Si uno camina por la costanera hasta Punta Reparo se topa con un cuadro gigante clavado en la tierra. Es de mampostería y se trata de un mural homenaje donde se representa el desembarco de la escuadra naval del comodoro Luis Py, en defensa de la soberanía nacional, en 1878. “Es que la región la pretendía Chile. Entonces cuando se produce este desembarco es la primera acción de la guardia marina, que iban a bordo de la Corbeta Uruguay y que protagoniza la escuadra en el territorio patagónico, al sur del río Santa Cruz. Izan la bandera en el cerro que está detrás del cañadón de Los Misioneros. Y ahí nació la Armada”, dice el puertosantacruceño por opción, nacido en Malvinas, James Lewis. Los homenajes que pueblan la Punta donde el mismísimo Hernando de Magallanes desembarcó son históricos. Las profesionales que trabajan en la Dirección de Turismo local se preocupan para que se precise de qué se trata. Un busto es en homenaje al comandante Luis Piedrabuena y un monumento al primer gobernador del entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Carlos María Moyano. Sus restos descansan en el mausoleo, que también se yergue en las inmediaciones del mural, con la figura de cuerpo entero del primer gobernador realizada en bronce, con su vestimenta militar. Tal como en los monumentos en homenaje a San Martín, que siempre señala hacia el Oeste, donde está la Cordillera de los Andes, aquí la figura de Moyano está orientada hacia la ría, como custodio permanente de la región. Hay una curiosidad en las citas históricas y es que, tras todas estas acciones y al comenzar la promoción gubernamental para que las familias se asentaran en las zonas más alejadas, se fomenta la colonización del territorio de Santa Cruz y por ley se adjudicaba a cambio, a los colonos, una legua de tierra, 500 ovejas, tres yeguarizos, dos vacas, una casilla desarmable y elementos de labranza, recuerdan las citas de la época y los memoriosos del lugar. Tras cinco años de trabajo con esa tierra, los pioneros adquirían la propiedad. Unas diez familias partieron hacia este desafío. “Gregorio Albarracín (y su familia) fue uno de ellos. Ya había participado de la Guerra del Paraguay y en la Campaña al Desierto. También tomó esta decisión Gregorio Ibáñez, junto con su mujer y sus cinco hijos. Y comienza a poblarse el lugar”, agrega Lewis.
Medio siglo después,  en 1943, Puerto Santa Cruz comienza a organizarse y conforma la Comisión de Fomento. Y aquí llegamos a los nombres, por cuanto además de Pedro Richmond y Adriano Ariani, fue Frank Lewis uno de los hacedores de los primeros pasos institucionales de este pueblo. “Mi bisabuelo. El primer blanco bautizado en estas tierras. Bah!, en realidad lo bautizaron en Tierra del Fuego, donde estaba el padre Tomás Bridges”, aclara hoy James, quien guió por todo Puerto Santa Cruz a El Federal. Y agendamos el dato pues es aquí donde se desprende otra historia.
James hace memoria acerca de los trabajos propios en la sede donde se desarrollaban la exposiciones rurales de antaño, en la entrada de Puerto Santa Cruz, junto a la ruta. Tiene ochenta años, acota James. Data de 1930 y es un predio de 700 hectáreas. Y cuando dice “antaño” es que hace un par de años que no se organiza la típica Expo. Y todavía se acuerda del 13 de agosto de 1991, “el día que explotó el volcán Hudson”, dice James y lo puntualiza porque era el día de su cumpleaños. Y compara con los tiempos actuales. Es que los campos afectados en aquel momento por las cenizas aún no se han recuperado. El que pudo sacó la hacienda y el que no, perdió. Además baja en los precios en el mercado mundial. “En el 89 y 90, con el uno a uno, el costo de producción de la lana por kilo era de tres pesos dólares y la vendíamos a un peso dólar. Sumado al volcán Hudson y la baja del mercado mundial, no se continuó. Hoy la carne vale”, dice James, pero añade que también hay otros problemas por resolver como la superpoblación de guanacos, el abigeato, la presencia de pumas, zorros. Sin embargo, hoy son los chicos los que le sacan jugo al predio. Dos escuelas de equitación funcionan aquí. Y entre 30 y 40 chicos asisten cada verano para practicar equitación. Una es la Escuela de Salto Municipal y la otra pertenece a la Asociación de Ayuda al Discapacitado (AADI). Una tropilla de entre siete y diez caballos pueblan el predio y sirven para el ejercicio de los chicos, aunque muchos tienen sus propios equinos. Los profesores Manuel Lemes, un entrerriano de ley, y Susana Lara, despliegan sus conocimientos con los chicos. “Han participado de concursos en Puerto Madryn (Chubut) y Puerto Deseado y les ha ido muy, pero muy bien”, concluye James Lewis con orgullo.