Para desprender los señuelos de los anzuelos simples o triples las pinzas desempeñan un papel importante. Tradicionalmente, la única que ocupaba los bolsillos de los chalecos de los pescadores en la Argentina era la pinza de puntas largas. Y sigue siendo tan útil como siempre, porque permite tomar la pata de los anzuelos y sacarla en la dirección opuesta a la que ingresó sin meter los dedos en la boca del pez. Esto último le da sentido al largo tamaño de los brazos: se utiliza con peces que tienen la boca con dientes filosos. Aunque también es útil para trabajar en aquellos de gran tamaño, que son difíciles de manejar por su peso y, por tanto, el desplazamiento del anzuelo o las filosas púas de las aletas puede causar alguna lastimadura.
Esta misma pinza puede tener, más cerca del lugar donde se cruzan los brazos, un sector donde la presión se ejerce entre dos filos y funciona como alicate. En este sentido es necesaria para cortar el sobrante de nailon luego de hacer un nudo o, simplemente, cortar la línea si, por ejemplo, hemos cargado en demasía el reel y se provocan “galletas” molestas. Con el uso masivo de la multifibra conviene verificar que el alicate corte también estos hilos que no sólo son duros y resistentes sino muy finos y, a veces, si queda una luz entre los filos no morderán lo necesario para el corte.

DE TUCANES Y BOGAS. En la década de 1990, con la influencia de la pesca brasileña en nuestro país ingresaron al mercado nacional las primeras pinzas raras. Básicamente se trata de dos tipos: la pinza pico de tucán y el boga grip. Recordamos haber traído algunas de las primeras al país luego de visitar las magnas ferias de pesca Feipesca de San Pablo en aquella época. La pinza pico de tucán tiene precisamente esta forma. Se trata de dos brazos largos y fuertes con borde con picos para que no patine al prensar. Se las usa para aferrar a los peces del maxilar inferior y con ello poder extraer el anzuelo o señuelo con mayor tranquilidad por el dominio de las fauces bien abiertas. Vienen en varios formatos y tamaños, según el peso del pez.
El boga grip es la pinza con más desarrollo y más moderna que conocemos. Se trata de dos ganchos que rematan un cilindro que esconde un resorte que le da la elasticidad suficiente como para manejarse sin problemas ante el movimiento bruto de un pez de gran porte. Incluso evita el daño interno de los órganos del animal al absorber sus movimientos. A veces, ese resorte se utiliza también como balanza al mover una aguja madre sobre una escala grabada en el cilindro.
Las pinzas se abren generalmente tirando hacia la atrás de la parte móvil del conjunto. En los más avanzados quedan trabadas de modo que el pescador no tenga que preocuparse por sostener la apertura. Cuando se meten en el maxilar inferior del pez se aprieta un botón que las cierra. La parte delantera de los boga grip de gran calidad gira sobre el eje del cuerpo, de modo de evitar la torsión en el brazo del pescador cuando tiene que levantar un pez muy pesado.
Son una gran alternativa frente al uso del copo o red que genera enormes problemas cuando se trabaja con más de una punta de anzuelo (un señuelo “normal” lleva seis puntas al tener dos triples) que se enganchan en la malla y obligan a una demora tardía de pez, lo que le genera una falta de oxígeno que lleva a la muerte en muchas especies muy sensibles, especialmente aquellas de escamas y plateadas como el chafalote. El copo, al igual que el manoseo de un pez para sacarle el anzuelo, provoca graves lesiones en la dermis del pez al quitarle el moco protector. Probablemente esto no le acarree la muerte inmediata pero es un caldo de cultivo para hongos y otros males posteriores. De hecho han sido aconsejados por científicos de la Universidad de Maryland frente a una consulta del gobierno brasileño sobre la efectividad y mortalidad de la pesca con devolución. En la práctica notamos que, si bien no hay nada mejor que sacar el anzuelo y devolver el pez sin levantarlo del agua y en forma horizontal, frente a bocas dentadas o grandes pesos, el boga grip es mucho mejor que el manoseo riesgoso, tanto para el pez como para el pescador. Ningún guía de tantos que conocemos en el Litoral, la Mesopotamia y el Amazonas deja de utilizarlo para sacar un señuelo o una mosca de las fauces de un gran dorado, chafalote o trairón.
Todas las pinzas deberían venir, y si no, conviene colocarles, un lazo adherido que, antes de levantar cualquier pez, por más chico que fuere, tiene que ser pasado por el brazo que realiza la operación. Esto evitará lo que varias veces hemos visto: ante un cabezazo se zafa el boga grip de la mano y se va con pez y todo al agua. Y no son nada baratos los de buena calidad.