A través de “Iniciativa 20×20”, un programa cuyo objetivo es transformar la dinámica de degradación de paisajes en América Latina y el Caribe, 17 países trabajarán para alinear política pública e inversiones con la visión de restaurar paisajes a un nivel capaz de ayudar a la región a alcanzar la neutralidad de carbono antes de 2050.

De acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, este nivel equivaldría a alrededor de 250 millones de hectáreas.

Esta semana, 15 ministros y viceministros de América Latina y el Caribe, representantes de 12 fondos de inversión de impacto y 100 expertos técnicos participaron en la Reunión Anual de la Iniciativa 20×20, en Buenos Aires.

Argentina está comprometida con formar parte activa de los esfuerzos regionales y globales para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y la restauración es una opción costo-efectiva para recuperar y mantener las funciones ecológica, económica, social y cultural de los paisajes a través de sistemas sostenibles”, dijo Sergio Bergman, secretario de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable. “Para un país y región como los nuestros —líderes mundiales en la oferta de alimento— esto no solo es vital para obtener mejores cosechas, sino en términos de agua más limpia, suelos más fértiles, mejor calidad de vida y menor riesgo para las personas ante el cambio climático”, añadió.

Iniciativa 20×20 fue formada en 2014 durante la COP20, en Lima, con el objetivo de transformar la dinámica de degradación de paisajes de América Latina y el Caribe y contribuir a restaurar 20 millones de hectáreas de tierra antes de 2020. Los socios de la iniciativa ya cuentan con 104 proyectos y programas en 14 millones de hectáreas a lo largo de la región (casi el tamaño de Francia, Alemania y Suecia combinados), y han comprometido alrededor de $ 1.000 millones de dólares de un total de $ 2.000 millones de dólares de la inversión total destinada por parte de los socios financieros.

Uno de los objetivos plantea más de 500 mil hectáreas en vías de ser restauradas por Conservación Patagónica y otros socios, en Argentina y Chile, con el objetivo de promover la sostenibilidad y ampliar las áreas naturales, como en el caso los esteros de Iberá, en Argentina, y Valle Chacabuco, en Chile.

Los fenómenos meteorológicos extremos y la degradación de los paisajes afectan a miles de comunidades rurales y pequeñas comunidades urbanas latinoamericanas y del Caribe, cuyos modos de vida dependen de que haya tierras saludables. Los meses recientes han sido particularmente costosos en términos económicos y de salud a consecuencia de incendios que fueron exacerbados por sequías prolongadas y que devastaron bosques, calidad del aire, fuentes de agua y biodiversidad.

Según datos de un reporte reciente de Global Forest Watch, se estima que la pérdida en cobertura arbórea en América Latina y el Caribe fue de 5.1 millones de hectáreas, tan solo en 2018. Los esfuerzos de restauración pueden contribuir a cambiar este patrón, ya que ayudan a recuperar y mantener la funcionalidad de los paisajes a través sistemas sostenibles de agroforestería, silvopastura y de uso de suelo, al mismo tiempo que se promueve la reforestación natural o asistida, la conservación de bosques y otros paisajes y se evita la deforestación. Todos estos elementos son fundamentales en un proceso de restauración integral y contribuyen a incrementar la productividad de la tierra sin dañarla.