Por qué los chicos porteños tomaron más de cincuenta escuelas secundarias?
-El conflicto surge a partir de un avance de una reforma de la currícula en las escuelas técnicas. Para explicar qué es esto, digamos que el año pasado se hizo una discusión entre los ministros de Educación de cada una de las jurisdicciones y de Nación, en el ámbito del Consejo Federal de Educación, donde se elaboraron las nuevas modalidades y formatos de la escuela media, con las distintas orientaciones que va a tener, etcétera. La idea es recentralizar los contenidos. Que, desde cierto punto de vista, uno podría decir, sin conocerlos, que es un objetivo progresista.
-Los pibes dicen todo lo contrario…
-El problema es que en la ciudad de Buenos Aires la Ley Federal no avanzó de la misma manera que en el resto del país. Capital Federal y Neuquén son los únicos dos distritos en los que, por lo menos, la estructura de la Ley Federal (polimodal, etcétera), no entró. Un ejemplo: siguen existiendo en la ciudad de Buenos Aires escuelas técnicas, artísticas y de comercio, destruidas en el resto del país. Por lo tanto, esa recentralización de contenidos que puede ser vista como progresista en algún otro lugar, en la ciudad de Buenos Aires es un paso hacia atrás, porque al uniformar en diez modalidades, quitan parte de las especialidades y especificidades existentes.
-Es decir, Capital logró resistir a la Ley Federal de Educación. Ahora el Gobierno Nacional propone reunificar contenidos, y Macri quiere igualar, pero para abajo. ¿Es así?
-Claro. Para adecuarse y homologar los títulos. Ahora, ¿qué pasa? En el caso de las técnicas, les quita especificidad. Para la escuela técnica, es muy importante la salida laboral. Es como si el título, antes de esta reforma, le permitía al maestro mayor de obra firmar un permiso de obra de hasta tres pisos, y ahora sólo para un piso. En las escuelas artísticas pasa algo parecido.
-Lo que puede ser visto como una ventaja en muchas provincias, es una enorme pérdida para la educación en Capital Federal.
-Esta reforma tiende a hacer resurgir las escuelas técnicas, que ya se habían perdido en varias provincias. Desde ese lugar, uno puede decir que es un avance. En el caso de la ciudad, el conflicto se agravó, porque el Macrismo, en lugar de establecer un mecanismo de consulta ampliado, transparente y en conjunto, tal como establece y sugiere la misma ley, lo que hizo fue hacer consultas con algunos directivos y docentes elegidos a dedo, con la complicidad y acompañamiento de algunas entidades sindicales. Cuando se hicieron públicos esos acuerdos entre bambalinas y se supo cómo piensan cerrar los formatos de currícula, surgió la reacción de toda la comunidad. Hubo una masiva movilización de estudiantes y docentes y llovieron los pedidos de entrevistas al ministro de los centros de estudiantes, cosa que fue denegada hasta que unos legisladores de la oposición consiguieron mediar para que el ministro porteño concediera esa entrevista a los chicos, que se haría el 13 de septiembre. Pero el día 12 por la noche, Esteban Bullrich la suspendió, y al día siguiente los pibes comenzaron con la toma. El cierre de la posibilidad de diálogo por parte del ministro desató este proceso.
-¿Tanto pierden las escuelas si el gobierno de Macri hace su reforma?
-Lo que Macri saca, en realidad, y eso hay que aclararlo, se adecua a la caja curricular que plantea el Consejo Federal de Educación. Los recortes apuntan, sobre todo, a las materias más técnicas o prácticas, las TP (trabajos prácticos). Si bien está la materia teórica de Química, a las horas de trabajo práctico de Química se las reduce o se las saca. Implica que en una escuela con esa especialidad caiga en desuso su laboratorio, con una pérdida de especificidad que afectará al título del estudiante egresado de allí, como consecuencia de la falta de práctica. Materias como taller, por ejemplo, son afectadas.
-Es una situación grave. No se entiende cómo se pudo pensar en una reforma así.
-Lo que ocurre es que acá no se partió de un diagnóstico conocido. Nadie sabe qué problemas encontraron los funcionarios en la Escuela Media, qué tipo de escuela quieren formar, cuál es el perfil del egresado a formar y educar, para poder entender la reforma que hicieron.
