de gastarlos, los ahorrara e invirtiera de manera constante con una rentabilidad anual del 10%, entre los 25 y los 65 años, obtendría aproximadamente 375.000 dólares aunque el dinero aportado durante ese tiempo en realidad solo haya sido de 29.000 dólares. Increíble, ¿verdad?

 

Desde luego que tal vez a los 25 años a nadie le resulte sencillo ahorrar ni siquiera 1 dólar diario. Pero dicha situación, en general, cambia hacia los 40. Si se espera hasta esa edad y se invierten 300 dólares mensuales , 25 años más tarde se obtendrán 400.000 dólares, lo que no es una cifra despreciable en absoluto.

 

La clave se encuentra en la tasa de interés compuesta. Esto quiere decir que cuando la rentabilidad es del 10% y se invierten $100, al final del primer año se obtienen $110 (o sea, le devuelven el capital de $100 más $10 de intereses), pero en el segundo año se reciben $121, o sea un rendimiento del 10% sobre $110. Allí reside la magia y el secreto que, lógicamente, dan por tierra con la falsa creencia de que del pequeño ahorro cotidiano no nace la riqueza.

 

Extracto del libro:  “Economía argentina para dummies”, Editorial Planeta.

 

*El autor de esta nota es experto en finanzas personales. Además, escribió los best-sellers Hombre rico, hombre pobre y Ser rico es posible.