Por Leandro Vesco

Dueler ver la foto y a la vez llena de emoción. Es dura y triste la vida en el interior y mucho más cuando se pertenece a una comunidad indígena que vive en la periferia de una ciudad muy lejos de Buenos Aires. Hace un mes atrás cuando se hizo el acto por el Día de la Bandera, el abanderado de la Escuela N°948 “Carlo Falotti” de las afueras de Posadas asistió sin zapatillas, la imágen se dió a conocer en las últimas horas y muestra la realidad de eso que llamamos “interior” de nuestro país. Desigualdades e injusticia presentes en una Argentina que no crece para todos igual.

Hace doscientos años nos declarábamos para todo el mundo una nación libre e indenpendiente, el Acta de nuestra Independencia hablaba de los altos valores patrióticos que guiaban a aquel grupo de hombres que soñaron una Argentina que seguramente no es la que vemos hoy. A 200 años de aquella declaración en el país continua existiendo una infranqueable desigualdad, y por sobre todas las cosas, se vive en el extenso territorio nacional un fuerte retroceso en áreas sensibles como la educación por la convivencia de una corrupción que espanta y hace daño.

La Escuela N° 948 fue inaugurada hace apoco, en abril del 2015, seguramente estuvo incluída en un acto de campaña, la fecha corresponde a esa porción de tiempo en donde es común que se corten cintas en edificios que salen a la luz sin ninguna planificación que la de ser un acto más en una agenda que siempre tiene que estar bien cargada. La política no tiene escrúpulos y se maneja así. A la escuela asisten niños de la comuidad guaraní Ñamandú, que viven en casas muy precarias en el valle Cuñá Pirú, dentro de un Parque Provincial que está a mitad de camino entre Jardín América y Aristóbulo del Valle. Cuando se comienza a indagar acerca de cómo viven estos pobladores originarios, se conoce que en ninguna de las casas hay agua potable ni servicio de luz. Para el turismo es una tierra hermosa, para los que deben vivir allí es una historia de injusticia, penurias y resignación.

La imágen del alumno que lleva nuestra bandera descalzo es el espejo de una realidad que domina los pueblos del interior, ese territorio que la dirigencia política ve a veces como una tierra ficticia que se fundamenta en enormes carpetas estadísticas pero que late y sufre. La foto del joven guaraní es todo un símbolo además de cómo Argentina ha tratado históricamente a sus pueblos originarios imponiéndoles símbolos que no le son propios.

“Casi todos los niños están sin zapatos, sin una casa digna, sin agua y sin luz. La lucha aquí desde la escuela es brindarles con mucho sacrificio un plato de comida ya que todavía no contamos con comedor. Es una escuela nueva. Y de jornada completa, ytabajamos de 8 a 16. Estamos a  24 km del pueblo mas cercano. Mi mayor preocupación no son los zapatos todavía. Cada día debo conseguir alimentos para el día siguiente. Estoy orgullosa de nuestros logros que para mi son muchos” escribe una docente desde la cuenta de facebook de la escuela que que fue hecha gracias al oporte de una ONG de Suiza. 

Luchan por la comida, el detalle de la zapatilla es anecdótico para esta docente que hace lo que puede para llevar algo de contención y alimento a las vidas de estos niños para los cuales el Estado, o esa bandera que deben portar, los ha olvidado. Esta semana se conocidó que la actividad económica creció en el país un 0.5%. En Misiones, en el Valle de Cuñá Pirú, Argentina retrocedió 200 años.

Para todos aquellos que deseen colaborar con la escuela, pueden hacerlo dirigiéndose a su página de Facebook: Escuela N° 948