-O sea, no se sabe a qué apunta la ley que elaboró Nación.
-Exacto. Seguramente, los estudios estarán hechos, suponemos nosotros. Pero lo que sí está claro es que no fue informado ni a los docentes ni a los estudiantes, que son los sujetos activos del proceso de enseñanza/aprendizaje, y que por eso tienen el pleno derecho de ser protagonistas de cualquier reforma que se quiera pensar. Este menoscabo profundiza un rol asignado al docente, el de mero aplicador de contenidos o currículas que fueron pensadas por técnicos muchas veces alejados de la realidad del aula, o que por lo menos, en lugar de trabajar en conjunto con los docentes, lo hacen en forma aislada. Esto sin responsabilizar al técnico en sí, que es un trabajador más, sino al proyecto global, que es el verdadero responsable.
-¿En qué quedó, entonces, la situación de las escuelas porteñas?
-Una jueza intervino y obligó a Bullrich a sentarse a dialogar con estudiantes y docentes. Eso ya representa un avance. El macrismo hizo pública una decisión que ya tenía tomada: mostró un memo interno que suspendió hasta el 2014 la aplicación de la reforma, salvo en 6 u 8 especialidades técnicas, que representan a las 26 técnicas que estaban tomadas. Es decir, donde avanzó, no retrocedió. Suspende el resto, donde no había avanzado todavía. Por eso, un poco las escuelas han levantado la toma. El problema no está solucionado, porque todavía no se sabe cómo van a organizar las jornadas que prometieron para que la comunidad participe. ¿Las decisiones que se tomen van a ser vinculantes? ¿Los convocados serán elegidos a dedo? ¿Van a poder participar todos? Nada de eso está establecido. Tanto los estudiantes como Ademys, estamos planteando que queremos sentarnos en una mesa con la representación gremial docente, la estudiantil, el ministerio, legisladores, la Justicia si quiere también, a diseñar cómo debería ser esas jornadas donde se va a definir la reforma curricular. Nosotros queremos ser parte de ese diseño, para garantizar que la consulta sea verdadera.
-¿En la Argentina de hoy, la escuela pública es para los pobres y la privada para los ricos?
-Y, cada vez más. Sobre todo en los distritos donde ha avanzado mucho el proceso de privatización. A nivel nacional el 26 por ciento de la matrícula asiste a escuela privada, y en la ciudad de Buenos Aires, la mitad de la matrícula. Es un aliento del Estado a la escuela privada, a través de subsidios que pagan gran parte de los salarios docentes con fondos del erario público. Esto permite reducir las cuotas, y así favorecer la transferencia al sector privado. De los 9 mil millones de pesos de presupuesto educativo que la Ciudad de Buenos Aires administró en 2011, 1.300 millones fueron a subsidiar escuelas privadas.
-Si esos recursos fueran reasignados a la escuela pública, podrían jerarquizarla.
-Seguramente. Pero en el presupuesto 2013 que trata la Legislatura, esa partida de subsidios a los privados aumenta aproximadamente en un 50 por ciento.
-Los argentinos supimos estar, a lo largo del siglo XX, al tope de los niveles educativos en América Latina. Ahora, según las estadísticas de la Unesco, estamos en “zona de descenso”. ¿Qué nos pasó?
-La ley Federal de Educación del menemismo arrasó con gran parte del sistema educativo. Como parte de las políticas del Banco Mundial, y a tono con otras reformas que se hicieron en los llamados “países emergentes”. Con la Ley Federal, básicamente se fragmentó el sistema y se transfirieron las escuelas a las provincias, sin los recursos necesarios, lo que provocó desfinanciamiento. Además, la Ley Federal considera “público” a todo el sistema educativo, sea de gestión estatal o privada. Ese lenguaje no fue revertido por la Ley Nacional del kirchnerismo. En el ámbito educativo, no hay demasiadas diferencias entre este gobierno y el de Carlos Menem. El sistema educativo actual no apunta a formar conciencia crítica y autónoma para una ciudadanía plena. La formación se vincula más con las necesidades de las empresas, en las pasantías… Pero estamos muy lejos de formar al estudiante para el mundo del trabajo.