No debe haber ocasión más agradable para un padre cuando está solo con su hijo que gozar juntos de un momento mágico. Para Marc Levy, esos instantes se daban todas las noches, cuando se sentaba junto a la cama de su hijo Luis y le leía un cuento antes de dormir. Pero cuando Luis llegó a los 9 años, la televisión atraía toda su atención, y así fue dejando de interesarse por los cuentos que le leía su padre, que al echar de menos ese rato que pasaba con su hijo, decidió dejar la arquitectura de lado, y escribir una historia para cuando su hijo se convirtiera ya en un hombre. El resultado: en el año 2000 publicó su primera novela, Et si c’était vrai (Ojalá fuera cierto), que se convirtió en un bestseller y luego en una exitosa película producida por Steven Spielberg. De visita en la Argentina, el escritor francés más leído de su país, presenta la novela “El primer día”, una historia de amor y aventuras que protagonizan una antropóloga-arqueóloga y un astrofísico, quienes concentran todas sus fuerzas para desentrañar sus interrogantes que buscan saber sobre el origen del hombre, el alma, y el universo, pero sin darse cuenta de que en realidad se buscan el uno al otro. “Me creo un hombre romántico, pero no el romántico naif. El día que me aburre de escribir novelas románticas estaré frito. Mis libros son sobre el amor de un padre a una hija, el amor de esa amistad, el amor en una guerra. Hay un gran lienzo de colores para elegir”, dice Marc, quien antes de volcarse a sus tareas profesionales trabajó como socorrista para la Cruz Roja.

-Si su disparador es escribir para niños, ¿por qué eligió escribir sobre novelas románticas, y no sobre fantasía y aventuras, que suelen concentrar más de ellos?
-En primer lugar porque yo le escribía no al niño, sino al hombre que mi hijo iba a llegar a ser un día. Segundo, porque en mi primera novela yo hablo sobre la soledad humana, y estaba tratando de hablarle sobre la soledad de la vida, pero no de forma dramática, entonces usé un tinte cómico para hablar sobre algo muy serio. Quería compartir con mi hijo sin darle una lección de moral, y que leyese el libro cuando cumpliese la edad que yo tenía mientras escribía el libro, porque el mero hecho de saber que yo iba a ser capaz de compartir esas cinco horas de lectura con él, era lo que buscaba.
¿Cuáles son sus fuentes de inspiración cuando se sienta a trabajar?
-Me inspira el cuerpo desnudo de mi esposa. Cuando hablo de su cuerpo me hace sentir a mí mismo como muy pequeño y humilde. Mi inspiración son esas pequeñas cosas que nos da la vida. Estoy convencido de que el mundo tiene mucha más imaginación que cualquier autor.
¿Qué busca estimular en el lector?
-Su imaginación. Yo no sé si la palabra es estimular. Creo que con el mero hecho de contar una historia, un cuento, vas a emplazar al lector en hacer un viaje, pero no sé realmente si vas a lograr estimularlo.
-¿En sus obras cuenta alguna historia amorosa de tu vida?
-No de amor, pero quizás sí algunos acontecimientos de mi vida que no necesariamente son de amor. Yo soy demasiado tímido para hacerlo conscientemente voluntario, pero como nadie es perfecto, probablemente algunas veces la parte persona se mete en lo que yo escribo.
-¿Suele identificarte con algún personaje de sus novelas?
-A veces sí lo hago, pero no mientras escribo. No lo hago a conciencia. Cuando termino de escribir un libro, mis amigos siempre me dicen que uno de los personajes se parece a mí. A veces es bueno que te digan que te pareces a algún personaje, pero en otras ocasiones prefiero no escucharlos.
-¿Es complicado en este mundo en el que cada vez parece resaltar más la violencia, que se traslada a la literatura, encontrar un lugar para el romanticismo?
-No creo que en el mundo haya más violencia de lo que era hace 25 años. Yo creo que es menos violento, y con esto me refiero a que en la actualidad hay más dictadores que son condenados, y por ende hay muchos menos dictadores hoy de los que hubo en la historia reciente. Con esto yo no quiero decir que hay más violencia, quizás hay menos. No creo que la revolución en Argelia de los años 60, haya sido menos violenta de lo que ahora ocurre en Irak. No toda la humanidad es violenta. Cuanto menos vocabulario tienes para expresarte, más vas a utilizar las manos para comunicarte, y tenemos que partir de que no es tan destructivo el pegar con la palabra, como si lo es pegar con las manos. En el mundo de hoy lo más complicado es llevar esperanza, y eso es lo que yo creo que nuestro políticos, y hablo de Europa, no nos pueden dar. Esta escalada de violencia es porque falta esperanza.
¿Cómo hace para escribir siempre sobre el amor y no caer en lo mismo?
-Cuando empiezo una obra jamás pienso en que voy a escribir sobre el amor. Es como si le preguntaras a un cocinero si es difícil cocinar y no volver a repetir, y me le va a decir que se está equivocando, y cada vez que come y que cocina, lo hace de forma diferente y siempre hay sal, pero no cocina sal, si bien siempre la hay. Es muy difícil encontrar algo en la vida que no tenga amor. Es casi imposible. Es muy interesante ir armando estas piezas de amor porque son partes de la humanidad y de la vida.
-Fue voluntario de la Cruz Roja. Influyó esa experiencia en sus trabajos?
-Trabajé en la Cruz Roja como voluntario en una unidad especial, y nuestro trabajo consistía en rescatar a los heridos, y en muchos casos recuperar los cadáveres que dejaban los desastres. Mi labor como socorrista no me marcó sólo en mi trabajo, sino que también me marcó como humano para toda mi vida. Comparado a lo que yo hice en la Cruz Roja, es muy poco en relación a lo que la Cruz Roja me brindó. Es un período en el cual yo aprendí a relativizar mis propios problemas, y me dio una identidad. Cuando estás en problemas la sociedad no va a ir hacia ti para ayudarte, sino que tú deberás ir a la sociedad. Esto te marca para toda la vida.