Estamos viviendo un período histórico muy especial denominado “Entre bicentenarios”, tomando en cuenta la Revolución de Mayo (1810) y la Declaración de la Independencia (1816). Cien años atrás, el país también recordaba estas fechas en una forma especial. Los acontecimientos principales, como es lógico, tuvieron lugar en la capital argentina. Exposiciones, fiestas, monumentos, congresos, visitas especiales… Todo en la Reina del Plata y alguna que otra gran ciudad del interior. Sin embargo, la Argentina era mucho más que Buenos Aires. En mayo del año pasado tuvimos el gusto de describirles qué sucedía hace un siglo en las catorce capitales provinciales que había entonces. Sin embargo, tampoco estos estados configuraban la totalidad de la nación. Lo más remoto fuera de la incipiente incursión antártica (sólo seis años antes, la Argentina había comprado la estación meteorológica escocesa de la isla Laurie en las Orcadas del Sur) era Ushuaia, capital del territorio de Tierra del Fuego. La comunicación y el transporte eran muy distintos de los actuales: no había líneas aéreas, ni rutas asfaltadas y el puerto más sureño al que alcanzaba el ferrocarril desde Buenos Aires era Bahía Blanca. No había línea telefónica, ni satélites, ni fax, ni Internet… ¿Qué sucedía un siglo atrás en este remoto confín tan argentino como la Plaza de Mayo?

ANTES DEL CENTENARIO. Los pueblos originarios de la isla Grande de Tierra del Fuego, separada del continente americano por el estrecho de Magallanes, habían sido diezmados en gran parte hacia la primera década del siglo pasado. Los pocos sobrevivientes de los selkman, luego llamados onas, y los yaganes, luego denominados yámanas, habían sido amparados por religiosos católicos (salesianos) y prowwwantes (anglicanos).
El presidente Julio Argentino Roca estaba decidido a implantar la soberanía nacional en el sur. En 1881, un tratado divide la isla en dos: una parte para Chile y otra para la Argentina. Roca envía, entonces, en 1884, al comodoro Augusto Laserre como encargado de la primera expedición de la Armada Argentina en esta zona. Este izó el pabellón nacional en la misión anglicana de Tomás Bridges. Instaló también la subprefectura y un faro en la Isla de los Estados, y el 27 de junio de 1885 Ushuaia fue nombrada capital de la gobernación de Tierra del Fuego, lo que se oficializó casi una década más tarde. Félix Paz, apellido adecuado para ilustrar lo que sucedió en definitiva con Chile, fue el primer gobernador.
La lejanía y soledad de estos pagos seguramente inspiró la construcción de una prisión militar al estilo de lo que ya habían hecho Francia e Inglaterra, entre otros países. Inicialmente se la levantó en la Isla de los Estados junto al nuevo faro, pero las dificultades de comunicación y transporte hicieron que se mudase a finales de ese siglo a Ushuaia. Roca, en 1896, había firmado el decreto para que se erigiese una cárcel para reincidentes, y ambos presidios se fundieron en uno en 1911. La ciudad de Ushuaia entonces tomó vida al ritmo de la prisión: por un lado, esta requería de alimentos, ropa, medicamentos, productos de limpieza, es decir que la población proveía lo necesario para los reclusos y sus custodios. Por otro lado se daba el camino inverso: los mismos presos generaban material para ellos y sus vecinos en libertad. La cárcel contaba con talleres, imprenta, carpintería, aserradero y hasta un ferrocarril que conducía a los bosques donde los internados cortaban madera y la llevaban al penal.
A ciertos presos se les permitía criar gallinas o fabricar estuches de madera. Luego vendían huevos y estuches a los habitantes de Ushuaia y a oficiales y tripulantes de los barcos de guerra para ganar unos pesos.
La historia de este establecimiento merece un artículo por separado. Funcionó hasta 1947 en que fue convertida en Base Naval. Actualmente, un museo muy bien preparado funge entre las sórdidas paredes.
Pero volvamos a la prehistoria del Centenario. En 1890 se levantó en Ushuaia la primera escuela que llevaba el justo nombre de Domingo Sarmiento, fallecido un par de años antes. En 1891 se instala la primera oficina de correos y comienza a trabajar el primer periodista argentino, José Ezaguirre.
