Los estudios tienen lugar en el área costera de la provincia de Buenos Aires y buscan, entre otros objetivos, preservar la salud pública.

El fitoplancton es el primer eslabón de la cadena trófica o alimenticia y contribuye de forma directa e indirecta al sustento de poblaciones de peces y moluscos que se explotan para consumo humano.

El proyecto fue iniciado ante la evidencia de que muchas especies de microalgas toxígenas están presentes en el área costera y tiene por propósito asegurar las condiciones de salubridad de los moluscos y proteger la seguridad alimentaria de los consumidores”, explicó la doctora Eugenia Sar, investigadora del CONICET y profesora titular en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata.

La composición cuali-cuantitativa del fitoplancton se informa cada 15 o 30 días a la Dirección Provincial de Pesca, dependiente del Ministerio de Agroindustria, integrando esta información con la procedente de los bioensayos en ratón realizados en los Laboratorios de la Red SENASA, para detectar toxinas en moluscos colectados al momento de la recolección del fitoplancton.

Los estudios también permitieron identificar nuevas especies o especies ya conocidas, pero que nunca habían sido observadas en aguas argentinas. Es el caso de la microalga nanoplanctónica no tóxica Thalassiosira catharinensis, que fue previamente descrita en aguas de Santa Catarina, Brasil. Sar y colegas del Museo de la UNLP (Inés Sunesen y Andrea Lavigne, integrantes del proyecto de monitoreo) reportaron su hallazgo en el Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica en 2018.

Los resultados obtenidos hasta el presente han contribuido a incrementar nuestro conocimiento de la flora del área y a brindar a las autoridades herramientas técnicas para prevenir las consecuencias negativas de eventos nocivos que involucren algas”, señaló Sar.

Fuente: Agencia CyTA-Fundación Leloir