Por Eduardo Bustos

Fotos Jazmín Arellano

 

Los días en los que las vaquitas criollas deambulaban despreocupadas por las pampas quedaron muy lejos. A los vacunos sólo se los capturaba para utilizar su cuero, mientras que sus músculos y la osamenta se convertían en el plato fuerte de las carroñas. Luego llegaron al país las primeras razas británicas, y así desembarcaron en estas comarcas los Shorthorn, los Angus y los Hereford, entre otras variedades que incluyeron a las razas cebuínas.

Décadas más tarde aparecieron los Brangus y los Braford, y con ellos los trabajos de investigación genética a cargo de expertos legendarios como Alberto de las Carreras, Guillermo Call o Julio García Tobar, que dejaron una huella profunda en la ganadería argentina.

Rodolfo Peralta es uno de los herederos de esos investigadores. Veterinario de profesión, especializado en reproducción animal, tras egresar de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), se dedicó a la docencia en esa misma casa de estudios, y en paralelo, investigó.

Peralta es hoy uno de los profesionales más convocados para contarles a los productores sobre las mejoras de los rodeos bovinos a partir del respeto y la integración con el medio ambiente.

En el campo

De perfil bajo, al veterinario le gusta estar en el campo, entre los corrales, en bombacha campera y de alpargatas de suela bajita. No le preocupa ensuciar su calzado con bosta y disfruta de las charlas de los criadores, porque sabe que es en los corrales donde se plantean los grandes desafíos que se renuevan en cada amanecer.

La entrevista de El Federal con Peralta se inicia en el campo La Población, cerca de Metán, en Salta. El técnico acababa de instruir a unos 500 productores sobre cómo hacer más eficiente la ganadería en climas adversos y agravados por la seca. La charla transcurre en un día soleado pero muy ventoso. Fue un diálogo breve, que continuó días después en un bar céntrico de la ciudad de Buenos Aires.

Peralta cuenta que su amor por la veterinaria siempre estuvo latente en sus genes, pero recién la descubrió en los últimos años de la escuela secundaria. “Desde muy chiquito, mi vida estuvo estrechamente ligada a la ganadería, porque mi padre era martillero”, dice Rodolfo.

Una jornada de trabajo de Rodolfo puede sorprenderlo en viaje, arriba de un colectivo, en el campo, al lado de una manga o, si está en su Chascomús natal, en un día de escritorio. “Me levanto a las 4:30 de la mañana. Esto ya es una cuestión hereditaria, mi padre también era madrugador. Aprovecho para leer e investigar”, dice.

Desde muy joven, el experto tuvo la posibilidad de trabajar como ayudante –sin cobrar- de la cátedra de Anatomía, en Veterinarias. También conoció, en el tercer año de su carrera, a dos eminencias académicas: Luis Guillermo Call y Julio García Tobar. “Son mis ídolos: me apuntalaron siempre en la carrera”, le contó a El Federal.

Envió 23 cartas a universidades extranjeras para postularse como ayudante de cátedra y, al fin, Peralta fue convocado por el Departamento de Ciencia Animal de la Universidad de Wisconsin, en Madison, Estados Unidos. Allí obtuvo el máster en Reproducción animal.

A partir de entonces, llevó y trajo por el mundo: en Chile hizo un curso sobre trasplantes embrionarios; en Canadá y Estados Unidos intercambió con productores cabañeros. Por eso muchos lo definen como uno de los precursores en la inseminación artificial a tiempo fijo (ITF), que entra a nuestro país a principios de los años 90.

Igualar la calidad

¿Cómo puede influir en la ganadería argentina el conocimiento tomado en países como Estados Unidos o Canadá? Peralta conwwwa: “Muchas veces existe una gran dificultad en tomar algunos desarrollos de esos países para volcarlos a la ganadería local. Se debe adaptarlos y ponerlos en práctica de acuerdo con las necesidades de la Argentina. Pero no es fácil lograrlo.

-¿Es importante la relación de la genética bovina con el medio ambiente?

-La genética interactúa con el medio ambiente, que es quien manda, porque va a permitir que el animal se desarrolle y crezca. El contacto con el medio es imprescindible para entender sus mandatos, es la realidad. Esto no se puede separar de los mercados: tampoco hay que cambiar de genética para exportar. Hay otras pautas a seguir, como la correcta nutrición, el respeto de las etapas de la vida del animal para lograr una calidad de exportación, o para destinarlo al consumo interno.

-¿Por qué existen diferencias entre la carne de exportación y la destinada al mercado interno?

– Deberían unificarse las calidades, porque no existe ninguna razón que explique por qué en la Argentina se faenaron durante tanto tiempo terneros de 250 kilos, y ahora de 300 kilos. Se hace un esfuerzo enorme de mejoramiento, de alimentación y de recriar para terminar un animal con 300 o 320 kilos, que todavía no tuvo el tiempo cronológico necesario para mostrar todo su potencial. Tendría que ser lo mismo para uno y otro mercado: apuntar a animales de 400 a 420 kilos, se ubicaría muy cerca del peso de exportación, que es de 450 kilos. Se debe llegar a eso, porque de esta forma se podría alcanzar la mayor producción de carne que necesita la Argentina. Nosotros, los consumidores, nos adaptaríamos rápidamente, porque la calidad de nuestras carnes es la mejor y se diferencia de cualquier otro lugar del mundo.

-Usted asesora a los productores sobre pautas de reproducción. ¿Cómo toman su consejo?

-Creo que logré que me escuchen, porque no le hablo al cabañero de élite que tiene sus animales en una fila en Palermo y que, a lo mejor, ni los conoce. Sí tengo trato con quien lleva al animal de la soga. Hablo con el productor que está complicado al lado de la vaca, lleno de tierra, sin pasto y me dice: ¿Qué vaca dejo? Y le digo “dejá esta porque es funcional, esta otra te sirve por las

características que tiene, y aquella no porque es grande, porque es patona o tiene la ubre mal”. Esa es mi función.

Rodolfo Peralta también se fija desafíos. “Lo más importante es ser creíble para colaborar con el medio ambiente. No equivocarme en lo que propongo y colaborar en todo lo que hace a genética y selección bovina en un país donde la producción de carne no debería tener límites. No aspiro a ser un súper consultor. Y sí, quizás volver a estudiar afuera, si tuviera algunos años menos”, dice, aun cuando lo sigue haciendo todos los días, en el corral de las vaquitas, en su terruño.