Las historias solidarias se reproducen en el país. Catriló es una pequeña comunidad pampeana de algo más de 4200 habitantes donde sucede algo que merece ser destacado, aquí el doctor Luciano A. Magnino decidió pasar a la acción directa, entendiendo el difícil momento que viven muchos vecinos que no tienen cobertura, optó por abrir su consultorio los viernes y atender en forma gratuita. “En vez de mirarme el ombligo, le doy una mano al que la necesita y a la larga alguien me la va a dar a mí”, resume en una frase el concepto de la solidaridad.

“Me sorprendió que vino mucha gente a felicitarme, a solidarizarse, a agradecerme. Esto tendría que ser algo normal. Sin embargo, se toma como una rareza y eso es preocupante. Esto habla de la sociedad en la que estamos viviendo”, reconoce al diario Crónica. Este médico es generalista, una especialidad requerida en todos los pueblos donde es tan difícil hallar un especialista en todo que pueda atender a toda la familia.

Su idea fue simple y la escribió en la entrada de su consultorio: “Los días viernes por la tarde se atenderá a pacientes que no cuenten con obra social ni prepaga, en forma gratuita” Enseguida la comunidad respondió, y lo hizo en forma responsable.  “Se acercó gente con consultas generales, que incluyen dolencias respiratorias, gastrointestinales. Esto es importante, porque son personas que no van al médico, entonces en el consultorio también se pueden detectar problemas alimentarios en los chicos, por ejemplo”

El servicio que propone el doctor es completo: además de diagnosticar, entrega medicamentos sin costo. Para hacer esto, Magnino tuvo que hablar con visitadores médicos a los que les comentó la idea y enseguida se engancharon. “Los remedios son de suma utilidad. Yo les puedo brindar mis conocimientos y mi tiempo, pero si después salen y tienen que ir a comprar un remedio y no tienen la plata, no sirve de nada. Es decir, yo sólo no puedo hacer nada” Como suele suceder con estas propuestas, la comunidad siempre acompaña y el doctor solidario, no está solo. Alrededor de su idea se creó una red para hacer realidad la máxima de que la salud debe estar al alcance de todos.

En la entrada al desierto pampeano, casi en el meridiano quinto, Catriló es un típico pueblo de casas bajas y calles arboladas, que es testigo de una historia que nos enseña que es posible cambiar la realidad, o al menos una pequeña porción de ella, sólo con buena intención y sentido comunitario.