Por Jorge Daniel González

Si al caminar por un sendero de sueños el cuerpo se detiene para mirar sobre el hombro, verá un paisaje retrospectivo en el que cada árbol, como una fuente de frutos y de oxígeno, resulta de alguna pequeña semilla que hoy suspira como un candelabro encendido con imágenes y con vida. Para ello hubo de pasar un tiempo de madurez, de consistencia y continuidad que puede compararse a la carrera de un artista. En Santiago del Estero, factoría de cantores y músicos, de poetas y decidores, los consagrados fueron alguna vez pequeños y tuvieron anhelos de triunfo. No es imposible pensar que se puede llegar lejos en el sueño de una cultura heredada. En este juego, tres de los nuevos artistas santiagueños comienzan a teñir con agua de manantial las raíces de una futura arboleda: Marcelo Flores, Valeria Díaz y Carlos Roldán.

Camino y canción. “Comencé a reconocer al folklore como propio desde chico a través de mis padres y con  juntada de amigos. Recuerdo que había un personaje llamado Carlos Ávila, quien cantaba las canciones de Horacio Guarany y ahí estaba yo, tocando el bombo con una silla de cuero. Tenía nueve años”, revela Roldán, con la nostalgia de los buenos recuerdos. En esos años estudió guitarra con el profesor Rubén Osvaldo “Nuni” Santillán.
Valería Díaz lleva 12 años en la senda del folklore que descubrió gracias a sus estudios de guitarra a los 11. Empezó a admirar el estilo romántico: Jorge Rojas y, como buena bandeña, a Los Carabajal. Cautivó con su voz, desde muy pequeña, a varios jurados en los certámenes más importantes de La Banda. “Me presenté en 1999 en el Pre Salamanca en dúo y solista y gané en los dos rubros, pero como no se podía ganar en ambos elegí el dúo con mi hermano. Dos años más tarde volví a ganar en solista vocal y disfruté de mi premio: cantar en el Festival Nacional de La Salamanca. Este impulso me llevó a grabar un demo de cinco temas. En el camino he sido parte de algunos conjuntos  como Grupo Bandeñas, hasta diciembre de 2011”
Marcelo Flores tiene sangre cordobesa y corazón santiagueño. Compone y canta y, además, indaga en el mundo musical: “Comencé hace 20 años en la música, cuando ya era grande. Fue una historia de cantar en grupos de amistades y en cierto momento ya estaba actuando en un escenario. Un amigo que tocaba la guitarra me introdujo en el folklore. Tenía antecedentes de mi papá y de mi abuelo materno, pero cero en guitarra. No quedó ningún instrumento, pero la sangre tira.”
Flores integró varios dúos y tríos y formó parte de tres grupos muy importantes de estirpe santiagueña: Los Santiagueños del Río, Cantoral Santiago y Dúo Horizonte: “Tuvimos la suerte de estar en Cosquín apadrinados por los nuevos Fronterizos y recorrer muchos escenarios”. Por su parte, Carlos Roldán comenzó con grupos de cercanos en el Barrio San Martín, a pasos del centro de La Banda, pero curiosamente al final de su etapa adolescente, se alejó del folklore: “Fue una época donde comencé a escuchar heavy metal; me gustaban Metallica y Guns N´ Roses. Pero luego volví al folklore más o menos a los 18. Retomé la práctica con la guitarra y formé el Dúo Salamanca con quién toqué en el festival Pre Salamanca 1999 y luego integré un grupo vocal de cuatro voces llamado La Trova”.

El proyecto solista. Tras sumar experiencia en distintos proyectos grupales, Marcelo Flores emprendió el sendero del músico solista: “Canté en una orquesta estable y en una cadena de casinos: baladas, cumbias, cuartetos; todo esto me llevó a un punto en el que determiné que ya estaba preparado. Pero decidí encasillarme en una sola cosa y con cinco años de experiencia grabé un disco piloto para mostrar un disco llamado Mi tiempo, con ocho temas propios”, avisa Flores, quién, como compositor, ha sido de
gran aporte a los primeros pasos de Carlos Roldán: “Ganamos un certamen en 2005 y grabamos el primer disco, en el que incluía El arte de querer de Marcelo Flores, a quién ese tiempo lo conocía de nombre pero que escribió un gran éxito. En 2003 grabé el disco Viaje del alma y Melodías de amor en 2005, que fue el puntapié para hacer un recorrido por las provincias e incluía temas inolvidables como Gallitos del aire, Sos todo eso y mucho más y el ultimo, Directo al corazón (2008), que a nivel provincial, es muy solicitado”. En la actualidad, Valeria Díaz produce su primer disco, momento oportuno luego de algunas experiencias importantes que le dieron las alas para despegar: “Canté en el Festival de la Chacarera, en la Fiesta de Sumampa; también en Cosquín en 2007 en La Peña de los Carabajal. Y también hice una gira de un mes por Venezuela con el ballet folklórico Ciudad de La Banda”.

Sueños de cantar. “Se podría decir que es posible vivir de la música. Así como ser solista es muy difícil, el rol de compositor también es complejo: hice una zamba llamada El arte de querer, y a partir de ello, los artistas me fueron pidiendo temas, y recién ahora se están generando movimientos como para ver ingresos a través de la composición. Mis amigos cantan mis temas pero es otro proceso que se necesita para vivir de la composición”, sabe y dice Flores, quien tiene una visión muy clara de lo que es el camino difícil del artista que empieza a caminar: “Me faltan hacer cimientos como solista. Cuesta moverse porque cuando no sos conocido, no se tiene poder de convocatoria, por lo que te restringen el tema de los gastos, el traslado de los músicos e instrumentos, la estadía. Se pone más difícil y te condicionan”. Por esa dificultad, muchos artistas prefieren formar su camino con una base paralela para poder dedicarse luego a la pasión musical. Como Valeria Díaz: “Trabajo en la oficina de pensiones asistenciales, dependiente de la municipalidad de La Banda, y soy técnica en información económica y social, titulo intermedio de la Licenciatura en Sociología, que si dios quiere, alcanzaré en un año”
“Mi objetivo inmediato es una grabación nueva con material inédito y canciones  populares”, confiesa Carlos Roldán con un deseo tácito de alcanzar la grilla de intérpretes populares del territorio argentino, similar al anhelo de Díaz: “Tener proyección nacional y vivir de la música es un sueño ya que le dedico tiempo y amor, y disfruto mucho en el escenario. Si me preguntan sí es sacrificada la carrera del canto, les conwwwaría que con la pasión, todo se puede”. Desde su lugar, Flores fue cumpliendo metas pero aclara que no siempre va de la mano del éxito: “Uno se siente realizado cuando cumple una etapa; a mi me tocó armonizar y armar grupos pero cuando ves que no va más, el interior te pide cosas. Ahora quiero consolidarse como solista, y especialmente como autor, que es a lo que más me dedico. Mi objetivo es tener una estabilidad y vivir tranquilo, no tener que pasar sobresaltos. Porque la vida del músico es inestable, siempre dependiendo que de nos hablen o cruzando los dedos para que no llueva cuando tenemos que tocar; sería un anhelo muy grande sentarme a componer tranquilo sin pensar en la boleta de la luz u otra cosa”.