La continua resistencia de asociaciones ambientalistas europeas ha provocado que Monsanto paralice la promoción de semillas transgénicas. “No gastaremos más dinero para convencer a la gente para cultivarlas”, aseguró Brandon Mitchener, responsable de Public Affairs de Monsanto para Europa y Oriente Medio en una entrevista a Investigative Reporting Denmark.

Productores agropecuarios y consumidores de Europa rechazan los alimentos genéticamente modificados. Cada vez son más los estudios que aseguran que hacen mal a la salud y que son nocivos para el medio ambiente. La mentalidad medioambiental europea es muy fuierte. El anuncio de Monsanto causó una enorme alegría de todas las asociaciones que hace años vienen llevando a cabo campañas para evitar que los transgénicos se comercialicen. 

En el año 2001, se promulgó en Europa la directiva de Liberación intencional en el medio ambiente de organismos modificados genéticamente y en la mayoría de los países europeos estos productos estaban ya prohibidos. Entre ellos, Alemania, Francia, Grecia, Italia, Polonia, Luxemburgo, Bulgaria, Suiza, Austria, Irlanda y Hungría optaron por ser “zonas libres de transgénicos”. Sólo un 1% de todo el maíz cultivado en Europa es transgénico.

Monsanto no ha sido la primera en dar por perdida su batalla por implantarse en el continente europeo. En el año 2012, Basf anunció la retirada de sus cultivos transgénicos en Europa, decisión que había tomado hace ya varios años Syngenta, por la presión de productores, consumidores y gobiernos. América, Asia y África son los paraísos donde estas empresas hacen sus mejores negocios.

A pesar de esto, España le da la espalda al continente y continuará comercializando transgénicos. En este país se centra el 90% de la producción de maíz transgénico de toda Europa. Serán tres los mercados que Monsanto mantendrá: Portugal, la República Checa y España, estos tres son las naciones que permiten los transgénicos.

La batalla ganada en Europa supone un gran antecedente para todas las asociaciones ecologistas que luchan en el mundo por la desaparición de los transgénicos y los agrotóxicos. Supone además que hay otro modelo de producción posible. Greenpeace emitió un comunicado expresando su satisfacción por la retirada de las plantas modificadas genéticamente, pero aseguró “que la guerra contra Monsanto continúa en muchas partes del mundo