En el censo de 1895 se cuentan 323 personas. El periodista y escritor Roberto Payró la visita de paso a la Antártida, en 1898, en un viaje muy rico para la época. Un año más tarde, por primera vez recibe a un presidente, ni más ni menos que Julio Argentino Roca. Lo acompañan, entre otros, los ministros Martín Rivadavia y Amancio Alcorta.

CIEN AÑOS DE LIBERTAD. En 1905 asume el gobernador Manuel Valdez. Y en marzo del año de 1910, luego de recorrer el mar Mediterráneo y parte del Adriático, en Europa, y una pausa en Río de Janeiro (Brasil), llega la fragata Sarmiento, al mando del capitán Almada. Ese mismo mes, la revista “Caras y Caretas” describe así a la ciudad más meridional: “Más allá hacia el sur hay todavía otros sitios habitados; pero son simples establecimientos de colonos aislados. Ushuaia es, más que una ciudad, un grupo de barracones de madera con techo de zinc, entre los cuales sobresale la casa del gobierno, pintada de rojo, y la residencia del gobernador, encargado de la administración y vigilancia de toda la parte argentina de Tierra del Fuego. La población de esta ciudad perdida en las soledades australes se compone casi exclusivamente de empleados y comerciantes”. No extraña, entonces, los guarismos del censo de 1914, que muestran que, si bien la población había crecido un cuatrocientos por ciento en las últimas dos décadas, la amplísima mayoría eran hombres: 1.324 contra 234 mujeres.
¿Cómo habrá sido el 25 de mayo de 1910 en Ushuaia? Poco sabemos, pero el historiador Humberto Brumatti recoge, en su historia del correo en esta ciudad, la Memoria Anual escrita por el gobernador Manuel Fernández Valdés el 27 de abril de 1910. En ella se queja de que la estafeta Ushuaia no ha sido habilitada para giros y bonos postales conforme el Ministerio del Interior había resuelto dos años antes. Dice el funcionario desde el sur: “Las estaciones radiotelegráficas de Ushuaia y Año Nuevo están terminadas y la de Cabo Vírgenes debe terminarse en estos días. Como hasta este último punto llega el telégrafo nacional, en breve habrá terminado el aislamiento de este territorio y la razón de su retardo en el progreso de la República. No existen comunicaciones directas terrestres ni marítimas entre Ushuaia y los Departamentos del Norte. Solamente en verano y por causas muy imperiosas se ha cruzado al interior del territorio a través de montañas, turbales y pantanos sufriendo toda clase de penalidades”. Así llegaba el Centenario al extremo sur argentino, donde la poca correspondencia arribaba en los barcos Presidente Sarmiento, Presidente Quintana y Neuquén.
Diez días antes de la celebración patria, cuenta un anónimo cronista de “Caras y Caretas”: “Hace un frío respetabilísimo. Sobre Ushuaia y los montes vecinos se extiende una sábana de nieve. En el puerto cabecean la veterana corbeta Piedrabuena –la Paraná de otras épocas— y el pontón El Tiempo. En los palos de velamen de aquella se amontona el maná blanco dando al buque un aspecto de ballenera polar. Las campanas de la iglesia llaman a misa. El señor cura, un viejito salesiano, pronuncia un sermón. A la salida del acto religioso, un vecino me dice: ‘Esta tarde estamos de carreras. Habrá Sport. Concurro a la reunión turfista. La mancarronada es de pura sangre… de pato. A lo lejos es fácil confundirla con un lote de perros lanudos.” Luego de describir algunas carreras acota, y hoy nos asombra, que los tiempos de los caballos se tomaban a ojo, pues “el único reloj de marcar tiempos se encuentra en compostura en Punta Arenas” y todavía faltaban semanas para que retornase.
El periodista visita el lunes 16 de mayo de 1910 la escuela del Estado, dirigida por María de Cortés, esposa del director de la cárcel civil, Ramón Cortés. Están anotados cuarenta alumnos de ambos sexos. Cuando el clima lo permite se les dictan clases al aire libre de horticultura y floricultura en el jardín del establecimiento. Entre la escuela y la cárcel median unas 35 cuadras.
Ya en junio y julio se solucionarán los problemas del correo: se comunica al Ministerio del Interior la habilitación al servicio público de la estación radiotelegráfica de la Marina instalada en Ushuaia, y se eleva la categoría de oficina de cuarta a la estafeta Ushuaia. La oficina postal se encontraba, como sucedía en otras partes del país, en instalaciones de la casa de gobierno. Antes de 1912 se muda a un inmueble (destruido por un incendio en 1934), propiedad de Juan Stroom, al lado del Banco Nación, que abrió su sucursal en 1911. Y nos remontamos a ese año, justo a un siglo de nuestros días.

