El calor es intenso en Posadas, pero debajo de los techos de los viveros el clima da cierta tregua. Una niebla densa tira por cinco segundos una cortina fina de agua, como si fuese una garua de invierno, sostenida en el aire, congelada, que baja densa sin que uno se de cuenta. Gracias a eso se mantiene el 80 por ciento de humedad ambiente para que el plantín que acaba de salir del laboratorio después del proceso de clonación se acostumbre a su vida de planta, en una especie de adaptación entre su vida pasada (el tubo de ensayo) y su vida futura (el campo). “La Biofábrica es un laboratorio comercial de produccion masiva de plantas”, la presenta Luciana Imbrogno, ingeniera agrónoma encargada de la parte de vinculación de la Biofáfrica. De eso se trata la factoría de clones vegetales de Misiones, la única del país en reproducir en serie diferentes especies de plantas seleccionados a partir del trabajo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta).

Con tecnología cubana, este laboratorio verde no hace otra cosa que reproducir variedades de plantas en un proceso de clonación llamado micropropagación, en el cual se le agregan hormonas vegetales a un brote determinado para volverlo otros miles, idénticos, pero mejores en velocidad de crecimiento, en rendimiento de frutos, en sanidad, entre tantas otras.

En Cuba es una costumbre lo que acá es una rareza. Por eso, la ingeniera dice que nadie creía en el proyecto cuando era apenas una idea, allá por 2004. “Nos costó tres años que nos crean que era bueno lo que hacíamos acá. Nos decían que éramos una fábrica fantasma. Porque recién ahora hay cultivos de dos años a campo y ya se ven los buenos resultados. Pero lo cierto es que al comienzo nos costó mucho”. Luciana gesticula cuando pronuncia las palabras. Es didáctica. Señala el vivero, pero sabe que el laboratorio es una parte fundamental, acaso la más importante, del proceso.

Cómo nace un clon

El proceso que lleva a que una planta se clone empieza por la fase 0, que es cuando se seleccionan las plantas madres, o sea, aquellas que serán clonadas. Se llaman plantas de elite las que usan para multiplicar. Para eso deben tener cierto tamaño y forma, sabor, edad, color. Una vez acondicionadas las plantas madres empieza la micropropagación vegetativa, o sea, sin semillas. Una vez que seleccionan la mejor especie, a partir del trabajo del INTA y sus programas de mejora genética, empieza la multiplicación. Al laoratorio llegan, entonces, brotes de las plantas -yemas.

El banco de germoplasma se encarga de esa tarea, que le demanda unos tres meses. Los desinfecta y lo mete al laboratorio. Tienen un banco de clones para evitar ir al campo. A ese material, una vez por mes, se le ponen a cada planta, una por una, hormonas, nutrientes, sales. De un brote salen 10.000 plantas finales. La idea es que la yema reaccione al cultivo in vitro.

Cuando el brote prendió en el tubo de ensayo, pasa a la siguiente fase, que es la sala de siembra o multiplicación; allí las hormonas que les ponen inducen a la multiplicación exponencial de los brotes. De cada una, salen cinco, seis o siete, según la especie. Aqui la planta está durante nueve o diez meses multiplicándose. Luego se la hace enrraizar y se la conduce a vivero para su proceso de aclimatación y posterior rustificación. Ahí deja de ser de laboratorio para ser una planta de vivero, como cualquier otra.

En el vivero, a su vez, cosechan los brotes de las plantas madres, en una nueva etapa de multiplicación que vendría a integrar la micropropagación de laboratorio con la macropropagación.

La asepsia del proceso de laboratorio es propia a la de un quirófano: en las cabinas de reflujo laminar se genera un aire filtrado estéril en su interior. El aire entra filtrado y sale de la misma manera. Tiene áreas estériles y limpias. Con pinza y bisturí se separa cada brote a mano. Una vez que los separan, por el lapso de un mes van los brotes a la sala de crecimiento.

Como si fuera una parábola de la reproducción humana, eso se repite nueve veces, a razón de una por mes, o sea que demora nueve meses en esta fase. Tienen cámaras de crecimientos con temperatura según la especie, que oscila entre los 27 y los 31 grados. De la sala se siembra va a la de crecimiento. Todo el proceso tiene la indicación de trazabilidad en su código de barra, a partir del cual se deduce quién hizo cada parte de la clonación.

Las ventajas del clon

Luciana habla sin velocidad y con precisión científica. Es esquemática, pero tiene sobrada capacidad para volver fácil lo que parece imposible de entender. El lugar en donde la ingeniera explica despide un olor húmedo potente, un ambiente que solidifca en el aire gotas de humedad, en donde cuesta respirar. Es, claro, el único posible en que los clones de vegetales completan su adaptación a un ambiente similar al del campo: el vivero.

