Raúl Carnota se apagó el sábado 27 de septiembre a los 66 años tras una larga enfermedad pulmonar. Pero dejó tras de sí una obra que despertó a las nuevas generaciones que –por él- entendieron que la tradición no es un solo una raíz que se despereza debajo de la tierra, sino que también puede tener ramas vigorosas y, sobre todo, nuevas.

En una nota con El Federal había confesado que una vez tocó de espaldas al público: en el Festival del Chamamé, en Corrientes, subió una madrugada de luna con el saxo en centro de la escena. Cuando todos escucharon que de ese bronce salía un chamamé, los silbaron con todas las ganas. Carnota, fiel a su estilo, se puso a rasguear la guitarra de espaldas al público. Así era Raúl, despreciaba el aplauso fácil. Prefería el espinoso camino de ganarse el aplauso con pulso de alfarero y a base de dejar un mensaje sobre el escenario.

Su obra no sólo tenía sus propias composiciones, sino también versiones de canciones clásicas que le habían despertado cierto rechazo del típico grupo de tradicionalistas entrenados en la crítica antes que en el oficio de poner el oído a aquello que nace del alama. Por sus canciones el horizonte de la música nuestra lució renovado; atrajo a los jóvenes a partir de no temer al cruce del folklore con otros géneros. En uno de sus discos más recientes, hasta se animó a introducir una canción de Teresa Parodi con una melodía de The Police.

La cercanía con las nuevas generaciones lo llevó a formar el Proyecto SanLuCa, integrado por el fallecido percusionista Rodolfo Sánchez más la joven figura del armoniquista Franco Luciani, con quien lo unía una gran amistad. Grabaron un disco en vivo y recorrieron buena parte del país.

“La música no hubiese sido la misma sin tu obra. Los músicos no hubiésemos sido los mismos sin vos. Yo ya no fui el mismo desde aquel primer concierto de tantos que compartimos juntos. Me da mucha tristeza tu pérdida física. Me da mucha alegría tu paso por esta tierra y tu obra que será tu manera de estar siempre. Te quiero mucho Raul! Buen viaje!”, escribió Franco Luciano apenas se enteró de la muerte de Carnota.

Algunas anécdotas pintan el andar de este este músico creativo, inquieto arreglador, prolífico compositor. Hace unos años concurrió a la presentación de los cordobeses de Presenta Trío, en el marco de una conferencia de prensa con algunos temas del grupo en vivo. Sentado en una de las butacas de la sala, Carnota se retorcía de indignación cuando un grupo de periodistas juzgaba la música de los muchachos de La Docta en virtud de la dicotomía tradicional/no tradicional.

Raúl se levantó de la butaca, pidió un micrófono y ante el silencio de todos, disparó: “Ustedes –les dijo a los periodistas- hacen desde hace 40 años los mismos comentarios en contra de quienes tienen una mirada amplia del arte. A mí me hicieron lo mismo. Dejen que los muchachos hagan su música”, dijo con la voz castigada. Cuando terminó de hablar, lo aplaudieron todos.

Grabó 15 discos con diferentes formaciones. Una de ellas lo marcó para siempre. Debutó sobre el escenario en el grupo de un grande: Adolfo Ábalos, en 1972. De esa etapa, Raúl recordaba su participación en el espectáculo “El piano en sus tres dimensiones”, que encabezaron Ábalos, Horacio Salgán y el “Mono Villegas”. “Me sirvieron sus consejos sobre la necesidad y la importancia de la libertad creativa”, agradecía.

En la década siguiente formó un trío con Rodolfo Sánchez y el pianista Eduardo Spinassi. Afinó su vena compositiva y sus canciones dejaron de ser de él. “Grito santiagueño” y “Salamanqueando pa´ mí” pasaron por la magia de la voz de Mercedes Sosa, que las grabó en 1983.

El propio Carnota registró a mitad de los años 80 un disco con quien era por entonces su esposa, Suna Rocha, en la que fue su época más prolífica. En esos años registró “Memoria adentro” y “Esencia de pueblo”. Y más tarde, con bases electrónicas y otra vez para dar que hablar en el círculo folklórico, grabó “Entre la ciudad y el campo”.

A mediados de los años 90 volvió a grabar un disco con la percusión de Rodolfo Sánchez, su hermano musical, Lilián Saba al piano y Marcelo Chiodi en los vientos. Su propio estilo no ya de tocar música, sino de lo que él pensaba de los festivales, lo bajaron de los grandes escenarios en donde se prioriza el aplauso antes que el arte, según lo que el propio Carnota sostenía.

Su último registro es “Runa”, para el cual compuso “Artesano del silencio”, “La asimétrica” y “Camino hacia Quimilí”, entre otras canciones. “El día que me vaya de gira, quedaré por lo que hice”, lehabía dicho Carnota a Sergio Arboleya, periodista de la agencia Télam, cuando en 2012 regresó a los escenarios tras una operación en las cuerdas vocales. Ahora, viendo la huella de su arte, podemos decir que tenía razón.