Por Matilde Moyano
 
Una nueva investigación científica detectó la presencia de glifosato en lugares donde no debería estar. Este herbicida catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como posible cancerígeno en 2015, fue hallado esta vez en alimentos utilizados en el desayuno en Estados Unidos: harina de avena instantánea, copos de maíz, pan, huevos, y crema de café a base de leche, crema de trigo, yogur y papas.
 
El estudio pertenece a la organización no gubernamental estadounidense Alliance for natural health (Alianza para la Salud Natural) que publicó los resultados de las pruebas de seguridad de dichos alimentos. El ensayo de inmunoabsorción ligado a enzimas reveló la presencia de glifosato en 10 de las 24 muestras de alimentos wwweados.

Desarrollado en 1970 por la multinacional Monsanto, el glifosato es el principio activo del herbicida RoundUp. La utilización de este agroquímico brinda a los agricultores la posibilidad de controlar las malezas de forma total, porque no afecta los cultivos genéticamente modificados como la soja. Argentina es el tercer productor mundial de soja, después de Estados Unidos y Brasil, y hoy un tercio de la población de nuestro país se encuentra afectada directa o indirectamente por el glifosato, según demuestran los estudios de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

En 2015 este agroquímico fue hallado en orina humana en Mar del Plata, en muestras de sangre y agua en Pergamino, y en algodón, gasas y tampones comercializados en nuestro país. En el resto del mundo se encontró en vinos de California, en cervezas alemanas, y ahora en Estados Unidos lo encuentran en los alimentos del desayuno.

Esperábamos que las trazas (de glifosato) se presentaran en los alimentos que contienen grandes cantidades de maíz y de soja. Sin embargo, no estábamos preparados para constatar lo invasivo que este veneno ha sido en toda nuestra cadena alimentaria“. El glifosato “está apareciendo en alimentos como los huevos y la crema de café, que no están en contacto directamente con el herbicida, muestra que está siendo transmitida por los animales que lo ingieren en su alimentación. Esto es contrario a todo lo que los reguladores y científicos de la industria han estado diciendo al público”.

La presencia de glifosato en huevos y productos lácteos apoya el temor de que la sustancia química se acumula en el tejido de estos animales y por lo tanto también en el tejido humano, en un proceso llamado bioacumulación. Además, estos estudios no incluyeron análogos de glifosato, tales como N-Acetylglyphosate, que pueden estar presentes en los alimentos y se sumarían a la cantidad de glifosato acumulada en el cuerpo humano. El glifosato y sus análogos son disruptores endocrinos para los seres humanos, por lo que afectan los niveles de hormonas y producen diferentes efectos en las distintas etapas del desarrollo humano.

La Food and Drug Administration (FDA), agencia de alimentos del gobierno estadounidense, se comprometió a analizar los residuos de glifosato en “algunos alimentos”, como la soja o el maíz. Pero la cantidad permitida por los organismos de control no tiene en cuenta esta investigación independiente ni los nuevos estudios que prueban la alta toxicidad del glifosato y otros pesticidas. Para la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (ADI) es segura la cantidad de 1,75 miligramos por kilogramos de peso corporal al día, mientras que en Europa sólo consideran seguros 0,3 mg por kg de peso corporal, un valor seis veces menor.

En 1996 Argentina acordó con Monsanto la comercialización de soja transgénica y el uso del glifosato sin estudios de impacto ambiental ni evaluación de daños humanos. Desde entonces, en menos de una década los casos de cáncer en niños se triplicaron en algunos pueblos de nuestro país, donde además crecieron un 400 por ciento los abortos espontáneos y las malformaciones en recién nacidos. Mientras tanto, Monsanto se sigue dando el lujo de formar parte de nuestra alimentación y, como se anunció recientemente, de integrar iniciativas que involucran a nuestros niños, como lo es el programa porteño ‘Mi escuela saludable‘, porque somos el país que más glifosato consume en el mundo.