El gris del cielo le agregaba una pincelada de nostalgia a la tarde del domingo. Se apagaron las voces del almuerzo y uno a uno los besos de los nietos recibían a cambio una caricia. El control remoto tentó a Doña Potola que buscaba compañía. Una película de otro tiempo, una documental o tal vez noticias. Como si fuese cadena nacional, primero una señal, luego otra, y también la que seguía, sólo proponían seguir los vaivenes de una pelota de fútbol. En la pantalla, compitiendo con los jugadores, un cartel con los nombres de los equipos, el resultado parcial y un reloj marcando el tiempo segundo a segundo. En el otro extremo, el logo del canal emisor.
Doña Potola, que es buena observadora y una mirada le alcanza para descubrir muchas cosas, no salía de su asombro. Además de los carteles mencionados, un zócalo, como se lo denomina en la jerga televisiva, anunciaba otro partido que se disputaría a continuación. En el medio, los jugadores en lo suyo y de fondo, llamando la atención, la publicidad estática que por contradicción tiene movimiento y va cambiando de acuerdo al desplazamiento de la pelota por el campo de juego. Todo un desafío para el televidente el poder concentrarse en el partido. Presionó el botón para subir el volumen y le llamó la atención que el vértigo del relato no coincidiera con la lentitud del juego. En una de las pausas del mismo, el relator la sorprendió: “Así se inicia el Torneo Néstor Kirchner y la Copa René Favaloro”.
Mientras trataba de asimilar el impacto del mensaje, recordaba el anuncio presidencial dándole al fútbol una prioridad fundamental para la vida de los argentinos. Cuánto iba a costar esta aventura era lo de menos. Se iba a solventar con la publicidad, pero en la práctica fue muy tentador tener a la audiencia cautiva y contarle casi como en un susurro, los logros de la gestión del gobierno. Al barril sin fondo que son los clubes de fútbol y la AFA, no le alcanzaba lo que pagaban los anunciantes. Querían más. Y allá fueron nuestros dineros a solventar el déficit.
En agradecimiento, y como el ex Presidente era un apasionado simpatizante, al siguiente torneo le pusieron su nombre. Y para aventar sospechas algún iluminado jefe de campaña habrá pensado: ¿Qué tal si usamos el nombre del Dr. René Favaloro?
Así se promociona el torneo y la copa como si Kirchner y Favaloro fueran una fórmula elegida por el pueblo.
Apagó la tele Doña Potola y se quedó mirando la llama del hogar.
-¿No le gustó el partido? -preguntó la Sra. República.
-¿La verdad?, me da miedo este mundo apasionante del fútbol. Para unos pocos, el balón de oro. Y para muchos, apenas una pelota de trapo para que se sigan entreteniendo