Mario Pérez juega con los colores y las líneas en su cabeza. Así de la da vida a mundos propios que después terminan materializándose en obras, generalmente de gran porte. Pertenece sin duda, a la dinastía de pintores sanjuaninos que comenzó con Benjamín Rawson y seguido de grandes maestros. 

Mario Pérez sueña con un mundo mágico. Los barcos pueden ser de papel, el cielo puede ser un estanque y las fogatas embellecen la atmósfera. Todavía hay en él rastros de ese niño nacido en el seno de una familia trabajadora en el barrio Capitán Lazo. Tuvo una infancia como la de cualquier pequeño y una adolescencia similar. Cuando llegó la hora de estudiar una carrera se inclinó por el consejo familiar y empezó Ingeniería. Pero poco duró su esfuerzo por encajar con las calculadoras y los análisis matemáticos: al año dejó todo e inició el Profesorado de Artes Plásticas en la Universidad Nacional de San Juan. 

Así comenzó su camino profesional en las artes. Al poco andar llamó la atención de galeristas internacionales luego de ganar numerosos concursos en el país. De esta forma llegó a Nueva York y a California enamorando a todos con su innovadora perspectiva del mundo. Mario trabajó algunos años en el Obrador Central.

Sus horas en las oficinas de aquella dependencia del Estado atravesaron la etapa inicial de su obra, en donde los temas sociales se perciben en el instante. A medida que fue madurando se inclinó a lo sobrenatural siendo los duendes y  las hadas grandes protagonistas en sus cuadros. Ahora se oberva en su obras macrovisiones del universo desde la cercanía de los personajes cotidianos.

 

Desde el Jueves 14 de agosto hasta el Miércoles 10 de Septiembre de 2014. En Zurbarán. Cerrito 1522. Lunes a viernes de 10:30 a 21. Sábados, de 10 a 13. Entrada libre y gratuita.