Siempre decimos que uno de los libros más difundidos de la tradición campera es, sin lugar a dudas, “Equitación Gaucha en la Pampa y la Mesopotamia” de Justo P. Sáenz (h).
También decimos siempre que acaso sea el más vendido, no sabemos si es el más leído.
Pero no somos nosotros quienes decimos esto que parece peyorativo, el mismo Sáenz en el “Liminar” de su obra, escribió: “…confío en interesar a algunos y, tal vez… ¿porqué no?… en ilustrar a otros que, fuertes en su prestigio de entendidos en cosas criollas, creen no ignorar nada de estos asuntos, siendo que en realidad su saber se limita, la más de las veces, al dominio de las prácticas hípicas peculiares a determinada zona o región.” Y esto no es errado, porque siempre habrán escuchado o leído, el enfrentamiento que algunos hacen entre camperos y tradicionalistas, como si los primeros, vestidos a la usanza criolla, no quisieran formar parte del movimiento tradicionalista, porque al saber realizar los trabajos del gaucho, su categoría fuera superior.
Se es tradicionalista o no, después, si uno es campero…mejor. Pero no todos los camperos saben de tradición. Y como respetamos la oralidad en la transmisión de conocimientos, sugerimos
 hablar con los que saben y leer mucho, básicamente, porque los libros también los escribieron los que saben.
Justo P. sáenz, en el capítulo dedicado a la equitación pampeana, en su subtítulo “La cabezada y las riendas”, escribe: “Poco diferían de las porteñas actuales de cuero crudo, salvo a la referente a la mayor o menos abundancia de ¨yapas¨, argollitas intercaladas como adorno, que las hacían semejantes a las entrerrianas y uruguayas de hoy en día. Cabezadas con dos y tres yapas y riendas de hasta seis, son frecuentes en las litografías de Vidal, Bacle, Palliere y otros a que ya he aludido”. Este párrafo es particularmente importante porque aclara el punto, a veces motivo de discusiones por el tema de un adorno tan criollo como la argolla.
Prosigue: “Un detalle característico de las cabezadas antiguas, era la decoración que se insumía en sus wwweras: el ramal que sobre la parte frontal superior del caballo, une ambos tiros laterales de la cabezada: planchas de plata, plumas de avestruz teñidas de rojo, o bandas de género del mismo color con inscripciones partidarias que caísn en colgajos y borlas, hasta cerca de los ojos del animal. Abundaban las cabezadas y riendas de un cuero simple, , sujetas con un nudo, como las llamadas ¨pampas¨ al presente. Otras, cosidas de dos ¨guascas¨ o bien cubiertas de artísticos esterillados o trenzados, redondos, chatos o ¨patria¨, de caracol, de ¨chalay¨, bombas, botones simples o de ¨pluma¨, sortijas y corredores de tiento de varias clases.
Las riendas unidas por una argolla en la parte que se empuña y terminadas en una azotera de un metro o más de largo, tal el estilo que conocemos por ¨provinciano¨ – rienda con ¨penca¨ al modo de Córdoba, Mendoza, Salta, etc.- eran tan porteñas como las anteriores, y las reproducen a menudo algunos de los artistas citados”.
Sigue Justo P. Sáenz aclarando el tema, por eso revalorizamos tanto a relectura de textos que hemos leído hace mucho y sobre los cuales tenemos algunos detalles olvidados.
Seguimos leyendo: “Las cabezadas con ¨bozalejo¨ -hornamento frontal unido a la ociquera- , de cuero delgado, torcido, con virolas, cadenitas o chapitas de plata, habitual en las mesopotámicas y orientales por lo aparentes para usar con fiador, eran muy llevadas”.
Estos textos demuestran que nada es absoluto; que pueden habe existido usos populares en la región pampeana que hayan sido creados y realizados en otras regiones.