El observatorio óptico robotizado en la localidad salteña de Cerro Macón ya está listo para rastrear las ondas gravitacionales que predijo Albert Einstein hace un siglo en la Teoría de la Relatividad general, detectadas por segunda vez en 2015 por científicos del proyecto Laser Interferometer Gravitational-wave Observatory (LIGO) en Estados Unidos mediante interferometria láser doble.

La detección de dos señales correspondientes a ondas gravitacionales procedentes de la colisión de dos agujeros negros pueden ayudar a comprender fenómenos como las explosiones de supernovas, los estallidos de rayos gamma o el Big Bang.

El Ministerio de Ciencia y Tecnología anunció que “con una inversión de 600.000 dólares para instalar un observatorio óptico robotizado en Cerro Macón, Salta, a 4.650 metros de altura, se dará un seguimiento de alarmas de ondas gravitacionales comunicadas por los detectores de radiación gravitacional avanzados a LIGO y AdVIRGO”.

El anuncio coincide con un momento significativo para el desarrollo de la astronomía en el país, ya que el Mincyt desarrolla “siete proyectos de gran envergadura que posicionarán regionalmente a la Argentina en ese campo”: Llama, Qubic, Amiga, Abras, Toros, Gémini y el Laboratorio de Altura Famatina.

El proyecto Toros, asociado al LIGO como contraparte óptica o electromagnética, tiene relación directa con el anuncio: Mario Díaz es quien dirige un Centro de Astronomía de Ondas Gravitacionales en la Universidad de Texas. Entre los miembros del proyecto LIGO, candidatos a recibir un premio Nobel, se cuenta la argentina Gabriela González, investigadora en el Departamento de Física y Astronomía de la Louisiana State University.

La científica argentina Gabriela González, egresada de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e investigadora en el Departamento de Física y Astronomía de la Louisiana State University y vocera de LIGO, detalló que “es muy significativo que estos agujeros negros fueran mucho menos masivos que los observados en la primera detección”. “Dado que presentan una masa más ligera que los agujeros de la primera observación, permanecieron más tiempo -alrededor de un segundo- en la banda sensible de los detectores. Es un comienzo prometedor para mapear las poblaciones de agujeros negros del universo“, definió la investigadora.

La técnica utilizada por LIGO es la interferometría láser, que permite registrar esas ondas según las pequeñísimas variaciones en la distancia relativa que hay entre dos cuerpos, con la precisión necesaria para obtener información directa de qué es lo que ocurre en el espacio-tiempo y de la dinámica de los objetos que crearon esa onda.