Profesora de Letras y madre de dos hijos que despertaban a la lectura, Karina Bonifatti logró unir dos tradiciones en apariencia muy dispares, como los clásicos griegos y el best seller. La cosa empezó cuando los chicos, Emilia y Román, se apasionaron con la saga de Harry Potter. Algunos nombres y tramas le sonaron familiares a Karina, quien siguió la huella que la guió hasta la Antigüedad. Su conclusión, eje del libro que acaba de publicar (“Las voces de los clásicos en Harry Potter”), es que los héroes de J. K. Rowling, cuyas aventuras sedujeron a millones de niños y adolescentes alrededor del mundo, tienen su correspondencia en los mitos que fundaron Occidente. En otras palabras, Harry, Ron y Hermione no son otros que Pirro (¡el hijo de Aquiles!) Orestes y Hermione (idéntico nombre, pero que no se pronuncia Hermaioni). Y sus peripecias reescriben el mundo clásico que pintó Homero ocho siglos antes de Cristo en la Ilíada y que luego recorrió buena parte de la literatura. “Se dio la coincidencia de que mientras ellos leían a Harry Potter yo me había propuesto releer los clásicos en serio. Si eso no hubiera ocurrido, no me habría puesto a buscar paralelismos”, explica la autora.       
-Fue una aventura familiar entonces.
-Sí, se convirtió en un juego con mis hijos. Mientras ellos leían la serie, yo, por ejemplo, les decía: “Harry se va a casar con Hermione”. Y ellos me decían que no. Yo les conwwwaba: en la obra de Homero, Pirro, que es Harry, se casa con la hija de Helena de Troya. Después me fijaba qué había hecho Eurípides con esa historia. Y Eurípides hace que Hermione se vaya con Orestes, que es Ron en la saga de Harry Potter. En los libros de Rowling, los tres personajes son niños, pero las peripecias están tomadas de sus padres. Porque nadie en la Antigüedad o en el Renacimiento o en el Barroco cuenta una historia de niños. No son materia interesante.
-¿Cómo la mitología griega, que uno asocia a la cultura alta, se convierte en literatura de masas?
-La saga de Harry Potter tiene muchos aciertos. Es como si Rowling tomara a Pirro, el hijo de Aquiles, y lo trasplantara a una escuela de magia del siglo XX, con todas las posibilidades narrativas que tiene hoy. El hallazgo máximo es poner la aventura dentro de la escuela, durante el ciclo lectivo. Y con todo el espectro de cosas con las que los niños se identifican porque van a la escuela todos los días.
-¿La clave del éxito es la identificación que logra? 
-Es que todo está tratado con realismo. Las materias, los exámenes, la bibliografía… La clase de gimnasia sería el deporte mágico. Es decir, todo un mundo en el que los chicos se reconocen. Y cuando salen de vacaciones, están controlados y se aburren. Otra cosas interesante es que hasta el cuarto o quinto libro los chicos no se dan ni un beso. Por eso creo que el clásico al que más se parece es a la “Andrómaca” de Racine, por el amor que trasuntan los personajes, por la amistad.   
-¿Y la brujería tiene alguna conexión con los clásicos?
-La temporalidad en la saga es mítica, es como un trance. A Harry Potter le matan a los padres cuando es bebé. Y después, cuando piensa en ellos, los ve. Cómo se los acuerda. Hay un acceso a un tiempo que está por fuera del tiempo. Esa temporalidad es propia de los magos de Grecia, de las comunidades que hacen rituales para, por ejemplo, prepararse para el éxtasis adivinatorio. Esto está estudiado. La magia no va en contra de los clásicos. Las figuras míticas también sufren transformaciones.
-¿Harry Potter es una buena puerta de entrada en la literatura? 
-Sí, dispone para entrar en tramas complejas. Y además apasiona: un pibe se lee cien páginas sin darse cuenta. Yo no sé quien logra eso, pero Rowling lo logra. A mi hija, un libro de 200 páginas le parece corto después de leer Harry Potter. Y más tarde le gustaron (Manuel) Puig y Terencio, aunque no tienen nada que ver. Yo diría que es un entrenamiento buenísimo. Y que si se le dan los elementos comparativos necesarios, los chicos pueden tranquilamente entender o tener un panorama de la historia de la literatura. Están muy bien calibradas las dosis: la descripción, la acción, el diálogo. En eso la mujer es una maestra. Para el público al que ella propuso dirigirse.
-La fórmula del best seller. 
-Yo creo que sí.
-La academia suele descalificar la literatura que se hace pensando en el mercado. Y la tuya es una lectura académica. 
-Objetar a los que escriben para el mercado me parece una bobada. Uno puede escribir con dignidad para el mercado porque quiere ser leído y porque quiere trabajar en ese sentido. Si uno quiere tener una intervención social, cómo lo logra. Interviene en la medida en que es leído. Yo tengo amigos que quieren escribir lo que sienten y después si un día venden un libro, mejor. Vender no es ni bueno ni malo, si no habría que poner al escritor en un lugar de santo. También es probable que Rowling no haya pensado ni una cosa ni la otra. De hecho, su primer libro se lo rebotaron varias veces.
-Tiene sentido objetar la dependencia del mercado si eso resiente la obra.
-Ella confía en la inteligencia de sus lectores. Confía en el pibe y el pibe le responde. Yo, que me la paso corrigiendo estilo, tengo que explicarle a gente grande que no hace falta decir “avanza hacia adelante” porque es redundante. Esta mujer, de este tipo de deslices no tiene uno. Domina muy bien el lápiz. Uno debe calibrar los tiempos en los que da la información, manejar el suspenso, no  anticiparse. Y a la vez tiene que evitar ser moroso, entretener. Es decir, tiene que controlar muchos factores a la vez, que cuando están forzados te das cuenta.
-Percy Jackson es otro héroe moderno que remite a la mitología. Vive en los Estados Unidos, en nuestros días, pero es hijo de Poseidón, el dios del mar. Se ve que en cuanto a aventuras está todo en la antigua Grecia.
-Bueno, ellos inventaron los géneros. Yo siempre jodo con Shakespeare y Romeo y Julieta: tenés Montescos y Capuletos, y en “Gasoleros” tenías colectiveros contra taxistas. O en “Kill Bill”,  cuando Uma Thurman está colgada del techo, yo veo la escena de “La matanza de los pretendientes”, de la Odisea. Creo que se puede aprovechar la fascinación que tienen los pibes por Harry Potter para enseñar historia de la literatura