Fuente: El Tribuno

La realidad de Media Luna es un espejo del interior de nuestro país. Alejados de todo, los pocos habitantes que viven en el Paraje tienen que hacer magia para sobrevivir. Sin agua, los que más sufren son los niños y los docentes de la Escuela Albergue que lucha por seguir abierta. Esta es la historia de una injusticia que sucede en Salta, en el límite con Bolivia, a la que todos los días tienen como protagonistas a un puñado de argentinos que deben vivir en pésimas condiciones.

Los niños se preparan los lunes a la mañana y parten para la escuela albergue que está ubicada en Media Luna. Algunos, como los del paraje Algarrobito, caminan por la selva para recorrer los 20 kilómetros de distancia hasta donde están sus maestras. La escuela primaria albergue lleva por nombre el mismo que el del paraje, tiene una matrícula de 52 niños. En el mismo edificio funciona el secundario rural con modalidad en TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) con 22 jóvenes en su matrícula.

Casi todos los niños pertenecen al pueblo de los ava guaraní, salvo dos hermanitos criollos. En total, tienen a más de 60 estudiantes albergados en un lugar que es un paraíso verde para cualquier visitante, pero que para los residentes tiene un condicionante crucial: el agua.

Por un lado el río Tarija, que año a año desborda con relativa crudeza, y por otro el agua que deben tomar del único pozo que tienen. Cuando los problemas se juntan todo se pone feo. Como ocurrió en el 2000, cuando la inundación llegó hasta la escuela misma y lleno de lodo el pozo. En la escuela continuaron utilizando el pozo y las cañerías se les llenaron de barro y se taparon. Por eso, desde hace 15 años que tienen un hermoso edificio, con unos excelentes pabellones con camas, baños y duchas, pero que no pueden utilizar. Entonces, la imagen es la peor de todas. Prenden la bomba y el agua que sacan la tiran en tachos de 200 litros de plástico. De ahí sacan para cocinar, regar, bañarse y lavar las cosas.

Aunque resulte insólito eso sucede y es por esto que la comunidad pide que el Gobierno le garantice el agua potable, y que mejore las condiciones de vida del paraje. Un caso para destacar son las docentes. Es agobiador con solo imaginar la situación. Al ser un albergue deben comprar la mercadería para dar de comer a los chicos. Pero deben rendir los gastos en pesos argentinos y se ven obligados a comprar en Bolivia. Para realizar esto tienen que realizar un increíble viaje entre fronteras, a los insumos los compran en Aguas Blancas (Argentina), pasan el Bermejo cruzando a Bolivia y deben regresar a Media Luna por una tierra de nadie. Pudiendo hacerlo más sencillo, se topan con las autoridades de la frontera Argentina.

La AFIP y la Aduana les hacen siempre el mismo reclamo de papeles y los mismo trámites, los cuales son muy tediosos y todos los meses se repiten. Resulta una paradoja que las autoridades argentinas sean tan rigurosas en este tema, el paso de mercaderías para alimentar niños argentinos de la etnia ava guaraní que viven en un paraje transfronterizo y no tanto para el ingreso de todo lo ilegal que viene desde Bolivia.
 
Pero cruzar la frontera no es nada. Faltará llevar las cosas hasta el paso y cruzar toda la mercadería por el río a pie. Los padres son los que ayudan y realizan el paso con la metodología “hormiga” porque por ahora no hay otra solución, sin puente y con el río crecido. Nuestro inmenso país tiene muchas realidades, ésta es una de ellas.
 
Vecinos sacando agua del viejo pozo: