Ver VIDEO – Maestro aborígen y niñas wichí

 

Lengua es identidad.

Después de un día entero viajando (500 kilómetros de pavimento, 150 de tierra) la camioneta llega a la Comunidad Barrio Amarilla. Los árboles del monte no son muy altos. La tierra parece harina y se vuela por nada. Los ranchos son de adobe y los terrenos tienen cercos de palos. Es invierno en el Noroeste de Formosa. Al sol está lindo pero a la sombra hace frío.

 

Augusto Sánchez es el cacique. Cuenta que tiene 48 años aproximadamente porque cuando nació no lo anotaron y entonces ni festeja el cumpleaños.

 

“Soy un Mema”, dice en la puerta de una escuelita. Mema es Maestro Especial Modalidad Aborígen. Habla bajito, tranquilo. Pronto llegan varios muchachos y unas niñitas. Se forma una ronda aunque el único que habla es Sánchez, el cacique.

“Salimos de la Comunidad San Martín en 1983 por inundaciones. Fuimos a Pozo Bonifacio. En 1987 Pozo Bonifació se inundó. Fuimos a Sol Argentino, un puesto criollo que también se inundó. La provincia después hizo barreras de contención. Cerca del 2000 nos vinimos para acá”. Las mudanzas son normales en la vida de los wichí. “Wichí es una palabra en plural”, aclara.

 

Cuenta que si un colibrí anida en un rancho, es porque la gente pronto lo va a tener que abandonar. También que muchas veces los profesores blancos no comprenden sus saberes y los llaman mitos.

Sánchez es maestro bilingüe y enseña la lengua materna. “En el Departamento Ramondista hay más de 100 Memas trabajando”. Sánchez parece burlarse de los blancos: “Hay gente que nos desconoce: nos llaman primitivos, pueblos originarios”. Cuenta que en la zona hay indígenas porque “los conquistadores no vinieron para acá. Los indígenas eran fuertes para pelear cuerpo a cuerpo pero no contra la pólvora”. 

 

Soy del monte.

Hace años Sánchez anda en moto. Ahora está contento porque sacó un préstamo y compró una camioneta usada. “Todos sabemos algo, hasta los más chiquitos me enseñan cosas”. Cuenta que junto a tres comunidades poseen tierras donadas por los anglicanos. Esas tierras se inundaron pero ahora planean volver a ocuparlas. “Nuestra cultura es vivir juntos. Una gran familia. Tenemos parientes para abajo y para arriba”. En Barrio Amarilla viven unas 20 familias (en general numerosas, de 8 a 12 hijos).

 

“Kaila” es cabra, “tolo” es vaca, “tale” es un pájaro que anuncia la muerte o una mudanza.

 

“Wahat” es un tipo de pez y “hal´a” es árbol. Dos niñas de unos 3 años se sorprenden con la filmadora del periodista. Ellas no hablan español aunque una se llama Rafaela. “La televisión (satelital) ayuda a que los chicos aprendan español. No me gusta la ciudad, soy del monte. Si voy a la ciudad, al día me quiero venir”, comenta Sánchez.

 

Comunidades wichí: Conocé a las artesanas del chaguar