Es difícil seguirle el tranco al ministro de Agricultura, Julián Domínguez. Es, posiblemente, el funcionario del Gabinete nacional que mayor euforia vive por estos días: Los múltiples anuncios que genera su gestión lo mantienen prácticamente todo el tiempo arriba de un avión o en las rutas, recorriendo el país y otras naciones. Pruebas al canto, y sólo por citar algunas de las cuestiones clave que se manejan desde la cartera agraria, en las últimas semanas el nuevo súperministro de Cristina Kirchner recibió en Buenos Aires a todos los ministros de Agricultura del Mercosur, en el marco del Consejo Agrícola del Sur: Les presentó el Plan Agroalimentario Nacional 2010-2016, con gran éxito. Días después recibió, en el INTA Pergamino, a 14 altos dignatarios del Africa Subsahariana, para ofrecerles tecnología agrícola y asesoría técnica argentinas.
Domínguez también lideró a los equipos técnicos que elaboraron el informe base de la ley de Extranjerización de la Tierra que anunciará la Presidenta en pocos días. Y presentó un flamante Plan Ganadero que incluye asistencia crediticia para que los productores aumenten el rodeo. Todo, en consonancia con su propio lanzamiento político, afiches mediante, por toda la Capital Federal. El titular de la cartera agrícola vive su momento.
– ¿Y, ministro? ¿Llegamos o no llegamos a los cien millones de toneladas?
– Lo primero que tenemos que resolver es cómo medimos. Cómo hacemos las estimaciones.
– No me diga que se lo va a pedir al Indec…
– No, hay organismos técnicos del área que se encargan del tema. La Argentina tiene uno de los sistemas más competitivos en la estimación de cosecha. De esto hemos trabajado con los organismos técnicos nacionales e internacionales en la corrección, incluso, de los mecanismos de medición, y hemos hecho mucha inversión en la medición de estimaciones. Estamos por sobre los cien millones de toneladas. En cuánto hemos superado ese volumen, nosotros en algunos cálculos hemos sido conservadores, y esperamos el fin de las cosechas, en particular las de maíz y soja, para hacer el ajuste final sobre estos cultivos, pero ya hemos superado esa marca.
– No entiendo. Si tenemos una cosecha récord, ¿de qué se quejan los dirigentes del campo?
– Mirá, si nos conocés a quiénes somos del interior, y estamos vinculados al campo, siempre nos quejamos por algo. Es nuestra esencia.
– ¿Usted logró sentar a la mesa de negociación a los dirigentes rurales porque su familia proviene del campo, o porque es buen político?
– Mirá, la peor chambonada que podemos hacer en un país que está creciendo, como está creciendo la Argentina, es no sentarse a hablar. Si el atraso tiene un nombre, es la falta de diálogo. Si el atraso tiene una caracterización es gastar las energías en cosas en que no hay que gastar. En el diálogo uno conoce las demandas, las necesidades. Lo que piensa, lo que siente la gente. Los del interior somos así, no somos demasiado complicados. Ahora, mi abuelo me enseñó que, cuando venía al campo gente del pueblo que hablaba raro, habitualmente uno se ponía una persiana. Y la bajaba.
– Entiendo. Una coraza, para resistirlo.
– Sí, porque estaba seguro que ese tipo lo estaba embaucando. Y me parece que lo que hay que sacar son palabras que no sumen. Hay que mirar en positivo qué ha pasado en el sector, en el país. Eso nos va a permitir darle más visibilidad. Cuando podamos definir que no hubo un momento de crecimiento en la historia argentina como este momento, que nunca se han sembrado tantas hectáreas, que no hemos tenido nunca un rendimiento como éste, porque era un sueño de generaciones llegar a los cien millones de toneladas, vamos a tener que preguntarnos en qué gobierno se alcanzó todo ésto, qué gobierno lo hizo posible. Ahí se van a poder valorar las figuras de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner. Sobre todo, ¿sabés por qué? Porque defendieron lo nuestro. Al decir: “Primero vamos a saldar la deuda interna y después cumplimos con el mundo exterior”, eso por ejemplo significó que el INTA pudiera tener quinientos por ciento más de inversión en el financiamiento del proyecto de desarrollo experimental, de conocimiento y de transferencia de tecnología. Porque gobernar Argentina con disciplina fiscal, investigación y desarrollo, nos permitió que todo el sistema de investigación y de transferencia de tecnología esté puesto al servicio de nuestra producción agropecuaria. Así que creo que por eso la Argentina está viviendo el momento que vive.
– Supongo que buena parte de ese éxito se debe al esfuerzo de los productores. Con los que el actual gobierno no se llevó bien, hasta que se creó el Ministerio de Agricultura. Fue como un antes y un después. No me diga que no.
– Nosotros, quienes somos gringos del interior, no entendíamos mucho por qué la Argentina no tenía un Ministerio de Agricultura y de Ganadería, sobre todo por lo que representan estas actividades en el Producto Bruto Interno. Me parece que la Presidenta tomó nota rápidamente del debate que había vivido la Argentina, el cual marcaba dos cosas que son fundamentales: Primero, un sector que es vital, y segundo, que uno tiene que aprovechar las diferencias como oportunidad de crecimiento. Creo que la Presidenta tomó inteligentemente este debate y esta discusión como una oportunidad de crecimiento, y de hecho se han aumentado 30 millones de toneladas en estos años. En 2007 estábamos produciendo 72 millones de toneladas, sequía mediante, y ahora estamos a cien. Cuatro años después, tenemos 32 millones de hectáreas sembradas, y asistimos al nacimiento de una nueva clase empresarial argentina, que tiene presencia en terceros mercados como Brasil, India, China, los países africanos… Ha nacido en los últimos años una clase dirigencial, empresarial, que es la burguesía nacional que tracciona el crecimiento y el desarrollo del país. Y esto es producto de un modelo de país en el cual el campo juega un rol muy importante, y donde los commodities valen.
