Un PH reciclado es el lugar de encuentro para dialogar con el dúo Rolando Goldman (charango) y Raúl Malosetti (guitarra). La casa, propiedad del primero, es una de esas casas que se esconden tras una simple puerta de madera, anónima entre los negocios y el bullicio que despierta a uno de los barrios más transitados de Buenos Aires: Almagro. “Estaba en ruinas”, señala Goldman, como si no reconociera la reconstrucción que dejó la casa impecable. Atravesar el pasillo es lo más parecido a la teletransportación, la transición aniquila estrepitosamente ruido y movimiento, y asoma el silencio y la quietud. Raúl Malosetti goza de una larga carrera en el jazz y Rolando Goldman se dedicó mayormente a la música folklórica, El potencial melódico, rítmico y armónico que brindan la guitarra y el charango les ofrece a cada uno espacio para compartir: la formación también hace del dúo algo separable. El nuevo álbum, titulado a secas “Malosetti-Goldman” (ver recuadro), es el ensamble que los convoca para combinar sus instrumentos.
-Hacer un disco instrumental con un charango y una guitarra con la impronta del jazz parece una idea muy arriesgada, ¿cómo es desde adentro?
(Goldman) -Hay varias cuestiones, ¿no? Sabemos que la manera en que nosotros encaramos un disco, en algún sentido no es lo más usual. Grabamos luego de hacer madurar un repertorio, pero ese repertorio no lo ensayamos en el estudio, sino frente al público. En general es al revés. Eso hace que no hagamos discos muy seguido, aunque haya una continuidad entre los tres que publicamos. Vamos renovando el repertorio y luego lo llevamos al estudio, aprovechando las posibilidades que nos ofrece, por ejemplo la de grabar tres charangos o dos guitarras.
-Revisando los créditos veo que hay continuidad también en los invitados.
(Goldman) -Sí. Facundo Guevara participó en los tres discos. Javier Malosetti estuvo en el primero y vuelve a estar en éste. Hay unidad, sí.
-¿Qué tiene éste álbum que no tengan los otros dos?
(Malosetti) -Hay más espacio para la improvisación para el charango de Rául.
-Por momentos parece la banda de sonido de una película, ¿sienten lo mismo?
(Malosetti) -La intención es escribir lo que sentimos nosotros a través de la música. El poder contar a través de los sonidos y generar distintos climas, de hecho muchas veces, en los recitales, a través de los títulos de las canciones, intentamos transmitir sensaciones. No puedo afirmar que se trate de una banda de sonido.
(Goldman) -No comprendí muy bien, ¿decís que el disco entero parece una banda de sonido o de la mitad para adelante? En realidad me sorprendí con el comentario porque parte de nuestra música va a ser la banda de sonido de un documental sobre la vida de Simón Radowitzky (NdR: uno de los más célebres presos anarquistas del penal de Ushuaia, donde fue condenado a reclusión perpetua por el atentado con bomba que mató al jefe de policía Ramón Falcón). Una película que se está realizando ahora. Y me dije, “¿cómo sabe éste?” (risas). Yo hago la dirección con otros compañeros. El guión está basado en los relatos y la investigación histórica de Osvaldo Bayer.
(Malosetti) -Nuestra música se utilizó bastante en cine, sobre todo en documentales. Marcia Paradiso está filmando “Lunas cautivas”, un documental sobre unas poetisas de la cárcel. Allí va a sonar un tema que tocamos con Rolando y que yo escribí para las presas. Dicto un taller de guitarra en la Unidad 31, un pabellón de mujeres. 
-¿Se enfrentan musicalmente en el trabajo?
(Malosetti) -Dispusimos hacer participar a los dos instrumentos del acto musical. Sé que suena a verdad de perogrullo, pero lo cierto es que podemos tocar lo que nos causa placer, entonces la autoexigencia que nos proponemos en el trabajo es placentera. Sólo de esa manera vamos a poder lograr que el público lo reciba. Por eso también llegamos a la producción del disco con una idea clara de qué queremos grabar.     
-En agosto presentaron el disco en el Bauen, otro lugar atípico para recitales, ¿el circuito se achicó para los artistas?
-(Malosetti) -No es con todas las artes, es con los músicos. Es objetivo: cada vez hay menos lugares para tocar, es un problema ése. Una salida es conseguir lugares como el Bauen, no muy habituales para hacer shows. Son los resquicios que tratamos de descubrir, eso no significa que es fácil. Todos tenemos claro que más allá del artista, se generan corrientes de público en determinados lugares, ¿no? Al haber pocos, se hace complicado. No por casualidad hicimos la presentación en el Bauen, se trata de un espacio recuperado y tiene un valor simbólico muy importante. Está muy linda y muy bien ubicada. Hay que buscar, pero no hay mucho espacio para hacer shows en vivo. 
-¿Podrán tocar en verano entonces?
(Goldman) -Convengamos que no hacemos el tipo de música para irnos a la costa (risas). Tampoco somos los que frecuentamos la televisión. Estamos fuera de todo eso. El hacer música instrumental no genera mucha corriente. La masividad está asociada al canto, aunque eso no quiere decir que todos los que canten tengan el éxito asegurado. Nuestra música está más allá de la moda. Vamos caminando despacito, sin prisa, pero sin pausa. Estuvimos en Santa Fe e hicimos una gira por el sur.
(Malosetti) Siempre tuvimos la chance de recorrer varias provincias y países como Sudáfrica, México o Argelia para llevar nuestra música. No tenemos una producción para salir a lo grande, pero hemos tocado sin parar durante quince años. Nos une la música y la amistad.
-¿Qué destacan el uno del otro?  
(Goldman) -Cuando me casé, le dije al cura que le preguntara primero a mi mujer; ahora pido lo mismo, no quiero quedar como un pelotudo hablando bien de él y que él hable mal de mí (risas).
(Malosetti) -Es un instrumentista importante, entramos en clima enseguida. Con él además comparto ideología, somos casi familia y no hay celos. ¿Te alcanza, Rolando?
(Goldman) -Rául es un gran guitarrista: pertenece a una dinastía del jazz en Argentina, tocar con él me da tranquilidad y me hace conocer nuevas formas y estilos de abordar la música.