La tecnología de la fábrica de vegetales misionera da un catálogo amplio de ventajas en sus muchos productos. Con esa técnica se pueden recuperar especies en extensión o permitir la implantación de otras desplazadas por sus bajas defensas ante ciertas enfermedades. Es que con la técnica de clonación se logra un mayor vigor en las plantas.

Además, al generar la fábrica una reproducción exponencial, el productor que las compra se asegura una oferta de plantines y plantas madre en cualquier época del año, con otro beneficio importante: la misma sanidad para todas, un rinde superior y, sobre todo, el reaseguro de la uniformidad. “Las ventajas de esta técnica son la sanidad de la planta, la uniformidad de los cultivos, la genética de inicio, la gran cantidad disponible de plantas en poco tiempo y la alta capacidad de brotación de cada una”, enumera la especialista de la fábrica de vegetales, nacida de una sociedad entre el gobierno de Misiones y el Inta.
               
Una planta de calidad
               
En 2009 entregaron tres millones de plantas, pero tienen capacidad para producir 10 millones de plantas por año. “La idea es que el productor empiece su cultivo con una planta de calidad”, dice la ingeniera Imbrogno. Reciben pedidos de productores, porque hay empresas que piden sus propios clones. La biofábrica publica avisos en el diario para que los productores tomen la precaución de pedirlo de antemano.

En Europa está más extendida esta forma de comprar plantines clonados, pero nuestro país recién empieza su experiencia en vegetales industriales. Según la ingeniera: “El forestal está más acostumbrado, pero el productor agrícola, más tradicionalista, le cuesta un poco incorporar la tecnología. Los de caña de azúcar están felices con lo que compraron en 2008”. Sabe Imbrogno que empezar una empresa de producción de vegetales depende de la calidad del cultivo. “Si el productor necesita cantidad y calidad necesita este lugar para comprar”, vende Luciana. Se le ponen hormonas de vegetales, pero no alteran su carga genética, o sea, no hay manipulación de genes, sino reproducción. 

Hay especies agrícolas, forestales, ornamentales, aromáticas. Sin embargo, en 2010 el fuerte es la stevia, una hierba dulce que reemplaza el azúcar. “Tiene una potencialidad gigante porque la pueden comer los diabéticos. Es un edulcorante, pero natural y sin tanto proceso como el de la caña”. En la hoja está contenido. “En Europa pocos quieren azúcar, todos piden stevia”, dice. Se hace polvo o pastillas, aunque se note su gusto con sólo poner la hoja en el mate. Una empresa francesa le compra a la fábrica misionera los plantines de este vegetal. Por eso es la más importante especie en volumen de venta. Le siguen la caña de azúcar, el ananá, el banano, la mandioca, orégano, menta, eucaliptus y pino, en ese orden. El foco de desarrollo está en los cultivos tropicales y subtropicales.

La estructura
       
Ingeniera recibida en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, nacida en Banfield, la joven tiene 30 años y una historia en la industria forestal. Hace siete años vive en Posadas y desde que le propusieron la idea de la biofábrica no dudó.

Buena anfitrión, cuenta que el vivero tiene tres estruturas. La casa de cultivo -con tecnología francesa- en donde la planta se aclimata. Es la más importante, la más desarrollada, pues la que  intermedia entre el laboratorio y el exterior. En estos invernáculos, el aire entra, se enfría y se humedece. El extractor genera una circulación de aire forzado; baja la temperatura y hace crecer la humedad ambiente. Tiene un doble techo de plástico y una turbina que lo infla. Tiene humidificadores y pantallas térmicas para filtrar la luz.

Trabajan, en toda la fábrica, unas 50 personas, pero como el vivero creció mucho deberán emplear más. El recurso humano es complejo se conseguir por el hecho de que hay que formarlo. Mientras en el laboratorio se hace lo que se conoce como micropropagación, de la cual nacen plantas madre, en el vivero se da la fase de macropropagación, o sea el desarrollo de la planta fuera del laboratorio.
           
Nunca, en ninguna parte del proceso, hay semillas ni tierra, pero Luciana le dice siembra a la parte en que el plantín pasa de una sala a otra para seguir su proceso de reproducción. Ese que no detiene su marcha verde en multiplicar vegetales como panes y peces.
   
Más información
Ruta Nacional 12, km. 7,5.
Villa Lanús, Garupa,
Posadas, Misiones.
Teléfono 03752-483244
www.biofabrica.org
Correo: comunicacion@biofabrica.org