– Se nota que se lleva muy bien con un par de entidades del campo, como Coninagro y la Federación Agraria. ¿No?
– Mire, yo tengo una definición que es mi esencia, sin la cual, si no dijera esto, traicionaría mi lugar de pertenencia. Estamos en Pergamino, y yo soy de acá, de cien kilómetros. Este olor, este ruido, es mi lugar, es mi historia. Yo me siento socialmente federado y filosóficamente soy cooperativista. Porque además creo que el desarrollo de la agricultura y la ganadería en la Argentina va a estar tirado por la asociación de los productores nacionales, y me parece que acá también tienen que tener un nuevo despertar los productores. Tienen que darse cuenta que tienen que ir por más en la captación en la renta en los otros procesos. No basta con quejarnos de lo que pasa en los mercados. Hay que tener la firme determinación de asociarnos y aprovechar las posibilidades que el mundo nos dé. Y nuestros empresarios nacionales, nuestros productores, deben participar activamente del comercio exterior de granos, de cereales y de oleaginosas. Yo veo una gran oportunidad, y ojalá que en esta década se despierte ese dinamismo y vayamos por más asociativismo, por más capacitación cooperativa, y que se generen las condiciones para que parte de la renta que hoy no queda en los productores ni en el proceso de comercialización, pueda quedar en los que producen.
– En sintonía con este último concepto, ¿la Presidenta le pidió desarrollar una ley de extranjerización de tierras y de arrendamientos?
– A ver, yo te voy a contar lo que la Presidenta planteó en el Congreso. la Presidenta planteó una ley que ponga límites a la inversión de fondos extranjeros, o de fondos soberanos, porque entendemos que la fábrica de alimentos del mundo es la tierra, a la cual tenemos que cuidar y proteger. La información técnica la va a dar ella, en el momento que considere pertinente y adecuado. Lo que sí evalúa la Presidenta es que quiere que el principal recurso estratégico no renovable que tiene la Argentina quede en manos de los argentinos. Por eso, es una nueva apuesta a la producción y a los productores. Esto es un tema de defensa de los intereses nacionales, de los productores.
– Esta semana se reunió con sus colegas del Cono Sur en el Consejo Agropecuario del Sur. Ellos manejan problemáticas parecidas.
– Sí. De lo primero que hablamos fue del tema de la tierra. Brasil tiene la misma preocupación. Uruguay también está con el mismo tema.
– Comentan que ustedes en el Gobierno están contentos con el modelo que adoptó Brasil para enfrentar el tema de la tierra en manos extranjeras.
– El modelo brasileño es un modelo que perfectamente se puede tomar, pero la Presidenta lo que pretende es garantizar la titularidad de la tierra en manos argentinas, pero como un instrumento que permita construir certezas al lado de la inversión. Es decir, lo que la Presidenta dijo en el Congreso de ninguna manera puede ser una señal que desaliente la inversión. La verdadera revolución en siembra directa lo han hecho la inversión y la investigación en la Argentina. Lo que pretendemos es decir que la tierra no es inversión, pero sí todo lo que se hace sobre ella, y la titularidad del principal recurso tiene que estar en manos de los argentinos, como han hecho los países más desarrollados del planeta, preservar el recurso que le es propio. Hoy los grandes mercados de capitales emergentes del mundo están buscando para invertir, precisamente, en titularidad de tierras.
– Cuénteme sobre el Programa Agroalimentario. ¿Está avanzado?
– Este es un proceso de participación de 53 facultades de todas las provincias, y el INTA ya está terminando de trabajar sobre la elaboración de los techos productivos. La Universidad de 3 de Febrero está analizando cuál es la demanda mundial, la competencia y la oportunidad que tiene la Argentina, y el Plan Fénix está elaborando el impacto económico que tendrá sobre la economía nacional. Este trabajo será presentado en el mes de Mayo, y en el INTA Expone se va a hacer un anticipo de los 24 complejos agroindustriales en los cuales se ha trabajado y se ha relevado toda la expectativa y el buen saber y entender del sector.
– Salió pintón en los afiches con la Presidenta, que están pegados por toda la ciudad de Buenos Aires. Lo que nos preguntamos es a qué se postula. ¿Quiere ser vicepresidente, usted?
– Yo provengo de la política. Desde los 17 años he militado en el peronismo, y como todo hombre del interior de la provincia, creo que hay mucho para aportar en el peronismo, en un proceso de renovación propio del peronismo y desde el interior. Así que aspiro a ser parte de la discusión de la etapa que viene en el lugar que la Presidenta me encomiende. Cuando uno es parte de un proyecto nacional, es parte de un colectivo, y quien conduce ese colectivo es la Presidenta. Ella decidirá finalmente cuál es el lugar en el que debo estar.