Topo Encinar nació en Tafí Viejo, Tucumán. Lejos de la parecita en la que se apoya ahora para afinar su guitarra. Allí comenzó su sueño de tocar: empezó de manera informal y en su adolescencia escuchó mucho folklore argentino. Influido por la música autóctona aumentaron sus ganas de hacer sonar un instrumento. Armó grupos folklóricos con amigos de Tafí Viejo, hasta que terminó la secundaria y fue a vivir a Santiago del Estero: allí tocó en una agrupación que se llamaba “Tucho Ruffa y la Calle”. “Tuve la oportunidad de trabajar con gente como Jacinto (Piedra), Horacio Banegas, he conocido muchos músicos; en ese momento había una efervescencia y me imagino que ahora la sigue habiendo. Con el tiempo he armado otras agrupaciones, acompañando gente también hasta que en el 93 formé un grupo que se llamaba Mulalma, que era un trío con el Bonzo Orak y Furia Alberto con el que grabamos un disco. Después de disuelta esa banda, en el año 2001 empecé a grabar demos y a hacer mis canciones, ya de manera solista y así llegó “Apaganoches”, rememora aquellos tiempos.
.¿Y también “De Topo un poco”?
-Sí, yo lo considero un proyecto a medio terminar, pero existe ese material.
-¿Y “Apaganoches”?
-Fue mi primera experiencia solista donde yo he decidido todo lo que va a ir en el disco. Con Mulalma si bien yo componía las canciones, los tres nos involucrábamos. “Apaganoches” es un trabajo que lo he pensado yo, lo he compuesto, arreglado y con canciones al ciento por ciento mías. Un disco que a mí me gusta mucho, porque es mi primer intento de mostrarme tal cual era. Creo que es un disco que está bueno, pero siempre se puede mejorar; es un disco agradable, que tiene un equilibrio, hay cosas interesantes. Es un disco de canciones básicamente, que no tiene nada extraño, yo soy muy creyente del género canción, me gusta mucho así que el disco va por ese lado.
-Llegamos a “Así sea”, que es bastante urbano.
-Es probable, el hecho de que viva desde hace diez años en Buenos Aires, haya influido para que saliera un disco de esas características. Es cierto que el álbum despida algún aroma porteño, pero es algo que no percibo mucho: yo me siento muy tucumano. De hecho, la zamba “Mercedes Yampa”, con Juan Falú en la viola, es recontratucumana. Tal vez, para encontrarle una definición, sea éste el menos folclórico de mis discos.
-¿Con respecto a tus dos álbumes anteriores (“Apaganoches” y “De topo un poco”) evolucionó tu trabajo?   
-Cada disco que hago es mejor al anterior. Este que hicimos, me parece el mejor de todos, conceptualmente, compositivamente, musicalmente también. Para mí este disco es el más completo y el más complejo de todos.
-¿Cómo llegaste a esa conclusión?
-En los otros discos trabajé solo, además tocaba en vivo con una viola y un bombo nomás. En esos dos primeros discos grabé casi todo yo. En cambio en este álbum, con una formación de quinteto, la participación de los chicos es vital. Las canciones son mías, pero partimos de una idea. Después todos vamos haciendo aportes. Es bastante democrático nuestro trabajo. Para mí es buenísimo, nunca estudié música y llega un momento en donde las limitaciones se notan. Yo no sé ni leer ni escribir música, entonces hay muchos arreglos que necesitaron del academicismo que yo carezco, digamos.
-Un verdadero artista independiente.
-Sí. Vivo como todos los artistas independientes. Con la falta de medios de difusión, con la imposibilidad de grabar en condiciones óptimas, bancando todo. Por ahí yo tuve suerte que con el tiempo ha ido apareciendo gente que se interesó por mi trabajo y me dio una mano de manera personal. Es una realidad difícil, pero es la que hay y en la que yo me siento muy cómodo porque no tengo ninguna presión de nadie, puedo hacer lo que yo quiero, cantar lo que yo realmente quiero, al margen que canto siempre mis canciones y no hay nadie que me venga a decir: “Che, por qué no grabás ésta”. Lo elijo y lo defino yo, y eso es muy piola.
-¿Hay muchos músicos en Tafí Viejo?
-Hay una gran cantidad, no sé por qué fenómeno se ha dado así. En Tucumán, Tafí Viejo siempre se ha caracterizado por tener buena música y siempre hubo proyectos de bandas. Creo que se respira una musicalidad y eso me parece que está bueno. Hay un grupo grande de amigos, gente que anda haciendo cosas por allá y yo me siento parte de ello, aunque me haya ausentado bastante sé que se está constantemente creando. Yo he decidido salir un poco a ver qué pasaba afuera y eso también ha modificado mi forma de ver las cosas, de componer, escribir, pero creo que Tafí es un polo creativo muy importante dentro de lo que es Tucumán.

SANTIAGO QUERIDO. El Topo sube a la terraza con un mate en una mano y un termo en la otra. Comparte con El Federal unos amargos en una de esas tardes grises en las que anochece temprano. Las paredes también grises de la terraza del estudio donde ensaya el Topo con la banda parecen invisibles.
-¿Cómo recordás tu paso por Santiago del Estero?
-Viví en Santiago dos años, al principio de mi carrera como músico, era el año 90. En el 92 yo me he vuelto a Tucumán. Antes de ir a Santiago, era muy joven. En Tucumán estaba muy moda la música de Santiago, la gente con la que yo me juntaba miraba mucho para Santiago, tuve la oportunidad de tocar allí con una banda, era un músico que yo conocí en Tucumán. No tenía nada que hacer en Tucumán y fui a probar a Santiago. Para mí ha sido muy enriquecedor por la bohemia que había en ese momento en Santiago. Hacía poco tiempo que Jacinto (Piedra) se había separado de Peteco, habían vuelto Koki y Pajarín Saavedra (NdR: bailarines, hijos del gran  Carlos Saavedra) y estaban en Santiago. El dúo de Peteco y Jacinto eran Los Beatles ahí. Me acuerdo de un momento glorioso, en la inauguración de un campeonato argentino de básquet tocaron todos los músicos de Santiago. Peteco y Jacinto ya estaban separados, cerró Peteco y lo invitó a Jacinto a tocar una chacarera que bailó Juan Saavedra. Fue un momento increíble. Estaba en el medio de la crema y ahí fue también que empecé a ganar un mango también. Poquito, pero era un ingreso. Yo quería tocar y aprender. De ahí me volví a Tucumán y conocí a todo el ambiente del folklore, hasta ese entonces sólo conocía a Mate de Luna y a Lucho Hoyos. En un momento me decidí a cantar mis canciones, hasta ese momento, yo acompañaba.