La tormenta que sacudió a Neuquén durante las últimas doce horas comenzó a ceder. Tal como estaba previsto por los informes que fue realizando la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) -que entre otras cosas funciona como una suerte de servicio meteorológico de la región- la lluvia torrencial se está transformando en una llovizna suave, aunque se siente un viento fuerte, un fenómeno más habitual que la lluvia en esta zona. Aun así, los casi 1500 evacuados deberán esperar para volver a casa. Es que en doce horas llovió en Neuquén lo mismo que llueve en todo un año (150 milímetros) y la ciudad no está preparada para esto. Los barrios más afectados fueron los que están en la barda (hacia el oeste) y en el bajo, que se inunda fácilmente porque hacia allí drenan todas las calles que terminan en los balnearios del río Limay.

La postal a la mañana de la ciudad era difícil de imaginar: calles con un metro de agua y gente andando en kayak; sólo autos 4×4, o camiones del ejército y gendarmería podían entrar a las zonas más complicadas para tratar de ayudar a la gente que no se había autoevacuado. Es que más allá de la ausencia de obras (red de agua y red cloacal) que traten de amainar las secuelas de estos fenómenos meteorológicos (o unos menos impactantes), si algo funcionó fue la prevención.

Desde hace varios días que se sabe que esta tormenta se avecinaba y el alerta ya estaba dado: de hecho cada celular de los ciudadanos de Neuquén recibió una recomendación desde el municipio para que no saliera de las casas, no sacara la basura, para que tomara los recaudos para cuidar a ancianos y niños, y avisando que se había decretado asueto para todas las escuelas y la administración pública.

Esto ayudó a que nadie fuera tomado por sorpresa con este fenómeno climático que suele aparecer cada 40 o 50 años. De hecho, se recuerda el último (de 1975), en el que hubo muertos y heridos y grandes pérdidas materiales.