Otra vez los niños pagan las consecuencias del uso indiscriminado de agrotóxicos que caracteriza al sistema de agroproducción de nuestro país. Y en Corrientes, no es la primera vez que pasa. Ahora fue una nena de 12 años de la localidad de Mburucuyá, quien murió a causa de estos venenos.

Sucedió el sábado 9 por la tarde. La niña entró junto a su hermano en una quinta donde había plantaciones de cítricos que habrían sido fumigadas con plaguicidas. Comió una mandarina y se descompensó.

Según indicaron fuentes policiales, la niña presentaba un cuadro de intoxicación y, tras sufrir un paro cardiorespiratorio, murió mientras era trasladada al hospital “María Auxiliadora” de la ciudad de Saladas, a 54 kilómetros de distancia de Mburucuyá. La Policía realizará allanamientos en el predio.

Esta nueva tragedia se da en un contexto en el que, semanas atrás, la Cámara Criminal de Corrientes Capital confirmó el procesamiento de un productor (Oscar Candussi) imputado por homicidio culposo con uso de agrotóxicos por la muerte de un niño de 4 años, José Carlos Rivero, oriundo de Lavalle.

Después de pelear por su vida en el Hospital Garrahan, José Carlos Rivero murió en diciembre de 2012, envenenado por un organofosforado, una sustancia compatible con el tipo de agrotóxicos que se usan en las tomateras. Las pericias posteriores encontraron el compuesto en las hojas de las plantas de tomate del establecimiento hortícola y en el cuerpo de chanchos muertos.

El primer juicio por homicidio por intoxicación con agrotóxicos en nuestro país tuvo lugar en diciembre de 2016, con una decisión en favor del agronegocio por parte del Tribunal Oral Penal de la ciudad de Goya que absolvió a Ricardo Nicolás Prieto, el horticultor responsable por la muerte de Santiago Nicolás Arévalo, un niño de 4 años que murió tras intoxicarse a causa del plaguicida Endosulfán.

El hecho sucedió en 2011, en Lavalle. Nicolás salió de su casa, tropezó con una tabla y se cayó a un desagüe, mojó su pierna y manos y se fue a jugar con su prima Celeste Estévez, de 7 años. El agua provenía de una plantación de tomates donde frecuentemente fumigaban con agrotóxicos y el agua que entró en contacto con los niños estaba contaminada con agentes químicos. Nicolás murió y Celeste quedó seriamente afectada.

Esto no es una problemática que afecta solo a los pueblos fumigados y a los niños de escuelas fumigadas. Lo alarmante es que a esta altura son innumerables los estudios (incluyendo al SENASA) que ya demostraron que las frutas y verduras comercializadas en nuestro país contienen residuos de agroquímicos.

Por Matilde Moyano