A los 34 años, y símbolo de su especie, murió en la Reserva Experimental de Horco Molle (Tucumán), Inés, la tapir más vieja del mundo. Luego de algunas complicaciones en su salud y una serie de tratamientos se produjo este deceso que causó una inmensa tristeza en la Reserva, ya que era el ejemplar más querido.

Desde el año 1989 vivía en la Reserva Experimental Horco Molle, un área que forma parte del Grupo Argentino de Tapires que promueve la conservación del tapir en nuestro país. Inés “se había transformado en un ícono de nuestra lucha para conservar esta especie que está en vía de extinción en el país”, comentó Juan Pablo Juliá, Director de la Reserva.

Hacía algunos meses que Inés comenzó con complicaciones en su salud. Se le realizaron intervenciones quirúrgicas y para poder atenderla se tuvo que montar un quirófano en la Reserva. A pesar de todos los esfuerzos, la situación se fue complicando con el paso del tiempo, hasta que el estado de Inés se tornó irreversible por la presencia de tumores.

La tapir más querida de Tucumán había nacido en 1982 en Aguas Chiquitas, y a los siete años entró en la Reserva, donde vivía con todos los cuidados. “Era un animal con bastante carácter y si bien le gustaba compartir con las personas que visitan el predio, por momento buscaba tener tranquilidad“, destacó la veterinaria Elena Correa.

A pesar de la tristeza por la muerte, un tapir vive hasta los 30 años, por eso Inés, con sus 34, se convirtió en el ejemplar más longevo del país y del mundo. Los tapires desde la década del 50 se hallan en peligro de extinción.