Nacido en Intra, Italia, en 1938, Dal Masetto llegó junto a su madre y su hermana a la Argentina cuando tení­a 12 años, durante la última oleada de inmigración europea después de la Segunda Guerra Mundial, y junto a su padre -que había arribado dos años antes- la familia se instaló en Salto, provincia de Buenos Aires. Fue la biblioteca pública de ese pueblo su refugio personal donde aprendió el castellano que le permitió sumergirse en los clásicos de Salgari. Y más adelante, forjar una carrera de escritor.

Sus años en Salto y su curiosidad, le mostraron las facetas más características de la vida en un pueblo del interior de la Provincia, también sus personajes más humildes y aquellos que configuran neustro ser nacional. A los 18 años, se mudó a la ciudad de Buenos Aires, que lo cobijó y donde se convirtió en protagonista de la vida cultural y bohemia, sobre todo del bajo porteño desde fines de los años sesenta, una atmósfera que también plasmarí­a en su obra.

Por esos años, publicó “Lacre“, su primer libro de cuentos que, en 1964, recibió la primera mención en el concurso Casa de las Américas de La Habana. Un año después, con su primera esposa, se mudó a Bariloche, donde trabajó como pintor de casas, una experiencia que narrarí­a más tarde de regreso a la capital con la publicación de “Siete de oro”, su primera novela.

En 1969 en esta ficción -que abre una etapa de la literatura argentina- delinea las caracterí­sticas del autor en toda su profundidad y amplitud: el relato duro, ceñido, la precisión de las descripciones, el sentido del montaje y la sucesión de escenas. Allí­ explora con intensidad los escenarios rumbosos del realismo y las señas de identidad generacional impuestas por una manera de ser joven.

“‘Siete de oro’ es muy autobiográfica; todo lo que ocurre ahí­ sucedió en la realidad, tanto el viaje como ese mundillo con el que el personaje se encuentra en Bariloche, ciudad que evidentemente no se nombra. Yo viví tres años en Bariloche, del 65 al 68, fui de paracaidista, de aventurero”, dijo en una entrevista Dal Masetto.

Uno de sus temas principales fue la inmigración y el desarraigo como quedó demostrado en “Oscuramente fuerte es la vida” y “La tierra incomparable”, que ganó el Premio Biblioteca del Sur en 1994, dos obras que junto a “Cita en el Lago Maggiore” constituyen una trilogí­a dedicada su Italia natal, su madre y su infancia.

Además, dos de sus novelas fueron llevadas al cine, “Hay unos tipos abajo” en 1985 por los directores argentinos Emilio Alfaro y Rafael Filipelli (Dal Masetto co escribió el guión) y en 1992 “Siempre es difí­cil volver a casa” por Jorge Polaco. El año pasado recibió el Premio Konex de Platino en la disciplina “Novela: Período 2011-2013”.

Entre sus libros, publicados en España, Italia, Francia, Alemania, Suiza e Israel y compilados por Página/12 -diario del que fue asiduo colaborador- y por la editorial Ateneo, están “Crónicas argentinas”, “Bosque”, “Demasiado cerca desaparece”,”Hay unos tipos abajo”, “Oscuramente la vida”, “Tres genias en la magnolia”, “Fuego a discreción”, “El padre y otras historias” y “Gente del bajo”.

En 2014 lanzó “Imitación de la fábula”, donde retoma la temática del viaje para construir la historia de un hombre que repentinamente decide adentrarse en un bosque patagónico en búsqueda de algo que no puede definir y que será, a su vez, un recorrido por su propio pasado.

Mi forma de acceder a la escritura es a través del desorden, no tengo otra manera de acercarme a un proyecto literario. El desorden me da libertad. No tengo obligaciones ni estructuras, entonces tiro material y después de abundar mucho en ese desorden, viene un paso posterior de ordenamiento. En mi cabeza la escritura tiene mucho que ver con la arquitectura. Cuando imagino un texto lo pienso desde el punto de vista estructural, como un edificio: para que sea coherente, bello y sólido tiene que estar bien armado; un texto está sometido a las mismas leyes“, se confesó en una entrevista.

El viaje -agregó- es la historia, sin viaje no hay historia: ‘La Odisea’, ‘Moby Dick’, Verne, Salgari, las grandes historias son sobre viajes. El viaje está incorporado en la vida del ser humano, esto lo sabemos, todo el tiempo estamos viajando hacia alguna parte. En casi todos mis libros está el tema del viaje”, declaró hace poco este irremplazable autor que se definí­a a sí­ mismo como un “escritor-espí­a”.

Poco sociable pero de amigos firmes, caótico y metódico a la hora de estructurar su trabajo, marcado por el desarraigo pero anclado en una porteñidad que también definió su obra, Dal Masetto delineó un universo autobiográfico, donde interpelaba sus vivencias y dejaba huellas personales que atraparon a miles de lectores. “En mis novelas siempre reflejo el mundo que viví­, el mundo que le tocó a mi generación tal como yo lo veo; un mundo complicado, espantoso en cierto sentido”, contó Dal Masetto hace poco. Un mundo que ahora lo ve partir.

Junto con Osvaldo Soriano son dos ejemplos de escritores que además de la ficción han forjado el amor por las redacciones y las noticias. Ingresaron a la literatura de la forma más directa y personal, eligiendo libros por intuición y haciéndose maestros propios en la soledad de la lectura y convirtiendo las bibliotecas en claustros de formación. “Siempre es difícil volver a casa” es un ejemplo de cómo Masetto se embebió de la liturgia del habitante del inteior y entendió mejor que muchos los tipos humanos argentinos. Con su desaparición, nos deja un escritor de raza y un periodista que vio la noticia a través siempre de los ojos de sus protagonistas, urgando y reflexionando la noticia como un modo de entender esta realidad que vio tan claramente.

Según su propia decisión, no habrá velorio y sus restos serán cremados y depositados en el cementerio de la Chacarita.