Fuente: La Nación (Gabriel Di Nicola)

“Al entrar en el monte, no sabés con qué te podés encontrar detrás del tronco de un árbol. No podés estar distraído. Todos los sentidos deben estar en alerta”, avisa Carlos Araujo, guardaparque misionero. No lo dice, pero en la selva misionera no sólo hay cazadores furtivos, que es una actividad delictiva, también hay contrabandistas de madera y traficantes de marihuana, que usan los senderos fronterizos para ingresar la droga desde Paraguay. Los cazadores furtivos, que están ocultos arriba de los árboles o escondidos detrás de la espesa vegetación misionera en búsqueda de sus preciadas presas prohibidas.

Araujo es uno de los 29 integrantes del Cuerpo de Guardaparques encargados de cuidar la flora y fauna de Misiones. Trabaja en el Parque Provincial Urugua-í, que tiene una superficie de 84.000 hectáreas. En un hecho casi sin antecedentes, por decisión del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables misionero los guardaparques comenzarán a portar armas de fuego para luchar contra los cazadores furtivos y otros delincuentes.

El gobierno de Misiones fue habilitado por el Registro Nacional de Armas (Renar) como “legítimo usuario colectivo de armas de fuego”. Después de que los guardaparques hagan cursos teóricos y prácticos y exámenes psicofísicos, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables provincial se encargará de comprar armas y chalecos antibalas. En seis meses todos los guardaparques estarán armados.

Hoy, los guardaparques que trabajan en los parques y aéreas protegidas que dependen de la provincia de Misiones sólo llevan machetes para abrirse camino en la selva y linternas para iluminarse. El peligro para los guardaparques no es una exageración. Nadie olvida el feroz ataque del que fue víctima en octubre de 2004 Daniel Kurday, cuando acompañaba a un observador de pájaros por el Parque Provincial de la Araucaria y descubrió a un grupo de cazadores furtivos.

Tras una discusión, los delincuentes se negaron a abandonar el lugar y ante la decisión tomada por Kurday de dar aviso a otros guardaparques que se encontraban en la estación, fue atacado con un arma de fuego y quedó en silla de ruedas.

Víctor Zemunich tiene 46 años y es guardaparque desde los 18. Las áreas protegidas (parques y reservas) de Misiones se dividen en Norte, Centro y Sur. Son 130.000 hectáreas. Él ahora es el coordinador de la zona Norte y cuenta que hay tres clases de cazadores: los que lo hacen por necesidad, los que lo practican como deporte y los que ven la actividad como un negocio redituable.

“Los que cazan por necesidad cada vez son menos. Sí hay mucha caza deportiva y comercial”, sostiene Zemunich, mientras prepara una jaula trampa para ir en ayuda de Irma Dierks, una vecina de Puerta Esperanza que está preocupada porque en su chacra recibe la visita de un animal salvaje que ya le comió como cinco gallinas.

“La idea es poder atrapar al animal y llevarlo para un lugar lejos de la chacra”, explica Zemunich. Todavía no saben si es un puma o un yaguareté. Uno de los animales más buscados por los cazadores furtivos en tierra misionera es la paca, un roedor que vive en lugares de espesa vegetación cercanos a cursos de agua.

“Hay un mercado negro de carne de paca, mucho de lo que cazan en Misiones va a Brasil, donde la pagan muy bien”, afirman el guardaparque Araujo. Su colega Gabriel San Juan, de 53 años, y 33 años como guardaparque misionero agrega: “La carne de paca es una de las más buscadas por los cazadores furtivos porque dice que es la más rica del monte”.

Otras presas predilectas para los cazadores furtivos también son los venados y pecaríes (chanchos de monte). “Existe un circuito gastronómico en la frontera donde ofrecen a sus clientes carne de animales silvestres. En Misiones se encuentra el 50 por ciento de las especies vivas de la Argentina”, explica Díaz. El funcionario provincial sostiene que, si bien está arraigada en la cultura de los lugareños, la caza furtiva está tipificada como un delito.

Los cazadores furtivos que operan en la Triple Frontera de la Argentina, Brasil y Paraguay se manejan con una logística importante: se movilizan en motos, autos y camionetas. Además de llevar armas, están preparados para pasar varias horas en el monte.