Por Juan Cruz Guillén

Se dice que la década de 1960 fue el apogeo del folklore salteño. La del 70 tuvo el dominio de los grupos vocales. La del 90 estuvo a cargo de los santiagueños y los 2000 trajeron los nuevos valores o aquellos que algunos denominan folklore joven. La década del 80 fue sin duda la de la música del Litoral. Los dos principales protagonistas nacieron en la misma provincia: Antonio Tarragó Ros y una chica de verbo filoso y ojos azules como el cielo que nació el 30 de diciembre de 1947: Teresa Parodi. A partir de ellos, el chamamé se hizo un reguero por todo el país.   
Ella, maestra desde los 16 años, había cruzado el marrón del Paraná para estudiar literatura en Resistencia, Chaco. Hacía seis años que tocaba la guitarra y afinaba de oído. Después iba a ser maestra rural en Misiones, se iba a poner de novia para ser mamá del primero de sus cinco hijos cuando tenía 20 años. Y cuando pasó los 30 y ya había cantado en la orquesta de Astor Piazzolla se mudó a Buenos Aires. Pero su nombre empezó a expandirse en Cosquín.
En una de las noches de la última semana de enero de 1985 una voz se escapada de la plaza Próspero Molina, de esa ciudad cordobesa. No era una voz cualquiera. A casi 100 metros de distancia se podía ver a una señora con una túnica blanca, sentada en una silla, con la única compañía de su guitarra. Cuando terminó su muy corta actuación la plaza deliraba. ¿Quién era? Con la plaza hecha una caldera, el locutor la nombró antes de despedirla: Teresa Parodi, se escuchó en los altoparlantes. A partir de entonces la correntina se anotó en el firmamento del folklore. Y hubo de pasear sus canciones en cada ámbito.
A mediados de febrero del mismo año, acompañando al Ballet de El Chúcaro y Norma Viola en el Parque Rivadavia, dentro de un ciclo al aire libre en plazas y parques, había una multitud sumida en un silencio de teatro. ¿Quién actuaba? Teresa Parodi. Cuando terminó de cantar “Pedro Canoero” aplaudían hasta las plantas.
A partir de entonces, Teresa y su guitarra, Teresa y sus canciones tallaron un camino de temas memorables, pero también de compromiso. Porque eso la destacó desde el inicio: el ponerle la voz -y el oído- a los que no tenían una cosa ni la otra.    
En marzo de 1985 la empezamos a representar con un profesional de primera y mejor amigo, Rodolfo Poggini, por consejo de Leo Bentivoglio, director artístico de Polygram, el sello grabador que más artistas folklóricos tenía. A nuestra primera reunión, Teresa llegó acompañada por quien en ese entonces era su esposo, Guillermo Parodi, de quien tomó su apellido artístico (su apellido paterno es Sellarés). “Creo que tengo que decir que sí”, dijo ella cuando le preguntamos si quería trabajar con nosotros. Comenzamos una relación artística comercial que de inmediato se transformó en una amistad muy grande.
Un mes después, en abril de 1985, en la Feria del libro, se dio la primera actuación. No era una peña, ni un festival, ni una cena: era la presentación de un diccionario de sinónimos del periodista y escritor Germinal Noguez. En mayo llenó el Auditorio Buenos Aires en la calle Florida casi Viamonte. En junio cantó en el teatro de las Provincias (hoy Regio), también con entradas agotadas.
Pasó al teatro Presidente Alvear: una función todos los martes. A partir del segundo martes hubo que agregar una función más; cuando se ponían en venta las entradas de inmediato se ponía el cartelito soñado de “no hay más localidades”. Teresa recuerda, en junio de 1991: “Fue una etapa maravillosa: mi relación con la gente, los programas de radio, de televisión, las llamadas, las cartitas, lo que me decía la gente”. Esa catarata la sube, en noviembre del mismo año, al Luna Park junto a Pablo Milanés y Sara González. Y en enero de 1986 le llega la consagración definitiva en Cosquín. Y después sí: el Luna Park sola, en el único caso en nuestro país que en un año saltó de un auditorio para 200 personas a dos Luna Park con 9.000 personas por función.
Era el comienzo del camino de una irrepetible de la canción nacional, con una popularidad que creció día a día al calor de los seres que habitan sus canciones, con 30 discos grabados, pero, sobre todo, con un lugar ganado en el corazón del pueblo.