SE VIENE EL SEGUNDO. En 1911 llega al presidio Simón Radowisky, ácrata que había asesinado al jefe de Policía Ramón Falcón y que protagonizará, en 1918, una fuga de película, pero un mes más tarde será puesto otra vez entre rejas. El 28 de marzo de 1911 llega otro personaje totalmente opuesto a la capital boreal: el segundo presidente en visitarla, Roque Sáenz Peña. En su comitiva incluye a los ministros Ramos Mexía y Sáenz Valiente a bordo del vapor Buenos Aires. Antes desciende en la Isla de los Estados y se encuentra en un abrazo con Zuccarelli, el único habitante de la isla, quien le obsequia camarones y el mandatario lo retribuye con pantalones y levitas. Es interesante la impresión casi turística que al creador de la ley de votación que populariza su apellido le causaron los canales: “Ofrecen un espectáculo de belleza incomparable”.
Es curioso cómo de a poco, a medida que van llegando más fotos y descripciones de la capital fueguina, cambia también el concepto que de estas tierras australes tiene el habitante de la pampa húmeda. “Caras y Caretas” reconoce, en 1914, que para muchos Tierra del Fuego es sinónimo de “martirio y pena, la tierra solitaria y fría, la Siberia argentina”, lo que tiempo después Lobodón Garra, el hijo del presidente Agustín Justo, llamará “La tierra maldita”. Por el contrario, el citado semanario describe a este confín como una “fracción bella del globo”, con montañas nevadas perpetuamente, bosques de hayas, canales, bahías, ríos torrentosos y magníficas puestas del sol. Ushuaia “se extiende en el fondo de una pintoresca bahía y a pie del monte Olivia; a la derecha se destaca, sobre una pequeña meseta, el presidio”.
Según la crónica, en 1910 vivían 285 habitantes mientras que en 1914 llegaban a unos 1.000 más unos 500 del penal. “El clima, aunque frío, es saludable, y ciertamente con el tiempo Tierra del Fuego será una región donde los turistas irán en busca de hermosos paisajes y majestuosas marinas”.
En 1914 también existía una preocupación por la aislación de Ushuaia. Era evidente que el crecimiento de la ciudad, con su cárcel cada vez más poblada, generaba la necesidad de una comunicación más fluida allende la isla. Según el periódico “Vida Marítima” de dicho año, la meta era contactarla con mayor frecuencia con Punta Arenas, un oasis para la lejana capital argentina. El transporte Vicente Fidel López no podía servir a la creciente necesidad de tráfico entre ambas, ni tampoco el vaporcito Carolina, y los horarios eran muy irregulares.
El gobernador Fernández Valdés deja en claro en 1915: “No existen líneas de navegación propiamente dichas, es decir, que establezcan comunicaciones regulares entre los puertos del territorio o de estos con los del resto de la República. Procedente de la Capital Federal sólo toca este puerto un barco de la Compañía Importadora y Exportadora de la Patagonia, cuando hay carga compensativa, y este año ha ocurrido que en un viaje rehusó esa carga por tener demasiada para otros puertos. Puede calcularse en un máximo de cinco viajes anuales los que esta Compañía efectúa hasta Ushuaia. Entre ésta y Punta Arenas viajan con alguna regularidad dos pequeños buques de bandera chilena que traen pasajeros, carga y correspondencia. Uno pertenece a la firma Braum y Blanchard y el otro a la de Amadeo Pasinovich. El transporte de la Armada, afectado al servicio de este territorio, ha extendido sus viajes hasta Río Gallegos y Río Grande, lo que si bien beneficia a estos puertos, redunda en perjuicio de Ushuaia, por la considerable disminución de los viajes.”
Ha pasado un siglo y mucho cambió en esta bella ciudad a la que se llega en apenas unas horas en avión desde Buenos Aires, o desde la que pudimos vivir en directo para todo el país la llegada del nuevo milenio por televisión. El turismo la tiene entre las preferidas de nacionales y extranjeros. Presos, militares, personal de correo y de la cárcel y navegantes hicieron punta hace nada más que cien años.