Fotos Jazmín Arellano

Se habla mucho de soberanía alimentaria, pero se conoce poco sobre el real significado del término. Producir alimentos implica también -o debería implicar- analizar qué tipo de alimentos se obtienen y, sobre todo, con qué procesos se consiguen esos productos. Aunque la soja los desplazó de los grandes centros productores, destruyó las chacras y acorraló a la gandaería en los márgenes, el rol de los agricultores familiares es fundamental para la producción de comida de alta calidad. Por eso resulta importante la media sanción que obtuvo el proyecto de ley de agricultura familiar.

“Hoy es un día histórico para el sector. Estamos llegando al Congreso después de mucho trabajo conjunto de los diputados Claudia Giaccone, Víctor Rubín y Luis Basterra, y de nuestros equipos técnicos del Ministerio, logrando un proyecto de Ley unificado, previamente acordado con las organizaciones territoriales del país”, sostuvo Ramiro Fresneda, subsecretario de Fortalecimiento Institucional de la Secretaría de Agricultura Familiar.
 
Cabe destacar que el 66 por ciento de las unidades productivas en el país están en manos de agricultores familiares y constituye 53 por ciento  del empleo rural. “Es el otro campo que por décadas estuvo invisibilizado por el neoliberalismo y los medios hegemónicos que siempre terminan perjudicando a la mesa de los argentinos, como en el lock out patronal del 2008”, indicó Fresneda.
“Esta propuesta es un importante paso en la construcción de un modelo agrario inclusivo en el marco de la nueva ruralidad y la ampliación de derechos en el ámbito rural que iniciamos en el 2003″, señaló Fresneda, al destacar que desde el Estado y con el accionar legislativo se busca reconocer el rol estratégico que cumplen en la producción alimentaria del país los agricultores familiares.
 

Entre las temáticas que aborda el proyecto de ley, se encuentran la seguridad y soberanía alimentaria; el afianzamiento de la población en territorios rurales de manera que haya una ocupación armónica de las tierras rurales; y el arraigo rural para que los jóvenes encuentren condiciones favorables para poder quedarse en los campos.

 
En nuestro país, siendo el 20 por ciento del PBI del sector agropecuario nacional, esta actividad representa el 20 por ciento de tierras productivas; el 27% del valor de la producción; 30,9 millones de hectáreas totales; el 65% del total de productores y en regiones como el NEA y el NOA, superan el 80%; abarca 250.000 establecimientos productivos e incluye a 2 millones de personas, más del 53% del empleo agropecuario.